La peor semana de María Dolores de Cospedal

Cinco días después del nombramiento de Juan Manuel Moreno como presidente del Partido Popular de Andalucía, y seguro candidato a enfrentarse en unas elecciones autonómicas con la nueva presidenta de la Comunidad, Susana Díaz, la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, todavía ni ha hablado con el interesado, ni le ha felicitado por su nombramiento, decidido a última hora, contrarreloj, casi fuera de plazo, el pasado martes 10 de febrero, por el presidente del Gobierno Mariano Rajoy. Sus allegados confiesan que aunque ella disimula, está viviendo su peor semana desde su llegada a la secretaria general del partido en junio del año 2008.

Cospedal que se negó a comunicar la noticia del nombramiento a Juan Manuel Moreno, un hombre cuya vida profesional se ha desarrollado en su integridad en el partido, que ha trabajado con la vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría y con excelentes vinculaciones con Jorge Moragas, jefe de Gabinete del Presidente del Gobierno, recurrió a su segundo, Carlos Floriano para algo que tendría que haber hecho ella personalmente, pero que fue una manera muy gráfica y significativa de distanciarse de un nombramiento en el que no tenía nada que ver a pesar de la batalla que durante meses había venido dando para evitar, por todos los medios, que saliese elegido un hombre de la órbita de Javier Arenas. Aunque Arenas ha conseguido vender su proximidad a Moreno y su influencia en su nombramiento, la realidad es que ha intervenido muy poco y todo se ha reducido a una desautorización de Cospedal por parte de Rajoy, imponiendo al candidato, y un triunfo indirecto de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría.

La pelea larvada entre la Vicepresidenta y la Secretaria General (las dos abogados del Estado, las dos ambiciosas, y las dos obsesionadas por ocupar cada vez más parcelas de poder) se ha convertido en lucha abierta, una lucha que en ocasiones ha llegado a los segundos niveles, incluso a los maridos Ignacio Lapes del Hierro (el de Cospedal) y el de Soraya, Iván Rosas. De ahí la obsesión de la secretaria general con María Pico, la jefa de gabinete de la Vicepresidenta y su mano derecha, una periodista que siempre ha trabajado en el partido, y a la que desde el entorno de Cospedal, se le acusa de un excesivo poder y de contribuir a ese enfrentamiento entre las dos mujeres de Rajoy.

Si la pelea Cospedal-Santamaría ya se ha convertido en un clásico dentro del Gobierno, no es menos apasionante la otra pelea interna, la que existe en el partido entre ella, y el vicesecretario nacional del PP para asuntos Territoriales, Javier Arenas, dos antiguos compañeros que trabajaron juntos, unidos por una gran amistad desde mediados de los años noventa. El que Cospedal sucediese a Arenas en la Secretaria General del partido y el que los dos quisiesen contar con el favor y la confianza de Rajoy fueron, además de otras circunstancias personales, agriando la relación.

La salida de Arenas de Andalucía, después de dirigir el partido durante 21 años, su intento de entrar en el Gobierno en cualquier puesto, y desaparecer del partido donde su situación es difícil y complicada y, por último, los episodios de las pasadas semanas sobre el nombramiento de quien tenía que ir a Andalucía, han terminado por complicar aún más una situación que ha tenido sus inevitables efectos colaterales hasta la misma Moncloa.

Al final Rajoy, que quiere seguir controlando un partido que parece ir por libre entre un Presidente que da la impresión de vivir de espaldas a él y con la economía como única preocupación, y una Secretaria General que está superada por los acontecimientos y que dedica la mayoría de su tiempo a la Presidencia de Castilla La Mancha ante la posibilidad de perder las autonómicas del año que viene, ha tenido que intervenir personalmente, harto de ella y de Arenas, con el resultado de una auténtica descalificación de Cospedal que atribuye todos sus males a la Vicepresidenta, a parte de su entorno, y a Javier Arenas que, en el fondo, quiere seguir controlando Andalucía.

Al final, Andalucía no la controlará ni Arenas ni ella. La intentará controlar el propio Rajoy que sabe que se juega mucho, no solo en las elecciones europeas del mes de mayo que, en cierto modo, las da por perdidas, según los pronósticos que le transmite Pedro Arriola, sino las generales del 2015, dada la situación de Madrid (Ayuntamiento y Comunidad) y Comunidad Valenciana, las dos plazas, hasta ahora, más fuertes del PP.