Una Cumbre Europea, sin chicha ni limonada

Este fin de semana se celebra en Bruselas uno de los Consejos Europeos que más interés político ha despertado en nuestro país, especialmente porque es el primero al que acude el Presidente del Gobierno español con el respaldo de casi toda la oposición, excepto de la Izquierda plural, y otras minorías que se han negado a sumarse a un primer pacto firmado por Rajoy y Rubalcaba, el primero que también se alcanza en esta legislatura.

Un pacto importante por su significado que los socialistas intentan justificar como, si de pronto, el Presidente del Gobierno hubiese aceptado las tesis de la oposición, cuando en realidad se trata de una postura coyuntural en una Europa, que se está dando cuenta de que la austeridad, los recortes, los ajustes y la lucha contra el déficit, en la actual situación económica mundial, solo está produciendo una larga depresión en los países del Sur (casos de Grecia, Portugal y, en menor medida España), y síntomas de recesión en algunos países del Norte.

Ya no quedan muchas dudas de que ese tipo de recetas para conseguir el equilibrio presupuestario y de lucha prioritaria contra el déficit público tiene muchos agujeros negros. La austeridad rigurosa, los recortes sin contemplaciones, el ataque a muchos derechos de los trabajadores, que han venido defendiendo, de forma unánime, el Fondo Monetario Internacional (FMI) el Banco Central Europeo (BCE), y la Comisión Europea (CE), han empezado a resquebrajarse, primero por el Fondo y luego, por algunas autoridades europeas.

Ha sido el Fondo, con gran indignación, sobre todo de Berlín, el que ha introducido la división en la troika (Comisión, BCE y Fondo) al criticar el rescate de Grecia, que probablemente necesite de una nueva quita, de Portugal,  Irlanda y, de Chipre, y al poner en duda la austeridad sistemática como fórmula y la ineficacia de las numerosas reuniones europeas, donde se habló mucho, se discutió en exceso, se aplazó todo, y no se decidió casi nada, el que ha iniciado una autocrítica que, por ejemplo Alemania, no está dispuesta a hacer, convencida de que el problema está en una Comisión Europea, excesivamente politizada.

La que ha empezado este jueves, a pesar de la trascendencia que le han querido dar nuestros políticos, tras el “Gran Pacto”, corre el riesgo de convertirse en una Cumbre más, en la que los jefes de Gobierno europeos pondrán a disposición de varios países, entre ellos España, 6.000 millones de euros para combatir el paro juvenil, diez veces menos de lo que el año pasado la UE, dedicó al fomento de la Agricultura. Eso sí, después de constatar, según recogerá la declaración final de la Cumbre que “el número de europeos en paro es inaceptable”.

Una cifra ridícula, teniendo en cuenta no solo la importancia de otras partidas del Presupuesto comunitario, sino que más de la mitad de los alumnos y estudiantes de las escuelas y Universidades están sin empleo. El paro juvenil es costoso tanto para el individuo como para la sociedad. Estar sin empleo a poca edad, puede suponer una reducción salarial permanente. También cuesta volver a formar a un trabajador que lleve tiempo sin trabajar. El paro juvenil le cuesta a la Unión Europea 153.000 millones de euros anuales, el 1,2% del Ib. España, junto con Grecia siguen siendo los grandes problemas ya que nuestro país encabeza la lista del paro juvenil en Europa. Además se está perdiendo a lo mejor del país a una “generación perdida” que solo piensa en emigrar. El pasado año ya emigraron 82.000 españoles en busca de empleo y según el Instituto Nacional de Estadística, desde que estallara la crisis en el año 2008, han abandonado España más de 400 mil españoles, muchos de ellos jóvenes que se dirigen a los países nórdicos, a Alemania, a Inglaterra, e incluso a América Latina, en búsqueda de un futuro. Una verdadera sangría que compromete el futuro de un país.

Por otra parte, en cierto modo, la clave de la Cumbre estará en los avances que se consigan en la Unión Bancaria, uno de los temas que le quita el sueño a un Rajoy y que no serán muchos, a pesar de que, por fin los ministros de Economía de los veintisiete, han encontrado la fórmula para futuros rescates bancarios. Una fórmula que ha sido aceptada a última hora por Alemania y que asegura que en los próximos rescates bancarios sean primero los accionistas los que paguen y no los contribuyentes, mientras se salvan los primeros 100.000 euros en depósitos bancarios y solo en última instancia afectarán a los depósitos superiores a los 100.000 euros.

En fin, a pesar de los acuerdos con casi todos los partidos políticos, no parece que Rajoy se traiga mucho de Bruselas, entre otras razones porque Alemania está más pendiente de sus elecciones generales del otoño, que de cualquier otra cosa.

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