Felipe VI hace una autocritica de cómo debe ser la Monarquía

El nuevo rey Felipe VI que este jueves ha jurado la Constitución ante las Cortes Generales, como acto final de un proceso que comenzó con el anuncio de la abdicación de su padre el pasado lunes 2 de junio, ha prometido al país una “Monarquía renovada para un tiempo nuevo”, un absoluto respeto a la Monarquía parlamentaria que tantos servicios ha prestado al país, y un deseo de ganarse el aprecio, el respeto y la confianza del ciudadano , una de las palabras que más ha repetido a lo largo de su intervención, que si ha pecado de algo ha sido del intento de tocar todo, o casi todos los temas importantes.

En un ambiente de “cambio de época”, ha hablado de algo que ha sonado como un aldabonazo, en estos momentos en que la Institución se ha visto afectada por todo tipo de escándalos: “La Corona debe observar una conducta íntegra, honesta y transparente”, una especie de autocritica a toda una serie de sucesos que desde hace mas de dos años han sacudido a la Casa Real, han afectado seriamente a la popularidad de la Monarquía y del Rey y han llegado a poner en peligro a la propia Corona.

“La Corona -ha insistido-, debe buscar la cercanía con los ciudadanos, saber ganarse su aprecio, su respeto y su confianza, y para ello velar por la dignidad de la institución, preservar su prestigio y observar una conducta íntegra, honesta y transparente”. Los ciudadanos piden “ejemplaridad”, ha dicho el Monarca, porque solo de esa manera “se hará acreedora de la autoridad moral necesaria” para el ejercicio de sus funciones. Y esas funciones están tasadas por la Constitución dado que el Rey ha reiterado su papel. Una función que puede ser su “independencia”. La Corona por su “neutralidad política” y su vocación integradora “ante las diferentes opciones ideológicas, le permiten contribuir a la estabilidad del sistema político”

No ha querido el nuevo Rey entrar en detalles en qué consiste esa renovación de la Monarquía en esa nueva etapa que acaba de abrirse, aunque ha dado suficientes ideas como para intuir que muchas de ellas podrían formar parte de una próxima reforma constitucional que ni siquiera ha querido mencionar pero que, en el fondo, dada la situación política del país, parece que será inevitable.

En ese sentido ha hablado de revitalizar las instituciones, fortalecer la cultura democrática para que los ciudadanos y sus preocupaciones sean el eje de la acción política, establecer una sociedad basada en el civismo y en la tolerancia, en la honestidad y en el rigor, una España en la que no se rompan nunca los puentes de entendimiento, que es uno de los principios inspiradores del espíritu constitucional, una unidad de España que no es uniformidad y una defensa a ultranza de las lenguas que, junto con el castellano, constituyen un patrimonio común de todos.

Demasiado prolijo, (nada que ver con el discurso de su padre el día de su proclamación en noviembre de 1975) y lleno de emoción hacia su abuelo el Conde de Barcelona, que traspasó los derechos históricos a la Monarquía que impuso el general Franco, y sobre todo, hacia sus padres. A su padre al que ha querido rendir el homenaje que se merece por un reinado que ha normalizado políticamente un país que salía de una dictadura, y que por circunstancias que se desconocen no lo ha recibido de los diputados en representación de la ciudadanía. Y a su madre, la Reina, que siempre ha sido su punto de referencia y a la que ha acompañado cuando ha habido problemas familiares, muchos de ellos, a veces, dolorosos e insalvables…

Un interminable besamanos que ha durado casi tres horas porque, tanto él como ella, han querido saludar personalmente a más de dos mil invitados a la primera recepción real que presiden, ha puesto fin a una jornada de total normalidad, en la que se ha producido un traspaso de poderes modélico, austero, precipitado, pero también, histórico. A pesar de que durante los últimos días han estado ensayando con una pelota de goma para aguantar tantos apretones de mano, al final de la jornada, la verdad es que el ensayo sirvió de poco. Eran pasadas las tres de la tarde cuando todavía se producían los últimos saludos.