El escándalo de Sacyr-Canal de Panamá: Un golpe al prestigio del país

La suspensión de las obras de ampliación del Canal de Panamá por parte del consorcio que encabeza la constructora española Sacyr es la peor noticia que, recién estrenado el nuevo año, pueden haber recibido ‘Marca España’ y el Gobierno español, que , a través de la embajada en Ciudad de Panamá, ejerció de lobby a favor de los intereses españoles, aún sabiendo que la oferta española, la más baja de todas las presentadas ante la ACP (Autoridad del Canal de Panamá) hace cuatro años, era imposible que se cumpliese. En este caso, como suele actuar en España, Sacyr pujó a la baja , convencida de que, al final, se aceptaría el sobreprecio, que exige ahora.

La ampliación del Canal de Panamá es, junto con las obras que se hicieron en China para la construcción de la presa de las tres gargantas, la mayor obra civil que se ha llevado a cabo en los últimos años del siglo pasado. Este cronista, en tres viajes a Panamá, ha podido comprobar la magnitud de la obra que se estaba realizando, la labor de toda una legión de ingenieros españoles, y de docenas y docenas de especialistas, que, al mando de miles de obreros de numerosas nacionalidades, estaban llevando a cabo con orgullo, construyendo además una obra gigantesca que iba a llevar el nombre de España. Aunque el consorcio lleva el nombre de GUPC (Grupo Unidos por el Canal) y está formado por la italiana Impreglio, la belga Jan de Nul, y la panameña CUSA, toda la dirección de la obra, después de numerosas tensiones con los ingenieros italianos que participaron en el diseño de la presa de las tres gargantas en el río Yantse en China, corre a cargo de los españoles de Sacyr, una constructora que ha aparecido implicada en los pagos en negro al Partido Popular, según reflejan los papeles del extesorero Luis Barcenas. Su expresidente, Luis del Rivero, está imputado en uno de los sumarios del juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz sobre la doble contabilidad del PP.

En todos esos viajes a Panamá este cronista ha podido detectar la preocupación de las autoridades de que los españoles no pudiesen cumplir el contrato,como así ha sucedido este miércoles, cuando el consorcio Grupo Unidos por el Canal, envió una carta a la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) en la que renuncia a continuar con la construcción de las nuevas esclusas, por un sobrecosto que han conllevado los problemas surgidos en el último año, y que han confirmado fuentes próximas a la constructora, que han puesto de manifiesto la imposibilidad de llevar a cabo los trabajos en el precio pactado, lo que les ha llevado a renunciar a terminar la obra, que ya estaba completada en un 64%.

Por el contrario, fuentes próximas al Gobierno de Panamá han indicado que ha sido la ACP, quien realmente manda en el Canal, la que ha decidido tomar el control de las infraestructuras ante la incapacidad de Sacyr y de Impreglio de cumplir con las cláusulas de la concesión.

Sacyr y su socio italiano y la belga-holandesa, Jan de Nul , consiguieron la que se ha llamado una de las grandes obras de ingeniería del siglo XXI en 2009 por una oferta de 3,118 millonesde dólares. Se impusieron en la licitación a la poderosa Bechtel, que pidió 4.185 millones de dólares. El precio fijado por la ACP era de 3.481 millones de dólares.

Grupo Unidos por el Canal ha pedido sobrecostos que ya superan los 1.400 millones de dólares y sobrepasa la oferta original de la americana Bechtel, que en su momento acusó a los ganadores de hacer una oferta temeraria, con unos costes tan ajustados que no se podrían desarrollar los trabajos. Toda esa información apareció en los papeles de Wikileaks por el interés de Estados Unidos por el Canal como elemento estratégico clave para sus intereses marítimos, en tanto el 5 por cuento de todo el tráfico marítimo mundial transcurre por esa ampliación del Canal que, según el gobierno norteamericano,  y así se refleja en los papeles, no podía llevar a cabo una empresa económicamente quebrada como la española Sacyr a pesar de ser la gran protegida del Gobierno español.

En las últimas semanas la tensión entre Sacyr y la ACP había crecido de tal manera que el consorcio español envió un comunicado el pasado día 16 de diciembre, en el que reiteraba su disposición a cumplir con lo pactado y terminar las esclusas en el primer semestre de 2015, nueve meses más tarde de lo previsto inicialmente. El Canal de Panamá quería que la obra estuviera finalizada en octubre de 2014, cuando se cumplen los 100 años de la primera construcción que une el Atlántico con el Pacífico.

Al mismo tiempo, la ACP respondió a Sacyr amenazándole con tomar las obras del canal si la parte española no se ajustaba al contrato. Sacyr había reclamado a un tribunal de arbitraje más de 600 millones de euros en sobrecostes que Panamá se ha negado a abonar. En los últimos meses, tanto la ministra de Fomento, Ana Pastor, como el príncipe Felipe visitaron el país centroamericano para respaldar a Sacyr al considerarse uno de los grandes contratos que enarbolan la bandera de la llamada ‘Marca España’.

Ahora , el problema está en que la compañía española pide el pago de un sobreprecio de 1.200 millones de euros, algo que la autoridad panameña del Canal no está dispuesta a pagar. Un auténtico conflicto, un escándalo que no beneficia en nada al prestigio de España en un continente en el que ha ido perdiendo influencia y poder… Y un conflicto, además, en una obra emblemática…