En la muerte de un contador de historias

Escribo desde París esta apresurada crónica, tras el impacto de la noticia de la muerte, que me ha comunicado entre sollozos y lágrimas Pablo Sebastián, del querido Manolo Martín Ferrand, compañero de columna de Republica.com, admirado y querido amigo, el mejor profesional de su generación y un hombre libre y bueno que ha dedicado toda su vida a esta hermosísima tarea de contar historias.

“El periodismo es un oficio, que consiste -solía decir Manolo- en contar historias. Lo de contarlo por la radio, por la prensa, por internet, o por banderas es lo mismo. El sistema de transmisión no modifica la sustancia de la historia”. Esa era la máxima con la que trabajaba, convencido además, de que el periodismo, también, son “dos céntimos de historia envueltos en un cucurucho de papel”. “Escoged la envoltura en la que queréis trabajar: la Red, la televisión, el periódico… y, decía, hacedlo siempre con curiosidad y con independencia”.

Lúcido, curioso e independiente fue de los pocos que se dio cuenta de la crisis de los grupos periodísticos y cómo todo se estaba empezando a vender a precio de saldo y aunque él había entrado en el mundo de Internet, como muchos de nosotros, seguía necesitando el papel desesperadamente, porque además era consciente de que el estallido de la burbuja periodística iba a producir miles de desempleados y muchos profesionales probablemente tendrían que vender periódicos en los quioscos, en vez de hacerlos en las redacciones.

Y digo esto porque, al final, va a llevar razón Manolo (uno de mis más admirados escribidores de periódicos), cuando sostenía hace más de treinta años, que se ganaba más vendiendo los periódicos que haciéndolos. Y, que por eso él, cuando empezó haciendo prácticas en el Diario de Cádiz -ahora, se le llaman becarios para ocultar la precariedad en el empleo- se inventó una sección fija apasionante que se llamaba Acotaciones de un vendedor de periódicos, donde a la vez que los vendía, contaba historias de sus clientes, de sus manías, de sus desdichas y de sus vidas cotidianas que eran verdaderas joyas literarias.

De esta forma, Manolo descubrió, muy pronto, que el periodismo es eso: contar historias y, contarlas, además con brillantez, algo que no se está haciendo en muchas ocasiones con Internet porque se utiliza Internet no como instrumento, instrumento además fundamental, sino como fin, como herramienta para, simplemente cortar y pegar, con lo cual, no hay historias, historias vividas, sino historias contadas por otros, y adaptadas a cada situación.

Ha muerto pues un gran contador de historias, de historias que ha contado en la radio, en el papel, en la televisión e incluso, en guiones de algunos seriales, porque si algo tenía Manolo era una facilidad para narrar, para sacar de todo, su mejor y su más brillante descripción, además de hacer un análisis independiente y siempre certero, de cualquier hecho.

Dirigió periódicos, se inventó programas de radio como Hora 25 en la Cadena Ser, creó Antena 3 Radio, puso en marcha Antena 3 Televisión, dio clases de periodismo en la Universidad de Navarra, recibió todos los más importantes premios periodísticos de nuestro país y luchó por la profesión defendiendo siempre la independencia, la honestidad con uno mismo y la libertad por encima de todo , y por ser consecuente con esos principios, tuvo problemas con muchas empresas periodísticas, y con casi todos los Gobiernos democráticos.

Manolo, un hombre de gran cultura, preciso en el análisis, riguroso e independiente por encima de todo, era además un hombre bueno y que por serlo tuvo numerosos disgustos profesionales, y vivió destituciones, dimisiones con la misma facilidad con la que se inventaba cualquier nuevo proyecto. Sus últimos días fueron un ejemplo de optimismo dentro del sufrimiento y de coherencia y de profesionalidad, hasta el final… Y yo, sigo creyendo, como Manolo Martín Ferrand, que el verdadero periodismo está en las historias que se cuenten y en la forma de contarlas, aunque el futuro esté en saber vender los periódicos, los que queden, y no en hacerlos…

A Rosalía y a sus hijos mi más sentido pésame.