Gibraltar, un regalo político para Rajoy y para Cameron

Con escepticismo y casi como serpiente de verano, la prensa europea está siguiendo detenidamente el contencioso de Gibraltar y la escalada verbal de acusaciones entre Londres y Madrid por los controles establecidos por España en la frontera del Peñón como represalia por la acción unilateral de las autoridades gibraltareñas de crear un arrecife artificial, con bloques de hormigón, en aguas de jurisdicción españolas para impedir que pescadores de la zona, de la Línea y Algeciras puedan faenar en una zona donde, históricamente, siempre han echado sus redes de arrastres.

Sin tomar partido, aunque reconociendo que es un conflicto que resurge periódicamente y que los políticos de Madrid acentúan cuando quieren encubrir problemas de política interior, especialmente, ahora, en una etapa de fuerte crisis económica, política y social y con un escándalo como el de la financiación ilegal del partido en el poder, que, curiosamente, ha sido desplazado de la primera página de los periódicos por Gibraltar, la mayoría de los medios muestran su asombro por el grado de enfrentamiento entre dos países que pertenecen a la Unión Europea y que son aliados en la OTAN.

Y esa extrañeza desemboca en una extrañeza generalizada: Cómo se puede hablar de construcción de unidad europea si incluso un pequeño territorio como Gibraltar, casi sólo un Peñón, se convierte, de un momento para otro, en un foco de tensión entre Madrid y Londres obligando a los dos primeros ministros, Mariano Rajoy y David Cameron, a tomar decisiones para salvar la honra nacional. La incapacidad de los españoles y de los británicos para un diálogo constructivo, por no hablar de la serie de medidas y contramedidas provocadoras, conlleva a que haya sido el propio presidente de la Comisión Europea el que sirva de mediador, anunciando el envio a la zona una misión fiscalizadora para saber qué pasa en la polémica frontera, por la que miles de “llanitos” se dirigen a sus lujosas residencias de la Costa del Sol , mientras otros miles de trabajadores españoles entran en el Peñón a trabajar, aliviando el endémico paro de la zona del Campo de Gibraltar.

Y ese asombro se extiende al error del Gobierno de Madrid de no plantear el contencioso, como viene insistiendo en estas mismas páginas de Republica.com, Pablo Sebastián, en el foro adecuado que es la OTAN a la que pertenece tanto España como Inglaterra y que debería haber servido para resolver definitivamente el conflicto del Peñón además de forzar una protección estratégica de las plazas españolas de Ceuta y Melilla. Pero la realidad es que el conflicto ha sido un “regalo político” tanto para Rajoy como para Cameron, según el análisis que hace el influyente diario de la City londinense Financial Times.

El diario señala que el apoyo popular al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha caído fuertemente después de la aparición de un escándalo de fondos para sobornos dentro del Partido Popular en el Gobierno. El escándalo ha dominado los titulares durante meses, hasta el momento en que Gibraltar decidió crear un arrecife artificial en aguas que España reivindica como suyas. “La prensa de derechas del país desde entonces ha dedicado una enorme cobertura al conflicto, aplaudiendo calurosamente la posición de línea dura”.

Mientras, Londres y Gibraltar han mostrado poco interés en desactivar el conflicto, hasta el punto que para David Cameron, primer ministro británico, la pelea ha ofrecido una oportunidad de expresar su apoyo pleno a Gibraltar y apuntarse tantos fáciles con la prensa de derechas y sus propios diputados. Ha sido rápido en condenar a España y en pedir la intervención de Bruselas, pero lento a la hora de fijar un rumbo pragmático para salir de la crisis. “Para conseguir un auténtico progreso -es la tesis del FT– sin embargo, las tres partes (Madrid, Londres y Gibraltar) deben no sólo abordar los antiguos agravios, sino encontrar la forma de sentarse a hablar”.