Alfonso Armada: Lo que sabe el cerebro del Golpe del 23F

Este primer domingo de diciembre ha fallecido en Madrid a los 93 años el general Alfonso Armada Comyn, el cerebro del golpe de estado del 23 de febrero de 1981 y el que guarda, también, más secretos de los preparativos y del desarrollo de la intentona militar que estuvo a punto de terminar con el sistema democrático español.

Armada, preceptor y secretario del rey Juan Carlos, al que conoce desde que muy joven, el entonces Príncipe, comienza sus primeros estudios en Madrid tras un acuerdo entre Don Juan y el general Franco, al que sigue en todos sus pasos por las Academias Militares, y en el que llega a tener una influencia especial. Armada es el hombre que hasta la llegada del general Sabino Fernández Campo es el que maneje todos los resortes de Zarzuela. Con habilidad, dedicación y capacidad de trabajo se convierte en el hombre imprescindible que prepara las audiencias del Príncipe, que veta entrevistas, que entonces según él, pueden resultar peligrosas y que filtra toda la información que llega a palacio. En toda esa época él sigue manteniendo, para preocupación de Don Juan una estrecha relación con el general Franco al que informa de todo.

Durante años es el que realmente manda en Palacio, y de Palacio sale por intervención directa del presidente Adolfo Suárez, con el que choca en varias ocasiones, la última en 1977, cuando Armada, descontento con el giro que está tomado la política española con el primer Presidente democrático de la reciente historia española, pide abiertamente el voto, con cartas firmadas por él y con membrete del Palacio de la Zarzuela, para Alianza Popular, el partido en el que milita su hijo y con el que se presenta en la lista por Madrid.

Tras un intenso careo entre Suárez, Armada y el Rey, en el que el entonces secretario de la Casa Real, le echa en cara al Presidente del Gobierno el descontrol con el que se está llevando el tema autonómico; el peligro para la unidad de España que suponen los Estatutos de Euskadi y Cataluña ; la falta de iniciativa en la lucha contra el terrorismo y la degeneración moral que la política del Gobierno, está causando en el pueblo español, Armada termina afirmando casi a gritos, que para él España está por encima de la Constitución y de la propia Corona a la que dice defender. Para él, primero es Dios, luego la Patria, después la Constitución, cuarto el Rey, “Señor -llega a decirle Suárez al Jefe del Estado en esa misma reunión- estamos ante un golpista”.

Y efectivamente, Armada se convierte en un golpista, en el cerebro del golpe para el que cuenta con el apoyo incondicional del teniente general Milans del Bosch que tiene como misión sublevar Valencia; el hombre del Cesid, José Luis Cortina Prieto, colaborador de Armada durante años y su contacto en “la Casa”; una serie de tenientes generales que están enterados de la intentona, pero que al final no se suman, y el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, al que utilizan todos como desencadenante del golpe, que le dicen que tiene como finalidad formar una Junta Militar, presidida por Milans. El golpe desencadenante consiste en el asalto al Congreso de los Diputados y el secuestro del Presidente del Gobierno, el gabinete en pleno, y la totalidad del poder legislativo, la sublevación de la Capitanía General de Valencia y la incorporación, después de la salida de la División Acorazada en Madrid, del resto de las capitanías generales.

El plan de Armada es proponerse de Presidente de un Gobierno de concentración nacional, para el que previamente ya ha establecido contactos con dirigentes políticos, especialmente del PSOE. Pero el plan sufre alteraciones por la repentina e imprevista dimisión de Adolfo Suárez, el 29 de Enero de 1981, para según dice él en su discurso de despedida, no ser un nuevo paréntesis en la historia de la democracia de España. Mi impresión es que Suárez sabe de la intentona y cree que solo se puede parar con su salida del poder que es lo que quieren los militares.

De esta forma el plan de Armada se reconvierte, y lo que en principio iba a ser una especie de “Operación De Gaulle”, se convierte en un golpe de estado que debería terminar con la elección, por parte del Congreso de los Diputados, de un Presidente capaz de formar un gobierno de coalición con representantes de todos los partidos políticos. Algo a lo que se opone el propio Tejero, que engañado, cree que ese Presidente iba a ser Milans del Bosch, no el general Armada. “No mi general – le dice Armada- yo no he llegado tan lejos para eso”.

Conociendo a Armada, con el que me entrevisté en varias ocasiones para mis libros “23F: La historia no contada “, “La noche de Tejero” y, “La verdad del caso Tejero”, no me extrañaría que conservase abundante documentación, sobre uno de los capítulos más misteriosos de la reciente historia de España. Armada, por formación y por oficio, era un personaje minucioso, tomaba nota de todo, guardaba todo, hacía nota de todo. Durante el juicio, con una carpeta azul debajo del brazo de la que no se separaba, consultaba notas, tomaba apuntes, repetía datos. Por eso creo que él conserva papeles reveladores de un golpe que fue llevado a cabo por una persona que acumulaba toda la información: la que venía de Zarzuela, la del Estado Mayor del Ejército y la propia de quien en esos momentos era el número dos en el Estado Mayor.

La historia del 23F, hay que reconocerlo, es una historia oral, ya que el golpe se hizo sin papeles, sin planeamientos serios, rigurosos y unificados, con datos que no conocen dos de los principales implicados (Tejero-Milans) y, los únicos documentos relacionados con el golpe que existen, son posteriores a la toma del Congreso: el bando de Milans del Bosh por el que se declara el toque de queda y la supresión de las garantías constitucionales; el telegrama del Rey a los capitanes generales, donde Don Juan Carlos confirma que ha ordenado a las autoridades civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional, dentro de la legalidad vigente; el comunicado que Tejero y Pardo Zancada intentan publicar en “El Alcázar” y difundir por la emisora “La Voz de Madrid” justificando la toma del Congreso ; el “Pacto del capó” firmado antes de la liberación de los diputados por el cual se libera de cualquier responsabilidad penal a los implicados que tengan una graduación por debajo de teniente, entendiendo que están actuando por “obediencia debida”, y por último, el comunicado de la retirada del bando de Milans en el que se declara el levantamiento del toque de queda en Valencia, en la madrugada del día 24.

Es una historia oral, reconstruida, sobre todo por periodistas y algunos historiadores, por testimonios orales, con versiones antagónicas y contradicciones, con intoxicaciones y datos con los que se ha intentado ocultar la verdad, con declaraciones de los implicados, juzgados y condenados, que no se han podido comprobar en todos sus extremos, ya que, incluso siguen existiendo restricciones para poder investigar, desde el punto de vista estrictamente judicial, determinados aspectos de aquella intentona.

Nadie puede sospechar que lo que son las Actas Judiciales, los testimonios, las declaraciones, -aunque gran parte de ellas se reproducen en libros como el que publiqué en Planeta en el año 1982 (“La verdad del caso Tejero. El proceso del siglo”)- lo que es el grueso del sumario, está en poder del Tribunal Supremo, que no permite su consulta hasta que hayan transcurrido veinticinco años después de la muerte de todos los procesados, o cincuenta años a contar desde la fecha del fallido golpe de estado, es decir en el año 2031.