Felipe VI y el mañana que queda por escribir

Este martes queda definitivamente aprobada en el Senado, la abdicación del rey Juan Carlos, por una mayoría que supera la del Congreso de los Diputados, (90% frente a 85%), aunque, en esta ocasión, Esquerra Republica de Catalunya (ERC), ha presentado un veto a la Ley que, según los republicanos catalanes, impone una Monarquía a una población, la mayoría de la cual no tuvo la oportunidad de votar la Constitución de 1978.

Para ERC, la abdicación de Don Juan Carlos ha abierto la puerta para cuestionar todo el proceso constituyente que le entronizó “mediante un cambio político tutelado por las fuerzas e instituciones franquistas”. “La rapidez y cerrazón con que se pretende dar carpetazo a la sucesión dinástica se percibe como una segunda Transición exprés, en que todo vuelve a estar atado y bien atado” argumenta Esquerra que insiste en que estamos ante una “burla a la democracia” en tanto el proceso de abdicación se ha tramitado por el procedimiento de urgencia y en lectura única, tanto en el Congreso, como en el Senado.

Terminados los trámites legales de esta abdicación exprés que estamos viviendo, el miércoles el Rey firmará oficialmente la Ley en el Palacio Real y, esa misma noche será publicada a las 00,00 horas en el Boletín Oficial del Estado que lleva fecha del 19 de Junio, el día de la proclamación oficial y jura ante las Cortes Generales del nuevo Rey, que sorprendentemente, contará con la presencia de la futura Reina y de sus dos hijas, así como de su madre, sus tías y su hermana Elena. Su padre verá la ceremonia por televisión, desde el Palacio de la Zarzuela, sin que todavía, sepamos las razones de una decisión tan insólita. Menos insólito ha sido la decisión de los Reyes de no estar presentes en la recepción que se celebrará en el Palacio Real, donde todo el protagonismo será para Felipe VI y la Reina Letizia.

De todas formas, no es problema de protagonismo porque ya, a estas alturas, después de los centenares de homenajes al Rey que se va (este mismo fin de semana el presidente norteamericano Barack Obama, en conversación telefónica con Juan Carlos, le ha felicitado por su “histórico reinado”) todos los focos están puestos ya en el Rey que viene, del que se publican todo tipo de biografías, detalles anecdóticos, vida sentimental y formación. Algo esto último, que se destaca en tanto estamos ante el primer Rey que ha pasado por la Universidad y por numerosos cursos y máster en el extranjero, especialmente en la Universidad de Georgetown de Washington DC.

Con el nuevo Rey, en expresión feliz del escritor Antonio Muñoz Molina en un documentado informe en el semanario Der Spiegel comienza un “mañana que aún queda por escribir”, por escribir por parte del país y del Príncipe Felipe, un hombre capaz, bien preparado para el cargo, con una idea clara de cómo servir al pueblo, con capacidad de crear cercanía entrañable con sus interlocutores. Naturalmente, esto es mucho menos llamativo que el desenfadado tono de ordeno y mando que cultiva su padre.

Esta capacidad de Felipe según Muñoz Molina, es útil para captar el ambiente, las dificultades y los anhelos de la gente. En un país tan desgarrado, en tiempos tan inseguros, Felipe tiene la calificación y la voluntad para cumplir con una tarea práctica que se parece a la que ha realizado su padre: generar concordia. Y si hay algo que no necesitamos en estos momentos es una nueva ocasión de desunión en una cuestión esencial: la forma de Estado.

“Pero todo esto es volátil y los que recordamos los años setenta descubrimos, sorprendidos y alarmados, que volvemos a sentir la misma inseguridad que entonces. Mientras nosotros discutimos llenos de ira sobre la Monarquía o la República, o sobre la esencia de Cataluña, no prestamos atención a que tenemos que forjar pactos vitales, por ejemplo, sobre la sostenibilidad de las pensiones y una Administración más profesional para frenar la corrupción. En España, parece que sigue sin escribirse el mañana y el ayer. Ni siquiera hay un diseño plausible”.