Una reforma fiscal para captar votos

Aprovechando la resaca de la proclamación del nuevo Rey, y como respuesta a la pérdida de más de seis millones y medio de votos en las elecciones europeas del pasado 25 de mayo, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy, ha iniciado toda una ofensiva política, prometiendo una rebaja de impuestos, en un intento de recuperar la iniciativa, especialmente entre su electorado, de cara a las próximas elecciones municipales y autonómicas del año que viene y de las generales que se celebrarán a finales de 2015 o principios de 2016 .

Al margen de Bruselas que le había recomendado la subida del IVA y que no cree que se pueda abordar esa reforma fiscal de la que se conocen solo los grandes datos y que será concretada este lunes por el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro, Rajoy ha tirado por la calle de en medio, ha dejado aparcado el informe de los célebres expertos, presidido por Lagares, ha olvidado que los ingresos públicos no van a ayudar a cumplir el plan de estabilidad, ha decidido no abordar la reducción del gasto público, y con una deuda pública de un billón de euros, 300.000 millones más que cuando llegó al Palacio de la Moncloa, se ha lanzado a la conquista de votos perdidos, sin hacer siquiera una valoración y una autocrítica de lo que realmente pasó el 25 de mayo. La única explicación, vía Pedro Arriola, es que la mayoría de los votos perdidos fueron a parar a la abstención, y no a ninguna formación política.

En esta ocasión, la reforma fiscal por la que ha optado incluirá una rebaja del impuesto sobre las rentas y también del Impuesto de Sociedades por una valor de unos 7.600 millones de euros. La intención del Ejecutivo con esta rebaja, que entrará en vigor de manera escalonada en 2015 y 2016, es, según la versión oficial, devolver a los ciudadanos el esfuerzo que han realizado durante los años de recesión y, con ello, impulsar la demanda interna, el crecimiento económico y la creación de empleo. La rebaja del IRPF será de 5.000 millones de euros y la del Impuesto de Sociedades, de unos 2.600 millones.

Sn embargo la realidad es bien distinta. Estamos ante una reforma fiscal coyuntural para ganar votos, que no estaba incluida en el Plan de Estabilidad enviado recientemente a Bruselas, que no supone un aumento de la recaudación, que no tiene el fraude fiscal como prioridad porque es ahí donde se encuentra la principal fuente de los ingresos, y que castiga, sobre todo, a las clases medias y a las rentas altas del trabajo. Como ha explicado el economista José Carlos Díaz, la supuesta reforma fiscal se ha quedado en una rebaja del IRPF para bajar los tipos hasta el nivel que estaban cuando Rajoy llegó a la Moncloa. Salvo para las rentas altas donde el PP elimina los tramos de progresividad que existían en 2011, e iguala lo que va a pagar un español que gane 60.000 euros que un Presidente de una empresas que cobre cinco millones de euros.

A la espera de la información de este lunes, los primeros datos difundidos por Hacienda, a pesar de las rebajas que se anuncian y que afectan, sobre todo, a las rentas más bajas, las que están por debajo de los 24.000 euros, se seguirá pagando más que en la última etapa del gobierno de Rodríguez Zapatero. Algo escandaloso en un partido en cuya programa la bajada de impuestos era la principal bandera electoral. Igual de escandalosa de una reforma que según los técnicos del Ministerio de Hacienda es regresiva ya que serán las clases medias quienes una vez más “amortiguen” la rebaja fiscal aplicada a las grandes fortunas.

Según los técnicos de Hacienda, los principales beneficiarios de la reforma no sumarán más de 73.000 contribuyentes -los que ingresan más de 150.000 euros anuales- que suponen en torno al 0,3 % del total de declarantes, al tiempo que los 11,5 millones de trabajadores y pensionistas que ganan menos de 11.200 euros anuales no se verán afectados por la rebaja fiscal. Además, la bajada de la tributación de rentas del capital beneficia a las mayores fortunas y afecta negativamente a la progresividad “porque quien obtenga más de un millón de euros en dividendos pagará proporcionalmente igual que un trabajador o autónomo que gane 50.000 euros”.