¿Qué es lo que nos oculta Rajoy?

El presidente del Gobierno dará cuentas al Parlamento el próximo 8 de mayo, dos semanas después de ser aprobado por el Consejo de Ministros, el Plan Nacional de Reformas y el Programa de Estabilidad 2013-2016, que ya ha sido enviado a Bruselas con el objetivo de que se vuelvan a retocar los objetivos de déficit ya que, según reconoce el propio Gobierno, la crisis no terminará hasta finalizada la actual legislatura, continuará la recesión económica por el momento, y no hay posibilidades de creación de empleo, aunque los ministros lanzan mensajes contradictorios, según el público al que se dirigen.

Si el lunes el presidente del Gobierno ante los empresarios del Instituto de Empresa Familiar insistió en que no estaba dispuesto a vender brotes verdes antes de tiempo y que siempre diría la verdad, hace solo veinte días en una sesión de control en el Congreso de los Diputados, aseguró que el año que viene habría crecimiento económico y creación de empleo, lo que venía a insinuar que creceríamos por encima del dos por ciento, algo que todos los estudios económicos, incluidos los de la Comisión Europea y los del Fondo Monetario, descargan por completo.

Esperemos que el miércoles de la semana que viene, la información del señor presidente del Gobierno, después de dos semanas jugando al escondite, sea amplia, detallada, razonada y sobre todo completa, porque ha comenzado a trascender que antes de hacerse público el supuesto Plan de Reformas (poco Plan y pocas Reformas, más impuestos y un coleccionable de medidas que recuerda a las que siempre anunciaba Zapatero para no llevarlas a cabo) el ministro de Guindos, ya contaba con el visto bueno de Bruselas para autorizar el nuevo cuadro macroeconómico y la correspondiente corrección de las cifras de déficit.

¿A cambio de qué? Eso es lo que tiene que explicar muy bien el señor Rajoy, porque parece que el acuerdo pasa por una vuelta de tuerca más a la reforma laboral, por un nuevo abaratamiento del despido y por una reforma radical del sistema de pensiones “para hacerla sostenibles”, suprimiendo las actualizaciones según el IPC, y endureciendo las condiciones para la jubilación en cuanto al tiempo de cotización y en cuanto a la edad.

En Bruselas se califican las medidas anunciadas por el Gobierno español de vagas, sin mucho contenido, en una situación crítica para Rajoy que ha ensayado una serie de fórmulas que no le han funcionado y que han metido al país en la recesión, con el peligro electoral para él, de que no se empiece a crecer hasta después de terminada la legislatura aunque, inmediatamente después, se dice que debe existir un plan previo entre Berlín y Madrid, para afrontar el problema laboral y el de las pensiones.

Menos austeridad, pero más reformas estructurales: éste es el pacto que necesita Europa y al que estaría dispuesto a llegar Rajoy. Y España estaría enseñando, se dice en Bruselas y, sobre todo en Berlín, cómo podría ser ese modelo. La verdad es que Mariano Rajoy, el presidente del Gobierno, anunció hace unos días que pretende reformar tanto el sistema de pensiones como el mercado laboral pero no ha vuelto a hablar del tema. A cambio esperaría obtener alivios de la UE en los objetivos presupuestarios que se han pactado. Y Bruselas estría totalmente de acuerdo.

En efecto, desde el punto de vista de los costes una política de ahorro no incrementa necesariamente la competitividad en el mercado global. Antes bien, la política de ahorro incrementa la probabilidad de que políticos como Silvio Berlusconi exploten en su favor el estado de ánimo anti-alemán y el euro.

Todo ese entramado es el que tiene que explicar el señor Rajoy, a menos que como vaticinaba este cronista hace solo dos semanas quiera ocultar a la ciudadanía las reformas que le exige la troika quiera, con ese doble lenguaje suyo, confundir más a la opinión pública.