Una Convención que no convence

Optimismo económico, promesas de progresivas bajadas de impuestos a partir de las próximas fechas electorales, y preocupación, gran preocupación, por la unidad del partido, tras los abandonos de Vidal-Quadras, Santiago Abascal, José Antonio Ortega Lara, la formación del nuevo partido, Vox, la huida electoral para las europeas de Jaime Mayor Oreja, el gesto de José María Aznar de negarse a ir a la Cumbre de Valladolid, anunciado, además, horas antes de su inauguración, y las tensiones dentro del Partido Popular del País Vasco con las Asociaciones de Víctimas del Terrorismo, y con María San Gil y Consuelo Ordoñez.

Este podría ser el resumen de la Convención Nacional del Partido Popular (“Una Convención que no convence”), celebrada desde el pasado viernes en Valladolid, y en la que conscientemente se han querido ignorar los verdaderos problemas del partido, del Gobierno, y del país, y se han centrado los debates en ponencias tituladas, pomposamente, “España, sociedad del bienestar”, “España, una gran nación” y “España, crecimiento y empleo”, coordinadas por los tres vicesecretarios del partido, Javier Arenas, Esteban González Pons y Carlos Floriano.

Todos los grandes temas, desde la política social, el crecimiento y el empleo hasta el debate territorial, centrado en que España es una gran nación, pasando por la “vocación reformista” del Gobierno, o la “fuerza” de la Marca España han sido analizados en las distintas comisiones, aunque no se ha debatido, sobre todo, la situación mortecina en la que se encuentra el partido, desde el estallido del escándalo Bárcenas, exactamente desde el 31 de enero de hace un año, con la aparición de una portada de El País a seis columnas que con un título “Los papeles secretos de Bárcenas” y tres sumarios (“Figuran numerosas donaciones de constructores, entre ellos tres imputados en Gürtel” “Cospedal, Rato, Mayor, Arenas, Acebes y Cascos, niegan haber recibido los pagos” “Las anotaciones reflejan entregas a Rajoy de 25.200 euros anuales durante 11 años”).

Desde entonces, nada ha sido igual en el PP, y ese escándalo, que ha marcado toda la legislatura, ha oscurecido el éxito de haber aguantado sin pedir el rescate soberano (“cada mañana era un sobresalto, una angustia nueva y un motivo más para la desesperanza. Muchos por entonces sostenían que teníamos que pedir el rescate. De todo este panorama desolador se cumplen ahora dos años”), o todo lo que se ha hecho para terminar con la recesión e iniciar un leve camino hacia la recuperación económica (“primero frenamos la caída, la detuvimos en seco, y conseguimos que España empezara a caminar otra vez. Entre todos hemos dado un paso adelante para recuperar lo que nunca deberíamos haber perdido”).

Pero ni el partido es el mismo, ni el Gobierno ha sido capaz de transmitir ilusión al electorado, después de los numerosos incumplimientos electorales, ni el Presidente del Gobierno, se ha comportado ante el Parlamento y ante la opinión pública, con la claridad y sinceridad que exigían la gravedad de la situación que, en algunos momentos, a pesar de la mayoría absoluta, llegó a ser dramática…

En la Convención que se cerró el domingo en Valladolid, con un discurso del Presidente del Gobierno en el que no concretó por dónde va a ir la próxima reforma fiscal, o cómo será esa bajada progresiva de impuestos para reconciliarse con el electorado, ni cuál es su plan para Cataluña ante el Referéndum independentista convocado para el próximo 9 de noviembre, ni cómo va a solucionar las tensiones internas dentro del partido con esa Ley del Aborto que parece un empeño personal del ministro Ruiz Gallardón, ni siquiera la mínima pista de quién va a encabezar la listas para las elecciones europeas del 25 de mayo, no se ha producido la mínima autocrítica, ni se han insinuado siquiera qué cambios tienen que producirse en un partido que atraviesa por una situación crítica por los acontecimientos de las últimas semanas, y que todavía no ha hecho la correspondiente autocrítica de lo que ha pasado, y qué es lo que tiene que hacer para recuperar una credibilidad perdida, sobre todo por toda una serie de promesas electorales incumplidas.

Cuando estamos en el ecuador de la legislatura no se puede refugiar uno en la herencia recibida, aunque esa herencia sea, en efecto, catastrófica, ni acusar a la oposición de todos los males, ni despreciar a quienes han compartido proyectos contigo durante años, ni pretender convertir las elecciones del próximo mes de mayo como un Referéndum a tu persona, ni mandar callar a la oposición porque, como ha ocurrido, te piden que expliques lo que te niegas a explicar.

“No, no me voy a callar, y le exijo a usted que hable”, ha sido la respuesta del líder socialista, después de que el Presidente del Gobierno le reprochara sus críticas a la política del PP con una dura frase: “O te callas o reconoces el mérito de la gente”. En su respuesta, Rubalcaba ha exigido por su parte a Rajoy “que explique cómo se financió su partido durante años”; que “explique su vinculación con el caso Gürtel, que es el caso PP”; y que “aclare su relación con el señor Bárcenas, el que fuera su hombre de confianza y hoy está en prisión”. “Hable, explique, señor Rajoy, y no nos mande callar a los demás”.