Adiós a un gigante de la Historia

Más de setentas Jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos el presidente del Gobierno español Mariano Rajoy, y el príncipe Felipe de Borbón, junto con cientos de miles de sudafricanos, blancos, negros, de religión judía, hindú, musulmana y cristiana, que han participado en una ceremonia multi religiosa, han despedido hoy a quien se ha convertido, según el presidente Obama, en un “gigante de la Historia”, y al que, a pesar de su agitada y controvertida trayectoria se ha comparado con Gandhi e, incluso, con la madre Teresa de Calcuta: Nelson Mandela fallecido el pasado jueves a la edad de 93 años.

En 1993 quise conocerle aprovechando un viaje de un grupo de periodistas a Sudáfrica. No pude y solo conseguir datos de su personalidad, a través del testimonio, del arzobispo Monseñor Tutù, su amigo, y en cierto modo, el encargado en aquella época de recibir la ayuda para combatir el apartheid. Solo tuve la oportunidad de conocer, sin embargo a quien le liberó en 1990, después de 27 años de cárcel; a quien hizo posible el proceso de transición que terminó con el apartheid y con la llegada al poder del propio Mandela: F. W. de Klerk, el bóer que fue el verdadero artífice de la transición y del cambio político que se produjo en el país.

No se comprendería el fenómeno Mandela sin de Klerk, el político blanco sudafricano entusiasmado con la transición española y que tenía a Adolfo Suárez como punto de referencia. Preguntaba por él, quería saber cómo fue posible el paso de un régimen dictatorial a una Monarquía parlamentaria, cual había sido el arma secreta que había utilizado Suárez para ese tránsito, a qué se dedicaba después de haber dimitido de la Presidencia del Gobierno… Porque la transición pacífica del país debe gran parte de su éxito al último Presidente blanco de la era apartheid, el que negoció con Mandela y con otros, los términos de la transición política. Tres años después, Mandela y de Klerk compartían en Suecia el Premio Nobel de la Paz.

Durante todos estos días se ha dicho todo de Mandela,  y se ha exagerado hasta convertirle en un santo que como solía decir Desmond Tutu, se parecía a Jesús. Pero no, no fue un santo aunque su lucha por la reconciliación de su pueblo fue ejemplar, a partir sobre todo desde el discurso que pronuncia en 1964 cuando es condenado a cadena perpetua por terrorismo.”He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He perseguido el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y aspiro conseguir. Pero, si fuera necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.

Probablemente el perfil más duro que se ha publicado estos días sobre él, sea el que ha hecho The Wall Street Journal al recordar que “Nelson Mandela fue un revolucionario marxista fracasado y un icono de la izquierda, el Ché Guevara de África. Después, a los 70 años tuvo la oportunidad de gobernar. Optó por la reconciliación nacional en lugar de por la represalia, convirtiéndose así en un ejemplo histórico y demasiado raro de líder revolucionario sabio”.

En efecto, Mandela entró en el Congreso Nacional Africano (ANC) que había sido fundado en 1912 por negros educados de distintas profesiones. Mandela no era comunista de nacimiento pero, a medida que fue ascendiendo en sus filas, el ANC fue girando hacia el marxismo e hizo alianza con los soviéticos. Mandela tenía fotos de Lenin y Stalin sobre la mesa de trabajo de su casa. Frustrado por la ineficaz resistencia pacífica del ANC, adoptó la lucha armada a principios de los 1960 y se adiestró para convertirse en líder de guerrilla.

Sin embargo, luego optó por el pacifismo, por la reconciliación, por la paz, y por el perdón, convirtiéndose, en palabras pronunciadas este martes en Johannesburgo por el presidente Obama en “gigante de la Historia”. En uno de sus más brillantes intervenciones, ha recordado que “Mandela nos mostró el poder de la acción, asumir riesgos en nombre de nuestros ideales. Mandela tenía razón. Madiba metió bajo su disciplina, su furia”, decía el Presidente norteamericano, denunciando, además, la actitud de los dirigentes que se dicen “solidarios” pero que no toleran la oposición.