Mariano, no todo es economía, también está la política

Entraron en malas condiciones y han salido dando la sensación de que no solo han superado la prueba, sino que han salido reforzados no ante el país, sino ante sus respectivos partidos, y electorados. Este es el balance que habría que hacer de los dos días que ha durado el debate sobre el estado de la nación en el Congreso de los Diputados, en mitad de la legislatura y que le servirá tanto al Presidente del Gobierno, como al líder de la oposición como preámbulo de las elecciones europeas del próximo mes de mayo, donde tanto Rajoy como Rubalcaba se juegan mucho. Rajoy la tranquilidad en su partido, Rubalcaba, la candidatura a las primarias.

Pensando en esa candidatura y en su electorado de izquierdas, fue su brillante discurso el primer día del debate, que sorprendió a un Presidente del Gobierno que atado a sus papeles, a sus apuntes, creyó, según ha aclarado este miércoles, que no estaba debatiendo con él, sino que estaba hablando en clave interna de su partido, cuando en realidad, fue uno de los discursos más duros del jefe de la oposición contra la política de recortes de Rajoy, y de defensa de los más marginados por esas medidas económicas y sociales que tantas desigualdades han creado.

De cualquier manera, Rajoy también salió reforzado dentro de su partido después de unas semanas donde han aumentado las tensiones internas, algo que cada vez preocupa más a la dirección, y sobre todo al Presidente del Gobierno que lo es también del partido. Aunque la principal obsesión del Presidente sigue siendo la economía, en un intento de presentarse como el autor de la débil recuperación que se está vendiendo como un bálsamo mágico para conseguir ganar las generales del 2015, el problema del PP es la política, aparcada provisionalmente, y con un partido mortecino al que su Presidente no dedica el tiempo necesario y que es dirigido, por delegación de la secretaria general, cada vez más marginada, por los dos vicesecretarios Carlos Floriano y Esteban González Pons. Este último, recuperado del ostracismo al que fue arrojado, tras la formación del Gobierno en diciembre de 2011, por miedo a que estuviese contaminado por el escándalo Nóos de Iñaki Urdangarin en la Comunidad Valenciana.

La política ha sido aparcada precisamente cuando han comenzado a aparecer las primeras grietas, en el ecuador de la legislatura, grietas provocadas por nuevas formaciones políticas que serán una competencia electoral en los próximos meses, por el nerviosismo de los barones del partido ante la posibilidad de perder el poder en las Autonómicas el año que viene, y por las divisiones internas y tensiones, que han dejado a la secretaria general, Dolores de Cospedal, en el último episodio del nombramiento del Presidente andaluz del partido, a los pies de los caballos, en una situación crítica, desautorizada públicamente por el Presidente del partido y del Gobierno, y a punto de tirar la toalla.

En la reciente Convención del PP en Valladolid, los dirigentes conservadores han discutido sobre las estrategias en las próximas elecciones europeas. Los principales líderes, y el mismo Rajoy, abogaban por la unidad en un momento difícil a pesar de que en la Convención nadie, ni siquiera la fogosa Esperanza Aguirre, se atrevió a plantarle cara. El separatismo catalán, la reforma de la Ley del Aborto, los escándalos sobre la corrupción y las críticas de la opinión pública por las medidas de austeridad, han ido desgastando la mayoría gubernamental. Con las exhortaciones a la unidad, se pretende bloquear los crecientes rumores sobre una posible escisión del PP, dividido entre una corriente centrista y otra más ortodoxa. Sin embargo, la gobernabilidad interna del partido no está́ en absoluto consolidada, dada la ausencia del expresidente José́ María Aznar en Valladolid y la renuncia del exministro Jaime Mayor Oreja a encabezar la lista de los candidatos del PP al Parlamento europeo, cuando faltan solo tres meses para las elecciones europeas, la primera de las grandes pruebas electorales con las que se tiene que enfrentar Rajoy en el plazo de año y medio.

Esa huida de la política, se ha notado también en el debate del estado de la nación, y la realidad es que el debate, por deseo expreso del Presidente, ha tenido un carácter eminentemente económico, ya que se han orillado los temas políticos (nada de la polémica Ley del Aborto, informada en contra por el Consejo General del Poder Judicial, nada de la Ley de Seguridad Ciudadana, a punto de ser rechazada por su carácter anticonstitucional, muy poco de la grave situación de la inmigración y de las posibles sanciones europeas…) y se han potenciado los temas económicos hasta el punto de anunciar oficialmente el final de la crisis económica, cuando a pesar de las buenas previsiones, la propia Comisión Europea piensa que la calma que reina en la zona euro es engañosa ya que la crisis de Deuda no ha terminado en absoluto y pueden volver los problemas. En todo caso los temas políticos más polémicos han sido planteados por la oposición.