25M: a la espera de qué pasará con el bipartidismo

28 Estados. 500 millones de ciudadanos.751 parlamentarios. Estas tres cifras dan cuenta de la importancia del escrutinio europeo que arranca este jueves en el Reino Unido y Holanda, y que el domingo se extenderá al resto de los países de la UE, donde un gran número de votos irán a parar a una colección variopinta de partidos anti, desde el UKIP en el Reino Unido, hasta Gobi en Hungría, pasando por el Frente Nacional en Francia y Syriza en Grecia. La mayoría de ellos pertenece a la derecha xenófoba, aunque no es el caso de Syriza ni el del Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo en Italia. Lo único que tienen todos en común es que son antiorden establecido y anti-Unión Europea, tal como está ahora constituida.

Aquí, ya se ha iniciado la recta final de la campaña, una campaña sin ningún interés, ni atractivo, centrada, sobre todo, en la herencias que dejó Zapatero y la que ha empezado a acumular el propio Rajoy; en una batalla sobre qué tipo de recuperación económica está viviendo el país, y en un debate sobre cuáles son las soluciones que pueden venir de Bruselas para terminar con el llamado “austericidio”, y para que la incipiente recuperación económica comience a beneficiar a la ciudadanía.

Aunque en términos generales en el país, ha disminuido el apoyo al europeísmo, despues de una etapa en la que el concepto de Europa estuvo profundamente unido a la recuperación de las libertades y hay poca conciencia de lo que es el Parlamento europeo, del cual desconfia un 67 por ciento de los españoles. Unos españoles que, según el eurobarómetro, en uno de los porcentajes más elevados de la UE (69 por ciento) se consideran europeos y creen que la solución de la crisis vendrá de Europa. Todo eso, en un país donde, según el CIS la confianza en las instituciones públicas y los políticos es floja, más de un 60 % de los encuestados no confía en el Presidente del Gobierno, un 67 % cree que las acciones del Gobierno son malas o muy malas y el mismo número valora negativamente a la oposición. La confianza en las instituciones europeas está en uno de los niveles más altos de toda la UE y un 43 % de los españoles sigue valorando positivamente la pertenencia a la UE, a pesar de la dura crisis de los últimos años y los intentos de los políticos de echar la culpa de los recortes presupuestarios al chantaje de de Europa.

Si en Europa parte del interés político se centra en conocer la fuerza que en el futuro Parlamento europeo tendrán esos partidos “anti”, que pueden llegar hasta el treinta por ciento, en España ese fenómeno no existe, y la incógnita está en saber si, efectivamente, como anuncian algunas encuestas, se ha iniciado el fin del bipartidismo, algo que ha empezado a inquietar a la actual clase política, a los poderes institucionales y, sobre todo, a los poderes económicos, a las empresas del Ibex 35 que serían, según acaba de denunciar la candidata socialista Elena Valenciano, los que estarían preparando una gran coalición entre PP y PSOE ante la inestabilidad política que se produciría si el bipartidismo, en efecto, entra en definitiva crisis.

A esa inestabilidad política se refiere el periódico The Wall Street Journal al analizar las elecciones de este domingo en España, para comprobar si entre los dos grandes partidos se baja del sesenta por ciento, cuando, desde finales de los años setenta, ha estado por encima del ochenta por ciento. El periódico de referencia en el mundo de los negocios, de la economía y de la Bolsa, dice que se espera que las elecciones muestren apoyo para los nuevos partidos, señal de que el sistema bipartidista que ha gobernado España durante más de tres décadas se está debilitando tras años de recortes y escándalos de corrupción política.

“El sistema ha sido -dice el periódico- una piedra angular de estabilidad política desde la transición de España desde la dictadura a la democracia a finales de la década de 1970, permitiendo a los gobiernos con mayorías legislativas solidas aprobar leyes y guiar la rápida modernización del país, aunque seis años de crisis de deuda y el elevado desempleo, han llevado a muchos españoles a sentirse frustrados con los dos partidos mayoritarios: el Partido Popular, conservador, que llegó al poder en las elecciones de 2011, y el Partido Socialista Obrero Español, de centro-izquierda y que fue apartado del poder en aquellos comicios. Los partidos más pequeños están al alza.

Si los grandes partidos siguen perdiendo apoyo sigue diciendo el Journal, aumenta la probabilidad de que las próximas elecciones españolas, previstas para el próximo año o principios de 2016, podrían dar a luz a un Parlamento ingobernable dividido en muchos bloques enfrentados, un problema que ya han experimentado en Italia y Grecia.

Es esa ingobernabilidad lo que ha provocado todos esos mensajes de un futuro gobierno de coalición entre PSOE y PP, del cual ha hablado precipitadamente y en plena campaña electoral, Felipe González, para un disgusto de los propios socialistas, cuya estrategia ha estado en demostrar a pesar de todos los mensajes de sus adversarios de que no es verdad que sea lo mismo socialistas y populares, a pesar de esa consigna que ha sido el grito de guerra del descontento :”PSOE y PP la misma mierda es”.