Los españoles deberíamos haber votado en las elecciones alemanas

Este domingo la República Federal Alemana ha celebrado sus elecciones generales y según los primeros datos, la canciller Angela Merkel ha barrido con el 42 por ciento de los votos, ocho puntos más que en las anteriores elecciones, frente al 26 por ciento de los socialdemócratas del SPD. Los liberales, tradicionales aliados de Merkel, no podrán entrar en una futura coalición gubernamental porque, según los sondeos a pie de urna, no han conseguido el 5 por ciento legal para tener representación parlamentaria. Se esperan los resultados definitivos y no se descarta una mayoría absoluta de la Canciller, algo histórico que no se produce en Alemania desde hace más de medio siglo, desde 1957.

Estas elecciones se han celebrado, sin que los españoles podamos participar, cuando sus resultados condicionarán decisiones de política económica y tendrán tal grado de influencia en la Comisión Europea que influirán en nuestras vidas, como viene sucediendo, desde el estallido de la crisis financieras desde hace cinco años, y seguirán condicionando nuestros salarios, nuestro estado de bienestar y, hasta nuestro futuro, con reformas en un sistema de pensiones que no garantiza una revalorización como la que se garantizaba hasta ahora. Por si quedaban dudas, lo ha recordado la Canciller en el mitin de cierre de su campaña: Ojo con los países del Sur, tienen que continuar con las reformas, y nada de mutualizar la Deuda con eurobonos.

Aunque los resultados están casi cantados y la señora Merkel tiene garantizada la Cancillería depende con quién pueda formar Gobierno, para concebir más o menos esperanzas sobre determinadas matizaciones en la política económica que lleve a cabo,  o sobre su comportamiento con esa Europa que depende cada vez más de ella y de su interés en acelerar el proceso de integración. Si sus aliados liberales no se hunden, cosa que parece evidente a la vista de los primeros datos no hay que esperar ningún tipo de rectificación. Y si son los socialdemócratas los que, en cierto modo, pasan a formar parte de la “Gran Coalición”, algo que a primeras horas de la arde del domingo parecía descartado, cabe esperar una suavización de esos postulados austericidas que han llevado a los países del Sur de Europa, (entre ellos España) a la recesión y, al estancamiento, cuando no, a una postura antigermana, centrada en la antigua profesora de Física y militante de religión anglicana, que nació y vivió en la Alemania Oriental y a la que se le ha acusado de querer resucitar el IV Reich Alemán, utilizando la herramienta de la economía.

Por eso no es de extrañar que la prensa alemana recuerde que hace unos meses el embajador de la República Federal Alemana, dijo en Madrid que estaba más que harto de toda una serie de acusaciones que se estaban produciendo contra su país y contra la Canciller que este domingo se juega el puesto el embajador, Reinhardt Silberberg, envió un artículo de opinión al periódico El País en el que combatía con tono amargo, y punto por punto, todas las críticas contra su país desde que estallara la eurocrisis. Que Alemania busca la hegemonía. Que sólo busca el interés propio. Que impone recortes. Que ignora las consecuencias sociales de la crisis. Que se enriquece a costa de terceros países. Y que se opone la introducción de eurobonos por razones netamente egoístas.

Esta epístola poco diplomática – cada uno de los párrafos comenzaba con las palabra ‘estoy harto de oír’ – no contribuyó en absoluto a reducir las quejas. En España sigue habiendo muchas críticas al enfoque de la crisis por Merkel. Y es poco probable que las elecciones alemanas marquen un cambio de rumbo. Los políticos en Madrid se percatan de que todos los partidos políticos alemanes temen que se dispare la inflación, que se introduzcan eurobonos o que el BCE asuma un papel similar al de la Reserva Federal Americana.

Ello hace que aumente el escepticismo sobre si se tomarán en breve decisiones esenciales (especialmente sobre la unión bancaria) que Berlín ha dejado para después de la elecciones, según una creencia generalizada en Berlín. Cuando entre 2010 y 2012 la Eurozona amenazaba desintegrarse, Alemania a fin de cuentas tampoco se mostró dispuesta a adoptar las ‘medidas esenciales’ que pedía Madrid. ¿Por qué iba a adoptar ahora Merkel o su sucesor de pronto esas medidas, especialmente ahora que no se da una situación de pánico agudo en los mercados?

El periódico alemán  Süddeutsche Zeitung recuerda que el presidente del Gobierno conservador, Mariano Rajoy, siempre ha estado con Merkel y en línea con Berlin, apostando ciegamente por la rígida política de austeridad. Los socialistas en la oposición , sin embargo, hace unos meses aún tenían la esperanza de que un gobierno federal roji-verde podría introducir rápidamente los eurobonos, reduciendo así la carga de la deuda y de los intereses a expensas de los alemanes. Pero, entretanto, el periódico cree que “la Merkel” ya no juega ningún papel en la política española.

“Por un lado, – señala el análisis del periódico – la política de ahorro y de reformas de Rajoy muestra unos primeros éxitos: por un lado, el desempleo está remitiendo y, por otro, las cotizaciones de las acciones y el consumo están aumentando constantemente. Por otra parte, en vista de los escándalos de corrupción, que afectan tanto el Partido Popular (PP) de Rajoy como al PSOE, entre la mayoría de los españoles se ha impuesto la comprensión de que la crisis fue de fabricación propia, obra de políticos corruptos e incompetentes”.

“Dada esta autoflagelación, la victoria electoral ampliamente esperada de la Canciller, a la que se considera estricta pero sólida, no provocará ni entusiasmo ni tristeza. De todos modos, las tensiones entre el norte y el sur en la gestión de la crisis prácticamente no han cambiado en nada la imagen positiva de Alemania que tienen los españoles…”

Habrá que decir que positiva, pero como decía el embajador de Berlín en Madrid, pero no tanto.