El problema de Cataluña es un problema de la Moncloa, no de Margallo

Por primera vez, desde el  Gobierno español se ha establecido un paralelismo claro entre el referéndum celebrado el pasado domingo en Crimea, para la incorporación de esa autonomía ucraniana a la Federación Rusa, con el referéndum que el presidente de la Generalitat, Artur Mas, ha convocado el próximo 9 de noviembre en Cataluña, para la escisión de esa autonomía del resto de España y su incorporación a la Unión Europea.

En una verdadera ceremonia de la confusión, donde todo el diálogo con Cataluña está llevándolo el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, como si en efecto, el problema catalán, fuese un problema de política exterior, y no de política interna, desde la Cumbre de ministros de Asuntos Exteriores, que se ha celebrado en Bruselas, tras el referéndum de Crimea, condenado por la Unión Europea, por Estados Unidos y por la propia ONU, el responsable de la política exterior española, ha señalado que el paralelismo entre Cataluña y Crimea es “absoluto”. “Un referéndum que viola una Constitución interna viola por definición la legalidad internacional y no puede producir efectos jurídicos”. Eso quiere decir, según el ministro, “que un territorio que se escinda en violación flagrante de una Constitución interna no puede aspirar al reconocimiento internacional”.

Esta es la primera vez que una autoridad española establece de forma clara ese paralelismo, después de que desde la Federación Rusa se haya intentado estos últimos días, comparar el referéndum de Crimea con los referéndums que se han convocado en Europa, por parte de Escocia en el mes de septiembre, y por parte de Cataluña, en el mes de Noviembre. De este modo, todos los medios de comunicación rusos han puesto el acento en establecer ese paralelismo, aunque de hecho, el embajador de España en Moscú, José Ignacio de Carbajal, ha tratado de establecer diferencias, aclarando que Crimea sale de una situación de enfrentamiento armado, cosa que no ocurre en nuestro país.

El embajador español se ha visto obligado a aclarar que en España no existe ninguna situación revolucionaria o prerrevolucionaria, comparable a los acontecimientos que se están sucediendo en Ucrania, y que por otra parte, en nuestro país, nadie ha cuestionado la Constitución de 1978 que fue firmada por la inmensa mayoría de los españoles, incluidos los catalanes, algo que no sucede, ni en Ucrania, ni en Crimea, aunque las constituciones de España y Ucrania exijan la participación de todos los ciudadanos para una eventual escisión del territorio. Cataluña, integrada como Principado en el Reino de Aragón, ha formado parte de España desde hace más de cinco siglos, ha venido argumentando el embajador español, que ha insistido en que la grave crisis económica que ha afectado a Cataluña, como al resto de España, está siendo superada gracias a la ayuda y a las aportaciones del Gobierno Central, argumentos que no tienen nada que ver con la situación de Crimea.

En contra de este criterio del embajador español en Moscú, su superior, el ministro Margallo, ha insistido este lunes en que el paralelismo entre Cataluña y Crimea es “absoluto”. “Un referéndum que viola una Constitución interna viola por definición la legalidad internacional y no puede producir efectos jurídicos”. Eso quiere decir, según el ministro, “que un territorio que se escinda en violación flagrante de una Constitución interna no puede aspirar al reconocimiento internacional”. El ministro ha pedido “a todos los responsables políticos que invitan a los ciudadanos a decantarse por una opción política que expresen con claridad cuáles son las consecuencias de esa opción política”. En su opinión, “no se trata de amenazar, sino de advertir que uno no debe salir a la mar sin ver las cartas de navegación y los partes meteorológicos”.

En el fondo, es el espíritu con el que estos últimos días, se ha venido manifestando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy en todos los foros internacionales, intentando hablar de Ucrania y Crimea como si estuviese hablando de España y Cataluña, con gran regocijo de las autoridades de Moscú. Pero, lo sorprendente en este caso, es el protagonismo del ministro de Exteriores, que ha sido el encargado de advertir a Cataluña de las consecuencias de una independencia de España si Mas se atreve a llegar hasta el final, ha dicho Margallo, Cataluña sería un 20% más pobre por culpa de la caída de las exportaciones, el aumento de la deuda, la deslocalización de empresas, el descenso del turismo y la bajada de la inversión extranjera.

Lo que choca es que esto lo diga el ministro de Asuntos Exteriores, como si el problema estuviese centralizado en el Palacio de Santa Cruz, y no  en el Ministerio del Interior, o en el propio Palacio de la Moncloa.