En la muerte de Faustino Álvarez

“La muerte hay que prepararla, disponerla, fabricarla pieza a pieza, calcularla, en el mejor de los casos encontrar sus ingredientes, imaginarla, elegirla, asesorarse, trabajarla para convertirla en una obra sin espectador, que existe solamente para uno mismo durante el segundo que dura apenas el momento más breve de nuestra vida”.

Me había quedado impactado  reflexionado sobre las palabras de Michel Foucault, a propósito de la opera  Alceste de Gluck,  que éste viernes se estaba representando en el Teatro Real de Madrid, en lo que era una de las ultimas apuestas del recién fallecido Mortier, cuando, de pronto,  en cierto modo, la muerte llamó a mi móvil… y mi gran amigo, el periodista,  también asturiano, Diego Carcedo, me comunicó el fallecimiento de Faustino y me dijo  que El Comercio, donde él escribía en su última etapa, quería una reacción mía. Fue como un mazazo, un sobresalto, un desasosiego que se apoderó de mí durante toda la representación de una obra que es la historia de un amor absoluto, el amor de una mujer que entrega su vida para salvar la de su esposo, pero, también, una obra que es una reflexión sobre la muerte, algo que está presente durante las tres horas de la representación que de hecho está presente en toda nuestra vida.

El desasosiego me dura aún cuando escribo, después de su muerte, en su Asturias natal. Porque Faustino Álvarez (el quiso poner entre nombre y apellido una F. misteriosa) no quiso salir nunca de Asturias, a la que profesaba veneración, a pesar de las numerosas  ofertas profesionales que tuvo para que se instalase en Madrid. Era asturiano, ejercía de asturiano y era el punto de referencia que teníamos los que queríamos saber algo de Asturias, de sus gentes o de su historia.

Faustino era un periodista de los pies a la cabeza, que ejerció la profesión en radio (era capaz de hacer guiones como el mejor)  en televisión (cuando las tertulias eran para el debate y no para el enfrentamiento), de simple cronista, de director de periódicos (dirigió  en dos ocasiones su querida Voz de Asturias) o de simple articulista en ABC, La Razón, El Independiente o en el semanario Tiempo, al que incorporé cuando yo era su director o en El Comercio de Gijón  en su última etapa , cuando muchos que tanto le debían porque fue generoso  y cariñoso y podían debían haber dado la cara  por él,  y tenerlo en cuenta, desaparecieron , intentando que nadie se diese cuenta.

Decía hace poco Faustino, tocado ya por el maldito cáncer que se lo ha llevado, que la amistad , junto a la bondad y la inteligencia, es lo único que a uno le va interesando de la vida,  después de despojarse de tantas hojarascas inútiles. Y es verdad. Es verdad que él fue un hombre bondadoso, entrañable, inteligente, intuitivo, amigo de sus amigos, generoso, amante de la libertad, de la independencia, profundamente modesto, y convencido de que esta profesión, que ahora atraviesa su peor momento desde hace muchos años (él como yo , vivimos los momentos de mayor esplendor y , él como yo,  hemos contemplado los momentos de  mayor decadencia) es la “profesión mas hermosa del mundo”. Yo siempre le corregía y le decía: “no solo hermosa Faustino, no solo, es también la única profesión en la que no se envejece inútilmente”.

Me cuentan que esta última etapa de su vida la vivió sin desesperación, con una gran tranquilidad, aceptando la dura realidad y procurando encontrar en cada día la ilusión y la alegría de las pequeñas cosas para seguir viviendo y hacer realidad su promesa que siempre hizo “moriré con las botas puestas, escribiendo, porque de esta profesión no se jubila uno”. Y así ha sido.

Todavía, a estas alturas, no me he recuperado  anímicamente de las reflexiones sobre la muerte, de Michel Foucault que han servido de pórtico para la opera Alceste de Gluck que estaba oyendo cuando me dijeron que Faustino había muerto. Solo me han consolado los versos y el lenguaje dolorido de su (nuestro) amigo Graciano García :

¿Por qué te han llamado

tan temprano,

si la ilusionante libertad

que entre tantos arrancamos

aún nos necesita a todos,

Si tenemos tantos versos pendientes de decirnos?

Faustino, amigo del alma, descansa en paz .

Luisa, Faustino, José Antonio, un abrazo muy fuerte  a los tres…