Silencio oficial sobre el borrador constitucional catalán

Mientras hace solo veinte días, el Congreso de los Diputados, en Madrid, debatía la pretensión del Parlamento catalán de celebrar un referéndum para la independencia de Cataluña y su escisión de España para convertirse en un nuevo miembro de la Unión Europea, -una pretensión rechazada por 299 diputados y apoyada por solo 47 parlamentarios, la mayoría de ellos independentistas- en Barcelona, dentro del máximo secreto ya se estaban elaborando las bases de lo que puede ser en el futuro, según los independentistas, la Constitución de la futura nación de Cataluña.

En el ardor de los debates en el Parlamento español muy pocos sabían, ese 8 de abril, que secretamente una decena de juristas y catedráticos, según revelaba el pasado domingo el diario El Mundo, ya habían empezado a elaborar el borrador de lo que pretende ser la Constitución de la “República de Catalunya”, en tanto, dice el texto ya redactado y consensuado, “Catalunya es una nación y esta nación se configura, desde el punto de vista jurídico-político, como una “República”, según especifica el articulo 1 del borrador constitucional que constará de nueve títulos, 17 capítulos y más de un centenar de artículos.

Este lunes, el magistrado de la Audiencia de Barcelona Santiago Vidal, ha confirmado que en efecto, tanto él como un grupo de una decena de jueces, están trabajando, desde hace meses, en el redactado de una futura Constitución para una hipotética “Catalunya independiente” y ha subrayado que se trata de una iniciativa privada y no de un encargo de ninguna institución, aunque fuentes bien informadas creen saber que el proyecto forma parte de un plan elaborado por la Asamblea Nacional de Cataluña (ANC), y por algunos diputados de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC). La Asamblea Nacional de Cataluña es la que en estos momentos, está marcando la hoja de ruta del independentismo catalán, hasta el punto de tener más influencia en la sociedad catalana, que el propio Gobierno de la Generalitat, cada vez más presionado por la Asamblea y cada vez más condicionado por sus dirigentes.

Desde el mes de enero, mucho antes de que el Parlamento español debatiese la petición del referéndum, un grupo de “diez padres constituyentes” del denominado futuro estado de Cataluña, se han reunido cada semana, durante al menos cuatro horas, en un lugar que no han querido revelar y que han podido mantener en el más absoluto de los secretos, sin que hasta que lo hizo público el diario El Mundo, trascendiera a la opinión pública. Una opinión pública, cada vez más preocupada por el rumbo que están tomando los acontecimientos, hasta el punto que el secretario general de los socialistas catalanes Pere Navarro, ha sido objeto de una agresión que se relaciona directamente con el grado de crispación que está adquiriendo la vida política catalana.

Desde el principio los redactores del borrador constitucional han querido dejar claro que la nación catalana se configura bajo el perfil político-jurídico, de una “República”. El Estado de Cataluña tendría un primer ministro al frente del ejecutivo y un Presidente de la República con poderes exclusivamente representativos, y ambos cargos, serían renovables sólo por dos mandatos. Y hay más: el texto prevé el nacimiento de una Agencia Tributaria con el cometido de recaudar los impuestos, y aprueba el derecho de los ciudadanos a la vivienda, a los cuidados médicos y a la educación.

“Son tres derechos que en la Constitución española son meras aspiraciones, mientras que en esta Carta se convierten en verdaderos deberes del Estado, con la posibilidad para los ciudadanos de hacerlos valer en los tribunales”, asegura el juez Vidal que da cuenta de que los expertos constitucionalistas se han inspirado en las Constituciones de Noruega y Dinamarca, y en los cambios introducidos en Islandia, después del desastre financiero en el país por el que tuvo que pagar la clase política dirigente.

¿Y las relaciones con España? Aquí, según Vidal, hay cuatro opciones: una federación, una confederación, una asociación, o bien la completa independencia. Por ahora es difícil delinear las diferencias entre las distintas formas. Lo que habrá que preguntarse es qué sabía el Gobierno de ese borrador, desde cuando lo sabía y cómo es posible que se haya mantenido en el más estricto de los secretos… Hasta ahora no se ha producido, ningún tipo de reacción oficial.