El caso “espionaje” solo acaba de empezar

El presidente del Gobierno Mariano Rajoy, por primera vez en tres meses, cuando comenzaron a aparecer las primeras informaciones del caso del espionaje norteamericano en Europa y en España, ha asegurado este miércoles en el Parlamento, que se tomará el tema “muy en serio”, aunque al contrario que los franceses, no ha querido confirmar si el CNI español ha estado colaborando con el espionaje norteamericano en la recogida de información a través de correos electrónicos y teléfonos, y le ha pasado la pelota al general Félix Sanz Roldán, director del Centro Nacional de Inteligencia para que informe a puerta cerrada, en la Comisión de Secretos Oficiales.

Con una total pasividad el Presidente del Gobierno, no ha querido desde el principio profundizar en el tema, hasta el punto que siempre se ha negado a pedir información al CNI, a pesar de la existencia de un espionaje masivo ya que, solo en un mes, de diciembre de 2002 a enero de 2003 ese espionaje alcanzó un cifra de 60 millones de intervenciones (60.506.610 llamadas telefónicas, mensajes SMS, correos electrónicos y datos de búsqueda, o metadatos, es decir no el contenido, sino los datos que muestran quién llamaba y a quién, desde dónde se llamaba y adónde se llamaba, y durante cuánto tiempo).

Para esa labor masiva de espionaje en la que habría participado el CNI, según ha informado al Congreso norteamericano, el director de la Agencia Nacional de Seguridad, NSA, el general Keith Alexander, tendría que existir una autorización especial, ya que la cifra de control es tan desproporcionada que no valdría solo la autorización de un juez, como suele ser costumbre en el Centro de espionaje español, sino que la operación debería ser autorizada por el propio Gobierno, que en esa fecha en concreto, era el del señor Rodríguez Zapatero.

Al igual que en Francia y Alemania, el servicio de inteligencia estadounidense, ha rastreado también en España masivamente datos sobre el tráfico telefónico. En un escándalo que ha llevado a un claro enfrentamiento de Europa con Estados Unidos, sobre todo cuando se descubrió que hasta el móvil de la canciller Merkel estaba siendo controlado y grabado.

En España, bajo la presión de la opinión pública, el Gobierno del presidente Mariano Rajoy ha ido aumentando gradualmente las críticas por ello, aunque desde el principio, ha actuado con una gran frialdad sin darle demasiada importancia al tema, a pesar de la gravedad las primeras denuncias e informaciones que aparecieron en el mes de agosto en el semanario alemán Der Spiegel. En Europa sorprende que Madrid reaccione, por el momento, con menos indignación y fuerza que Berlín o París. Según los expertos en seguridad, esto mostraría lo mucho que los servicios de inteligencia españoles han pasado a depender de Estados Unidos en los pasados años. El ministro de Asuntos Exteriores Margallo ha expresado su “gran preocupación” por las prácticas de espionaje que ha calificado de “inapropiadas e inaceptables” y, este lunes desde Tallin (Estonia) ha repetido que no ha recibido todavía una explicación de Estados Unidos a pesar de que la pidió en julio, volvió a pedirla en agosto y lo solicitó, de nuevo, el pasado lunes cuando fue convocado en el Ministerio de Exteriores, el embajador norteamericano James Costos, que fue incapaz, incluso, de confirmar o desmentir si su país había espiado a miembros del Gobierno de España. Por todo eso sorprende que Madrid se resista a una protesta europea colectiva y quiere resolver este asunto de forma bilateral.

De todos modos, según expertos en inteligencia, el escándalo solo acaba de comenzar y ya, entre servicios, ha empezado a salir a relucir tensiones, y también acusaciones.