Vivir sin música es mucho más que un error

“Para que te enteres, Mortier”. El grito se produjo antes de sonar los primeros compases de la Sinfonía número 3 de Beethoven, la “Heroica”, que había empezado a dirigir López Cobos, en lo que fue, este sábado, de diez de la mañana a doce de la noche, toda una hazaña: interpretar en el Auditorio Nacional de Música las 9 Sinfonías de Beethoven, con cuatro orquestas distintas, la Nacional de España, la Joven Orquesta Nacional de España, la de Radio Televisión Española, y la Orquesta Sinfónica de Madrid.

Y fue en La Heroica cuando surgió el grito, reivindicando a López Cobos expulsado prácticamente del Teatro Real por un pretencioso Gerard Mortier, director artístico del Teatro, impuesto por un hombre del Grupo. Prisa, Gregorio Marañón. Precisamente, el director que ha conseguido, con sus ocurrencias que medio Teatro se quede vacío de abonos, por esa cruzada en la que está empeñado según ha dicho, de “educar a la afición madrileña”, en sus particulares gustos, muchos de ellos reñidos con la estética, el sentido común y el modernismo.

Forzado a salir del Real por la grave acusación de que no trabajaba suficiente con la Orquesta, algo ofensivo para el honor del músico que está pendiente de juicio en Viena ante los Tribunales por haberse producido las declaraciones en un periódico austriaco, y carente en absoluto de fundamento. Porque si algo hizo López Cobos (Toro, Zaragoza 1940) durante su etapa de director musical del Teatro de Ópera madrileño fue, prácticamente crear una nueva Orquesta y dotarla de una clara personalidad y, eso solo se hace con trabajo y dedicación.

Por lo demás, López Cobos demostró el sábado, en un auténtico maratón, que no sólo es un director que trabaja las orquestas, sino que sabe sacarles lo mejor de sí mismas, como demostró a lo largo de más de diez horas de maratón musical, especialmente cuando se enfrentó con la Primera, la Séptima y la Octava, interpretadas por un conjunto de excepción, un conjunto de jóvenes (la Joven Orquesta Nacional de España) llenos de ilusión y entusiasmo, a los que consiguió arrancarles un sonido espectacular, un brío único y un ritmo y una fuerza arrolladores.

“Esos jóvenes – gritó una madre ante la presencia de la Reina, que fue recibida con pitos, gritos y aplausos, – fueron niños y queremos música en los colegios y en los conservatorios”. Y es verdad. Sin una educación musical (vivir sin música es un error) no es posible apreciar la importancia de que varios miles de personas (dicen que 20.000) hayan ido pasando a lo largo de todo el día, por el Auditorio Nacional de Música de Madrid para oír las sinfonías, los cuartetos, la música de cámara, de Beethoven, en una jornada para recordar el Día de la música y en una feliz iniciativa del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM) y del Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM).

Viejos, mujeres, niños, y jóvenes, muchos jóvenes, han ido turnándose durante todo el día para coincidir con más de 600 intérpretes para, por la noche, oír con actitud casi religiosa a las puertas del Auditorio, frente a una pantalla gigante de Televisión, la Novena Sinfonía de Beethoven, que dentro, dirigía un López Cobos casi agotado, que era despedido con una auténtica ovación de lujo de minutos y minutos.

En el acto de solidaridad y de reivindicación que el público madrileño realizó el pasado 2 de junio en la Plaza de Oriente, en defensa de la Orquesta y Coro de Radio Televisión Española, que por los recortes corre el riesgo de desaparecer, alguien al leer las numerosas adhesiones, levantó un auténtico clamor cuándo aseguro que “Vivir sin música es un error”. Y es un error, tremendo error, que los recortes y los ajustes, terminen con la educación musical en los colegios, con los conservatorios, con la ilusión de miles de jóvenes que encuentran en la música su verdadera razón de ser y de hacer felices a los demás.