Gibraltar: Piden que Cameron haga ceder a Picardo

Sigue la escalada en torno a Gibraltar y sigue la preocupación en ciertos sectores que temen que el conflicto se agrave de tal forma que sea una futura generación la que tenga que hacerle frente para encontrar una solución razonable. Mientras en Londres están convencidos de que se trata de una cortina de humo que intenta ocultar los numerosos problemas de España, desde los económicos a los políticos pasando por los sociales, y hasta el primer ministro británico Cameron se ha atrevido, con muy poco diplomacia, a insistir en ello; se complican las cosas en el Peñón, con las manifestaciones de pesqueros españoles en el lugar donde se han echado 70 bloques de cemento para impedir la pesca en un lugar que durante años barcos de la Línea y Algeciras han faenado sin problemas; han empezado a atracar en Gibraltar barcos de la Marina británica que van a participar en unas maniobras navales en el Mediterráneo, pero que no estaba previsto que atracaran en el Peñón, como una evidente señal de fuerza por parte de Gran Bretaña y ante el silencio del Gobierno español.

A la espera de una decisión de la Comisión Europea sobre el envío de observadores comunitarios a la frontera de Gibraltar, en la que siguen unos controles que el Gobierno de España no está dispuesto a levantar, (tanto Cameron como Rajoy ya han hablado con el presidente Durao Barroso para explicar las respectivas posturas del Reino Unido y de España), la tensión está creciendo, aunque desde el Palacio de la Moncloa el mensaje que se transmite es de tranquilidad y prudencia, ya que el presidente del Gobierno se está tomando el tema con tranquilidad, dando a entender que, a estas alturas, éste será un conflicto largo y que se puede complicar con el mínimo incidente que pueda producirse como estuvo a punto de pasar este fin de semana con las manifestaciones de pesqueros de la zona, rodeados por patrullas de la guardia civil, patrulleros de Gibraltar y barcos de la Royal Navy en un tira y afloja, que pudo degenerar en enfrentamientos. La decisión de la Comisión Europea de declarar ilegal cualquier tasa para entrar o salir del Peñón, como pretende España, ha sido un duro golpe al planteamiento de la diplomacia española.

Por otra parte, no ayuda en nada la posición tomada por el ministro principal Fabián Picardo que ha anunciado a la BBC que no está dispuesto a ceder y que antes “se congelará el infierno” que retirar los cubos de hormigón y pinchos que ha fondeado para impedir faenar a los pesqueros españoles Éste que es el origen inicial del conflicto es también el tema que está empezando a debatirse en Gran Bretaña, donde ha surgido una corriente que defiende la necesidad de que el primer ministro Cameron convenza a Picardo de que dé marcha atrás para evitar males mayores. Es por ejemplo la postura del periódico The Independent que parte de la base de que Gran Bretaña y España son aliados de la OTAN; pero nadie lo diría ahora, cuando una disputa sobre bloques de cemento echados al mar cerca de Gibraltar para proteger a la especie marina se ha convertido en una causa de seria fricción. Mientras que España habla de imponer un nuevo impuesto en los ya largos controles en la frontera, Gran Bretaña contraataca con quejas a la Comisión Europea, mandando una flotilla naval y con amenazas vedadas de llevar a España a los tribunales por no cumplir con el derecho al libre movimiento de personas.

“El peligro está ahora en que un pequeño incidente saque las cosas de quicio y no haya solución-señala el diario- en cuyo caso España puede que cierre las fronteras, como hizo el general Franco en los años 60. Entonces, miles de ciudadanos españoles que trabajan en la Roca perderían su trabajo. Los gibraltareños también sufrirían, económica y psicológicamente, y sería perjudicial para España y Gran Bretaña en general. Perderían credibilidad si no son capaces de solucionar una disputa de este tipo. Qué espectáculo tan ridículo y degradante sería si España o Gran Bretaña llevasen a cabo sus amenazas de llevar el asunto a las Naciones Unidas y a la Comisión Europea por un territorio minúsculo, cedido bajo los términos de un tratado del que nadie se acuerda”

La  mejor solución sería que Cameron ignorase el farol de Rajoy y las provocaciones de Madrid, como debería decir al Gobierno de Gibraltar que ponga un poco de cuidado en sus comentarios y que vuelva a considerar si el arrecife artificial merece la pena con todos los problemas que está trayendo.”Si esta respuesta suave no consigue calmar a España,- concluye el periódico- por lo menos quedaría claro al mundo qué lado en esta disputa es el que se está comportando de manera irresponsable”.