Inés del Río, su historia y el fallo de Estrasburgo

Cuando a las cinco y media de la madrugada del 15 al 16 de diciembre de 1987, un comando de los Geos (Grupo Especial de Operaciones) al mando del comandante Holgado, se disponía a entrar en el cuarto piso letra A, de la calle Río Ulla 8, en la zona de Ventas de Madrid, todos los mandos que seguían por teléfonos especiales, la operación montada después de meses de seguimiento, estaban convencidos de que detendrían al Comando Madrid, el más sanguinario de todos los de ETA, al completo.

Los servicios de información y vigilancia sabían que en ese piso estaban Cristina Arrizabalaga, María Teresa Rojo Paniego, Troitiño, Esteban Esteban Nieto, Inmaculada Noble Goicoechea, De Juana Chaos, e Inés del Rio Prada, alias “Pequeña “y “Nieves”. Cayó el comando completo pero no cayó, Inés del Río, una de las activistas más sanguinarias de la organización terrorista que, entre otros atentados, se sentía orgullosa de haber participado en la masacre de guardias civiles jóvenes de la Plaza República Argentina en Madrid

Para el comandante Holgado y para el comisario Juan Bautista Felices, el hombre que llevó a cabo la mayor parte de la investigación hasta encontrar el piso de Rio Ulla, y comprobar que, efectivamente el “gato ya estaba en la lata” (era la consigna para la intervención de los Geos ), fue una sorpresa no encontrar allí a Inés del Rio. La etarra que había huido días antes de Madrid, caería meses más tarde en una operación policial en Zaragoza, con una caravana de varias toneladas del explosivo amonal.

Condenada en España a 3.828 años de prisión por un total de 24 asesinatos, cometidos durante su participación en atentados tan cruentos como el de la plaza de República Dominicana de Madrid en el que fallecieron 12 guardias civiles, se le aplicó la llamada doctrina Parot, según la cual los beneficios penitenciarios se los aplicaron a cada una de las condenas y no a la pena máxima que, entonces según el Código Penal de 1973, eran de treinta años. De esta forma, Inés del Rio que debería haber salido hace cinco años de la prisión se le condenaba a estar encarcelada hasta 2017. Tras recurrir al Tribunal de Estrasburgo, los 17 magistrados, por unanimidad han considerado, este martes, para escándalo de un sector de la opinión pública española y, sobre todo para las víctimas del terrorismo, que esa resolución de los tribunales españoles vulneran el artículo 5 del Convenio Europeo de Derechos Humanos (derecho a la libertad y a la igualdad). El tribunal de Estrasburgo confirma así, que la jurisprudencia del Tribunal Supremo se aplicó de forma retroactiva y la Constitución española, en su artículo 9, prohíbe la retroactividad de las normas y, tal como ha sentenciado Estrasburgo, la Doctrina Parot atenta claramente contra ella.

“El tribunal estima que la demandante no podía prever que el Tribunal Supremo modificaría su jurisprudencia en febrero de 2005 ni que tal modificación le sería aplicada y supondría aplazar en casi nueve años la fecha de su puesta en libertad, del 2 de julio de 2008 al 27 de julio de 2017. Por lo tanto, la demandante ha cumplido una pena de prisión superior a la que tendría que haber cumplido según el sistema jurídico español en vigor en el momento de su condena. Por consiguiente, corresponde a las autoridades españolas garantizar su puesta en liberta en el plazo más breve posible”, señala la sentencia hecha pública este lunes en Estrasburgo.

Un auténtico insulto a las víctimas que no pueden entender como ha prevalecido el principio de la retroactividad, frente al criterio defendido por el abogado del Estado de España, de que no es lo mismo ser autor de un asesinato que de una veintena, algo que no puede comprender un Tribunal Internacional que no entiende el sufrimiento que ha supuesto para el país las matanzas terroristas a lo largo de más de medio siglo, ni tiene conocimiento del daño que el terrorismo ha hecho a la normalización democrática del país.

Con esa sentencia de Estrasburgo, se abre la puerta a la salida de más de medio centenar de dirigentes de ETA, muchos históricos y varios de ellos los más sanguinarios de la banda, así como a presos comunes a los que también se les ha aplicado la doctrina Parot.