Aznar, cabreado como una mona

“Cabreado como una mona, convencido de que han iniciado una guerra contra él, que el Gobierno tiene mucho que ver con la filtración de un antiguo informe de la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal) que revela los regalos que hizo la red Gürtel a su hija y a su yerno en la boda de El Escorial, y que han pactado con sus enemigos mediáticos para intentar callarle”.

Este es el estado de ánimo del expresidente del Gobierno, José María Aznar, al conocerse algunos detalles de la entrevista que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tuvo con el expresidente socialista Felipe González, el mismo día que el expresidente se explayaba en Antena 3 Televisión, anunciaba la ruptura con su sucesor, y presentaba públicamente una auténtica moción de censura contra su forma de gobernar, criticando sin tapujos, su falta de liderazgo, su ausencia de objetivos, el incumplimiento del programa electoral del partido y le exigía una bajada inmediata de impuestos para conseguir la recuperación económica.

Esta entrevista que duró tres horas y que sirvió, entre otras cosas, para que González le ofreciese toda la ayuda que necesitase en temas y círculos europeos en los que el expresidente socialista tiene una excelente entrada, se completaba este martes con un debate conjunto en París, aprovechando el lanzamiento de un Plan de emergencia para combatir el desempleo juvenil por parte de los gobiernos de Alemania, Francia, Italia y España, un New Deal para jóvenes, según adelantó este cronista el pasado 15 de Mayo (ver republica.com “Un New Deal” para combatir el paro juvenil”).

Pero, lo más sorprendente, es que han presentado, este ambicioso plan en París, durante el denominado Town Hall Meeting del empresario millonario y coleccionista de arte alemán, Nicolás Berggruen. El señor Berggruen, consejero del Grupo Prisa, lidera el fondo Liberty Acquisition Holding Corp, sociedad cotizada, a través de la cual, un colectivo amplio de inversores de Wall Sreet, en su mayoría gestores de fondos alternativos, se han hecho con el control del Grupo Prisa y de su principales terminales informativas: la cadena “Ser” y el periódico “El País”.

Y, sorprendente también, fue a ver al actual presidente de Prisa, Juan Luis Cebrián, el hombre que ha permitido la entrada en Prisa del señor Berggruen, de quien se ha convertido en su hombre de confianza, después de desplazar a la familia Polanco, recibir, solícito, al presidente del Gobierno Mariano Rajoy, acompañarle desde el coche hasta la sala de conferencias, y hacer de hombre componedor entre González y el presidente español en esa Cumbre contra el desempleo juvenil, una de las grandes preocupaciones del señor Cebrián, según ha puesto de manifiesto en su propio Grupo de comunicación, mimado ahora por el Gobierno popular y por su presidente.

“¿No es para estar cabreado como una mona?” se preguntan en FAES los incondicionales del expresidente, desconcertados por el giro del Gobierno con Prisa, por su ayuda a través de peticiones a la banca acreedora, y ese extraño maridaje con un grupo de comunicación contra el que se ha querellado Aznar y que el propio expresidente ha dicho que primero hizo todo lo posible porque nunca ganara las elecciones y que una vez ganadas, también hizo todo lo posible porque no pudiese gobernar intentando que el candidato a la investidura fuera otro.

“No solo es para estar cabreado, – dicen quienes más contacto tienen con él-, es para pedirle a Rajoy una convocatoria del máximo órgano de dirección del partido y exigirle responsabilidades y explicaciones, de qué tipo de compromisos tiene con González, con Cebrián y con Prisa”, dada la actitud del Grupo contra nuestro presidente de honor al que han acusado de imponer la política de cobros de sobresueldos en negro, dentro de la cúpula del partido en su etapa de presidente del PP, sin que nadie haya salido en su defensa”.

Y si, además, quieren tratarle como si fuese un subsecretario díscolo, al que hay que echarle, como se ha publicado, del consejo de administración de Endesa por las críticas que le ha hecho a Rajoy, la guerra se recrudecerá y no será, precisamente, el expresidente el que más pierda.