Corrupción: la ciudadanía harta, los políticos tranquilos

Cuando todavía no se han apagado los ecos del informe de “Transparencia Internacional”, que coloca a España como el segundo país del mundo, después de la convulsa Siria, donde más se ha percibido el aumento de la corrupción, un barómetro del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) hecho público este miércoles, ha confirmado y, en cierto modo, ampliado estos datos, hasta el punto de que el sondeo realizado durante el mes de noviembre, refleja que después del paro, la corrupción es el asunto que más preocupa a los españoles. Pero es que, después de la corrupción, y de la situación económica, con la que la mayoría de los encuestados se muestran de lo más pesimista en cuanto a su mejoría, los políticos y la clase política en general, siguen siendo motivos de preocupación para una ciudadanía que está convencida de que no se está haciendo lo suficiente para combatir la corrupción y el fraude.

Los datos hechos públicos por el oficialista CIS, coinciden, con el efecto internacional que ha tenido el informe de “Transparencia Internacional” del que se hace amplio eco toda la prensa europea y americana, y muy especialmente la alemana por ser Berlín la sede de la ONG que ha llamado la atención sobre la situación española, que parece querer ignorar el Gobierno ya que, a través de su portavoz en el Congreso, Alfonso Alonso, se ha limitado a decir que no es verdad que en España haya aumentado la corrupción sino que lo que ha aumentado es el conocimiento de hechos ocurridos en el pasado

El señor Alonso olvida que “Transparencia Internacional” ha sido muy dura en el caso de la financiación ilegal del Partido Popular que no pertenece al pasado, y el caso de la doble contabilidad y de los sobresueldos a sus dirigentes, en un partido que ha realizado varias campañas electorales en una situación de superioridad económica sobre el resto de sus adversarios.

Algunos de los titulares de esos medios internacionales son de por si significativos, en tanto hablan de una “Plaga de corrupción” de “España en el pantano de la corrupción ” y de esos ” escándalos del dinero negro en España que surten efecto” y, en tanto, casi todos los comentarios hacen referencia a las “donaciones” de empresarios de la construcción al PP, que han ido a parar a los jefes de los partidos, a la situación de la Familia Real a raíz de la implicación de los Duques de Palma en un caso de malversación de fondos públicos, al escándalo de los Eres en Andalucía y a la falsificación de facturas por parte de dirigentes del sindicato UGT, y a las acciones judiciales que se han emprendido contra el ex vicepresidente económico del Gobierno y ex director de Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato, por escándalo de Caja Madrid y Bankia. Nada del pasado, sino del más desafortunado presente.

Del pasado, y además de un pasado relativo, son esas 1.600 causas pendientes en los tribunales españoles por casos de corrupción política y financiera. En el mes de Abril, había abiertos en los juzgados españoles 1.661 investigaciones de casos de corrupción política o financiera, de los cuales 302, por complejidad y número de implicados, eran calificados como macroprocesos.

Al no existir un tipo penal concreto de corrupción política o financiera, los delitos que se investigaban en esas 1.661 causas eran alguno o varios de los siguientes: prevaricación por funcionarios públicos; infidelidad en la custodia de documentos, revelación de secretos, cohecho, tráfico de influencias, malversación de caudales públicos, exacciones ilegales, negociaciones prohibidas a funcionarios, receptación, blanqueo de capitales, delitos contra el patrimonio histórico, apropiación indebida, fraudes, estafas, y corrupción en las transacciones comerciales internacionales

A fecha de hoy, sí hay políticos en la cárcel. Lo están el ex tesorero del PP Luis Bárcenas, la ex presidenta de Unión Mallorquina María Antonia Munar o el ex alcalde de Marbella Julián Muñoz, y quien fue presidente de la patronal CEOE Gerardo Díaz Ferrán. Muchos menos de los que querría la opinión pública, cada vez más harta.