La “recuperation” de Mariano, y los milagros de los números

Hace ahora un año, en un célebre Consejo de Ministros celebrado en el Palacio de la Moncloa el 26 de abril, el cuadro que se presentó de la economía española, de acuerdo con los datos que había que enviar a Bruselas, era tan desolador que el Gobierno tuvo que reconocer que el paro no iba a bajar en toda su legislatura y que, cuando acabase el mandato de Mariano Rajoy, el nivel de desempleo seríaa más elevado que cuando llegó al poder en diciembre de 2011. En solo año y medio de gobierno popular el paro había pasado de 5,2 millones a 6.202.700, un auténtico récord.

Un año después, todo el empeño del Gobierno está centrado en demostrar que no solo ha terminado la durísima recesión, sino que estamos en plena recuperación económica y que las cifras de crecimiento indican que puede terminar la legislatura con 650.000 menos de desempleados que cuando comenzó a finales de 2011. Es la previsión va a ser incluida en el Plan de Estabilidad que se tiene que enviar a Bruselas y que parece que se retrasará hasta después de las elecciones europeas del mes de maayo (igual que se hizo por motivos electorales con los comicios andaluces que retrasaron la presentación de los primeros datos a la Comisión ) entre otras razones por una reforma fiscal que se quiere hacer en contra de los criterios que pretende la troika y que supondría, entre otras medidas, subidas importantes en el IVA, impuestos especiales y rebaja en cotizaciones sociales.

Estos días toda la campaña electoral de las europeas del 26 de mayo (en las que las encuestas o dan un empate técnico entre los dos grandes partidos o una ligera ventaja del PP), se basará en que la recuperación ya está aquí, en que iremos a una bajada del paro en los próximos meses, y que esa recuperación solo se puede estropear si ganan los socialistas. Algo así como si el eslogan electoral fuese: “¿Qué queréis, que vuelva Zapatero?”, aprovechando, además , que el expresidente del Gobierno hará campaña frente a José María Aznar, ignorado, y casi ninguneado, por el estado mayor de su partido, que ni siquiera hará acto de presencia en ningún acto que tenga algo que ver con las elecciones.

En estos momentos, el Gobierno tiene a su favor toda una ola de buenas noticias sobre la situación y la evolución de la economía española, y de sus perspectivas que se reflejan en la prensa internacional, en todos los foros económicos, en los pronósticos de las Agencias de calificación, y en la llegada masiva de inversiones a la Bolsa, a la Deuda y a las compras en el mercado inmobiliario, aunque sigue habiendo muchos desajustes en el déficit, en el excesivo porcentaje de Deuda Pública que está a punto de llegar al 100% del PIB y, en la marginación creciente de grandes capas de la sociedad española que han entrado ya, en la exclusión social o se encuentran en una situación realmente desesperada.

Dentro de este canto general a la recuperación, el Gobierno, cuando tiene ahora que presentar, además, sus planes de estabilidad a Bruselas, ha quedado sorprendido por el ultimo análisis del periódico norteamericano The Wall Street Journal (tradicionalmente muy comprensivo con la política conservadora que realiza la Moncloa) que le ha venido a decir a Rajoy (la “Recuperación de Mariano”, se titula el comentario ) que, en cierto modo, se deje de artificios contables y de propaganda y aborde las reformas que le queda por realizar y que está dilatando, una y otra vez.

La tesis del Journal es que mirándolo bien la economía española ofrece menos razones para el optimismo. El débil crecimiento del PIB del último trimestre, según el Banco de España, tiene en cuenta pequeños aumentos de la demanda interna y el consumo privado, junto en “incrementos moderados del consumo y la inversión públicos”. España también ha revisado a la baja sus últimas cifras de paro, situando la tasa oficial del cuarto trimestre de 2013 en el 25,7% frente a la previsión anterior del 26%, gracias a una nueva fórmula de cálculo del desempleo.

Las exportaciones también han bajado 0, 6% desde el último trimestre de 2013. Eso parece apoyar la idea de Rajoy y de Draghi de que un euro fuerte está frenando la competitividad en el sur de Europa. El argumento es menos convincente a la luz de la correspondiente caída del 1,2% de las importaciones españolas. Cualquier intento de hacer bajar el euro no servirá́ para mejorar la productividad subyacente de sus economías.

“Pero no se puede reducir el poder adquisitivo en un momento en el que los españoles no se lo pueden permitir. Puede que Rajoy piense que el futuro económico de España está en manos de Draghi, pero el Presidente del Gobierno puede hacer algo por mejorar la competitividad del país, con reformas reales que estimulen la inversión, y el crecimiento”. Y pone un ejemplo: mientras Rajoy promete recortar el coste de montar un negocio, las empresas españolas dedican un total del 58,6% de sus beneficios a pagar impuestos, según el Banco Mundial, y el tiempo necesario para poner en marcha un negocio es el doble que la media de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). “Estas son las realidades que hace que las empresas sigan reacias a invertir y contratar en España”.