Valenciano explota la “resaca Arias Cañete”

Setenta y dos horas después del cara a cara entre el candidato popular Miguel Arias Cañete, y la candidata socialista, Elena Valenciano, todavía no se han apagado los ecos de un debate de escasísima altura, en el que Europa estuvo ausente de lo que significa en la votación del próximo domingo 25 de mayo, y en el que la resaca no ha estado centrada en el mismo debate, sino en unas declaraciones, nada afortunadas, del candidato popular en las que insinuó en Antena 3 en el programa “Espejo Público” a Susanna Graso, que dejó ganar a Valenciano y que no quiso “entrar a matar” para no ser acusado de “machismo”.

Lo que temían en Génova, – esa espontaneidad de Cañete que tantos disgustos le ha costado aunque haya quedado para algunos esa imagen del hombre que es capaz de comer comida caducada y de ducharse, en pleno invierno, con agua fría para ahorrar energía- se producía después del debate del pasado jueves. El jueves, Cañete, no parecía Cañete. Constreñido, agobiado con los papeles, pendiente de las cifras que se suponía que debía conocer mejor que su contrincante, esperando a ver por dónde salía la candidata socialista, aparecía con una contención desconocida en él: “tu, sobre todo, contente, no entres en temas personales, sales de ganador”, le había repetido hasta la saciedad Pedro Arriola, partidario de una campaña de perfil bajo y de un debate de un perfil más bajo todavía.

Al día siguiente ya no se pudo aguantar, ni contener, se olvidó de las instrucciones de Arriola y calentó la campaña como se temía en Génova: “Debería haber entrado a matar en el debate, pero el debate entre un hombre y una mujer es muy complicado porque si haces un abuso de superioridad intelectual o lo que sea, parece que eres un machista que está acorralando a una mujer indefensa”. Cañete volvía a ser Cañete, el Cañete que temían en Génova y el que más preocupaba a Pedro Arriola que quiso convertirlo en lo que no era, en un rapidísimo curso de varias horas, labor realmente imposible.

La resaca ha durado todo el fin de semana y la imagen del Cañete “tragón” ha sido substituida por esa otra del Cañete “machista”, mucho más porque Valenciano sabe que su electorado es esencialmente femenino, formado por mujeres que normalmente, antes del incidente no hubieran votado al candidato popular y, ahora menos, y lo ha repetido en los mítines hasta la saciedad, agravando, probablemente de forma exagerada pero la política es así, los perfiles en contra de los intereses de la mujer del candidato popular. “Le hemos hecho la campaña al PSOE – se lamentan en algunos círculos del PP– teniendo un mejor candidato que ellos, y también un mejor programa. Le hemos hecho el gran favor, porque hemos movilizado a su electorado que estaba desmotivado y sin ganas de ir a votar el día 25, según dicen nuestras encuestas”.

Esa misma desmotivación y desgana, aparecen en todas las encuestas, no solo en las del PP. Las que publica este domingo el diario El País, realizadas por “Metroscopia”, y cuyo trabajo de campo se ha hecho antes del debate del jueves y de la polémica originada por Cañete al día siguiente sobre el “machismo”, dan unos resultados muy ajustados entre PP y PSOE, con una ventaja mínima (1,5 puntos) para los populares, lo que significa un empate técnico, acompañado de una altísima abstención (el récord en todas las elecciones desde el inicio del periodo democrático), la pérdida de más de 17 puntos por parte de los dos partidos más importantes desde las elecciones europeas de hace cinco años, y un panorama político tan fragmentado que hasta nueve de las candidaturas tienen opciones a sacar algún eurodiputado.

El PSOE sigue perdiendo votos a favor de Izquierda Unida (pasaría de dos a seis escaños) y a Izquierda Unida le quita votos “Podemos”, la formación de Pablo Iglesias, que puede sacar un escaño. A Unión Progreso y Democracia (UPyD), que pasa de uno a dos diputados, le quita votos Ciudadanos, que logra colocar a Javier Nart de europarlamentario, igual que Primavera Europea (EQUO, Compromis y CHA).