Rajoy sigue sin explicar su plan, mientras Mas escribe cartas al Director

Mientras el presidente del Gobierno Mariano Rajoy repite, una y otra vez, que tiene un plan para Cataluña para impedir el referéndum convocado para el próximo 9 de noviembre, con la Constitución y la Ley en la mano, sin querer adelantar acontecimientos, según le reveló con cierto misterio a Gloria Lomana en la entrevista en Antena 3 Televisión, Artur Mas está dispuesto, a adelantar todo tipo de acontecimientos, y ya incluso se los comunica por carta a los directores de los periódicos europeos, el último de los cuales ha sido el director del diario italiano La Repubblica.

Mientras el Presidente desembarca en Barcelona con una corte de ministros, para explicar algo que debía haber explicado hace dos años cuando estalló el inicio de lo que él llamó la “algarabía” del 11 de septiembre, pero sin querer adelantar acontecimientos (“España es un bien indiviso” afirma como si estuviese preparando los papeles de una herencia ), el otro Presidente, el de la “algarabía”, prefiere desembarcar en los medios informativos, el último ha sido en la BBC, para pedir que quiere que Rajoy se comporte igual que David Cameron se ha comportado con Escocia en la convocatoria del referéndum para separarse del Reino Unido, el próximo mes de septiembre y no insista en que mientras él sea Presidente no habrá referéndum.

Mientras la Generalitat avanza en sus planes, traspasando todas las líneas rojas (la última es la elaboración del censo para el referéndum de escisión de España, con el dinero que está recibiendo de Montoro procedente del Fondo de Liquidez Autonómica con el que se está rescatando a la Comunidad catalana a la que se le han cortado todas las fuentes de financiación), el Gobierno español sigue sin afrontar un problema que se agranda con el tiempo, siguiendo el conocido pensamiento de su Presidente que no hace mucho sostenía que “a veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión, y eso es también tomar una decisión”.

Mientras el Ministerio de Asuntos Exteriores inunda todas las cancillerías del mundo con un “argumentario” sobre la historia de Cataluña y de España, sobre el sistema de financiación y lo que aporta cada Comunidad al fondo de solidaridad, un texto en forma de pregunta respuesta en el que se dicen cosas como que “nunca la sociedad catalana ha vivido desgarro y fractura social como ahora” o “la independencia entraña un empobrecimiento”, desde todos los departamentos de la Generalitat, se insiste en que se está cumpliendo el derecho histórico que tienen los catalanes a recuperar su independencia y ocupar un lugar privilegiado en la Unión Europea.

Mientras la Generalitat sigue insistiendo en su particular interpretación de las llamadas balanzas fiscales en que “España nos roba”, el Ministerio de Hacienda explica, tarde y mal, que un tercio de los 105.000 millones de euros en operaciones de liquidez que ha realizado el Estado en los dos últimos años se han destinado a Cataluña, y que ese montante, no procede de los impuestos de los catalanes como sostiene el Gobierno de Mas, sino de los mercados en los que compra deuda. Cataluña ha recibido hasta ahora 17.500 millones del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), y 7.500 para el pago de proveedores, y dentro de unas semanas, el Gobierno hará otra trasferencia a la Generalitat de 2.400 millones de euros.

Y mientras tanto, Artur Mas en su ofensiva por tierra, mar y aire, vendiendo en Europa que su Comunidad que está a la vanguardia en cuanto a la modernidad, la innovación y el bienestar, desde 2010 ha emprendido un camino: preguntar a sus ciudadanos, por vez primera, si desean convertirse en un Estado de Europa. Un proceso democrático, pacífico y que no quiere excluir a nadie.

La propuesta de un Estado catalán, – le explica Mas, al director del periódico italiano La Repubblica, es todo lo contrario del victimismo. Lo que hoy da energía y hace aumentar el entusiasmo por la causa catalana es precisamente su actitud constructiva: no se pretende atacar a España, queremos sencillamente votar para decidir nuestro futuro. El movimiento por la soberanía nacional catalana no tiene nada contra los españoles; el conflicto es con los poderes del Estado español porque contra la sociedad catalana hay, además de la falta de reconocimiento, también un trato injusto y lesivo. Somos una nación de Europa, somos europeos, queremos seguir siéndolo y queremos manifestarlo votando.

En ningún caso el movimiento por la soberanía catalana es expresión de un nacionalismo técnico, victimita y anti-español. El catalanismo ha sido siempre civil, un elemento de modernización y apertura en una España tradicionalmente cerrada. Durante el franquismo, el Partido Comunista catalán, el PSUC, siguiendo las huellas de Berlingue, fue determinante para vincular a la tradición catalana el movimiento obrero y la inmigración procedente de las regiones más pobres de España.

Como se ve, todo un tratado en contra del sentido común, y una sorpredente explicación de ese desafío al que Rajoy ha ido a parar a Barcelona, con un plan secreto que se espera con expectación y curiosidad.