Burgos y el Gamonal como síntomas

El presidente del Gobierno Mariano Rajoy, a su llegada el pasado lunes a Washington, se sorprendió que unos incidentes que se habían producido en Burgos, con varias decenas de detenidos y algunos heridos por las obras de un bulevar, en el barrio del Gamonal, ocupase un espacio informativo en uno de los principales periódicos norteamericanos: el Washington Post, y que durante toda su estancia en la capital norteamericana, una serie de medios (desde la Fox hasta la CNN, pasando por la ABC, CBS News, Miami Herald o News Observer, entre otros muchos) la mayoría de los cuales no se habían ocupado de su estancia oficial en Washington, siguiesen atentamente lo que estaba ocurriendo en la ciudad castellana, mientras en España, se abría el debate sobre si eso era un síntoma de una futura revuelta social, como proclamaba el dirigente de Izquierda Unida, Gaspar llamazares.

Minutos antes de partir para Madrid, el Presidente del Gobierno declaraba a los periodistas que no creía que ese tipo de protestas puedan generalizarse en nuestro país, como consecuencia del hartazgo que pueda existir en ciertas capas de la sociedad española. “Hubiera preferido que no se hubieran producido esos incidentes y espero que terminen con toda celeridad”. Como si fuera una orden transmitida en cadena, poco después de estas declaraciones, el Alcalde de Burgos, que hasta ahora ha sido incapaz de explicar el conflicto a la opinión pública nacional, anunciaba que suspendía provisionalmente las obras e iniciaba una serie de conversaciones con los representantes de los vecinos del barrio, algo que debió haber hecho al siguiente día de los primeros altercados públicos.

Incapaz de dar una versión comprensible y objetiva de las causas de lo que parecía un auténtico estallido social, el señor Javier Lacalle, Alcalde de Burgos, el delegado del Gobierno, el propio Ministerio del Interior (la Junta de Castilla León, ha estado desaparecida) criminalizaban el conflicto, como si de pronto Burgos se hubiera convertido en una especie de soviet de militantes de los movimientos más radicales de la izquierda castellana, que estaban dispuestos a tomar el poder para impedir el ajardinamiento y la construcción de un hermoso bulevar que resolvería todos los problemas del barrio. Un barrio obrero que ha sufrido todos los males de los recortes, que ha visto como desaparecían los servicios sociales, incluidos las guarderías y que veía como una operación de especulación del suelo iba construir un aparcamiento público, con un coste desproporcionado de ocho millones de euros, que además los que allí viven no podrán pagar. Es decir que se destruyan trescientos plazas de aparcamiento gratuitos por un parking subterráneo de aparcamientos de pago que muy pocos podrán afrontar.

Las obras de urbanización del bulevar salieron a licitación por 8.579.602 euros, y fueron adjudicadas por 7.893.234,54 euros el 10 de octubre de 2013. El aparcamiento subterráneo costará otros 5 millones, que serán sufragados por la UTE constructora. Tendrá 256 plazas en concesión, que se venderán a 19.225 euros.

Por otra parte, otro foco de reticencias está en la adjudicación del proyecto a M.B.G. Ingeniería y Arquitectura, S.L., sita en el Edificio Promecal y propiedad de Méndez Pozo, viejo conocido dentro de los casos de corrupción de la Comunidad, por su condena por falsificación documental en el “Caso de la Construcción” de Burgos, por el que pasó dos años en la cárcel. El propio Alcalde, que entonces era concejal de urbanismo, ya se vio implicado en 2006 en otra gran polémica al haber realizado un viaje la Costa Azul francesa con todos los gastos pagados por varios constructores.

De esta forma, lo que en condiciones normales no hubiera sido sino un simple conflicto local, los recortes sociales, el paro, el enfado de la ciudadanía por los casos de corrupción, el desprestigio de los políticos, y el despilfarro en el manejo del dinero público, lo han convertido en un símbolo de revuelta ciudadana que no se puede tapar, poniendo el acento solo en los casos de violencia condenables, pero que no son los verdaderos causantes de las protestas, sino la manifestación de un malestar del que deben ser conscientes quienes son los verdaderos responsables de una situación que, por falta de táctico político e inutilidad en el manejo de la situación, no debería haber llegado al extremo que ha llegado.