El papel de Susana y el “susanismo”

Hace ocho meses este cronista, en esta misma sección de republica.com, anunciaba que la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, quería ser presidenta del Gobierno de España. Hace tres meses, este mismo cronista, en esta misma sección, aseguraba que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que se había empeñado en enviar a Andalucía como máximo responsable para substituir a Javier Arenas, a Juan Manuel Romero Bonilla, apostaba por Susana Díaz.

Hace sólo setenta y dos horas, el segundo pronóstico, la apuesta de Rajoy por la Presidenta andaluza, se cumplía y el PSOE, con Susana Díaz al frente, le sacaba nueve puntos de ventaja al PP, y entraba en territorios vedados hasta entonces a los socialistas, en las elecciones europeas, rompiendo de esa forma, todo un ciclo negativo en las municipales y generales, que culminaron con el triunfo Popular en las autonómicas de 2012, al que dieron la vuelta el gobierno de coalición del PSOE con Izquierda Unida.

El primero de los pronósticos puede hacerse realidad a largo plazo, según como jueguen las cartas la Presidenta andaluza, una de las ganadoras del domingo, y su equipo de asesores, un equipo poco acostumbrado a hacer la autocrítica, muy propenso a no llevarle la contraria y a estimular eso que se ha creado dentro del partido que se conoce como “susanismo”. De este modo, la gran partida comienza a jugarse en el mes de julio con el Congreso extraordinario del partido que acaba de convocar Pérez Rubalcaba, después de presentar su dimisión como secretario general del partido, a la vista de los resultados electorales del domingo, los peores de toda la historia del socialismo español. Sólo Andalucía, hundido el PSC en Cataluña, queda como única referencia y como único granero socialista, a pesar del desgaste de más de treinta años de gobierno.

Ahora la clave, cuando todos los socialistas miran a Andalucía, está en saber qué va a hacer su Presidenta, y qué papel va a jugar cuando, todavía no ha refrendado su poder en las urnas, ya que accedió al cargo por el dedazo de su antecesor José Antonio Griñán, asediado por el escándalo de los EREs. Su plan hasta ahora, pasaba por un posible adelanto electoral, aprovechando la debilidad en la que se encuentra el recién llegado candidato popular Moreno Bonilla, y una vez refrendada en las urnas, iniciar su estrategia para dar el salto a la política nacional.

Pero el calendario le ha traicionado, y se le ha adelantado. Ella prudentemente se limita a decir que su prioridad está en Andalucía, pero son muchos los que le animan a dar el paso, a aprovechar la oportunidad de colocarse al mando del partido, sin despejar muchas incógnitas que existen sobre ella, y sobre su trayectoria. Por eso tiene que pensar mucho todos sus pasos, aunque por el momento parece partidaria de que sean los 250.000 militantes del partido, y no el millar de delegados de las agrupaciones, como han pedido Carme Chacón, Eduardo Madina y Pedro Sánchez, los que elijan al nuevo secretario general, y a la nueva dirección que tendrá que levar a cabo una auténtica refundación.

Una refundación en la que tendrá un papel decisivo, por el poder interno que tiene en el partido, por sus aspiraciones políticas y por lo que representa, quien hace unos meses era una recién llegada, criada en el poderoso aparato de poder socialista andaluz, protegida de Griñán (del cual ya está dando las primeras señales de alejamiento) y que se presentó en Madrid para recuperar, en pleno debate catalán, el discurso nacional del partido. Un discurso de autocrítica de todo lo que se ha venido haciendo desde el mandato de Rodríguez Zapatero (mandato en el que el señor Rubalcaba fue ministro, vicepresidente y principal consejero) y, con un lenguaje en clave nacional, donde no cabe, como recordó, el derecho a decidir, ni la aventura que se emprendió en Cataluña con el nuevo Estatuto, ni el confusionismo en el que está instalado el PSOE, en el tema autonómico y territorial y que sólo tiene encaje con una reforma de la Constitución.

Tras enfrentarse con Rubalcaba, apoyando a Carme Chacón, en unas primarias que ganó el actual secretario general del partido, y después de apostar por Griñán, su protector, Susana Díaz, es un producto típico de esa nueva generación, muy de partido, y educada en el “aparato”, que espera su oportunidad y que no produce ningún tipo de inquietud entre quienes en el Congreso de Suresnes le dieron la vuelta al partido de tal forma que permanecieron en el poder catorce años… luego vino la generación de Zapatero… Y pasó lo que pasó.