Una década perdida, o desde la tristeza a la indignación

A la espera de su comparecencia en el Parlamento que se producirá, tras el largo puente del  primero de mayo, que en Madrid coincide con el Día de la Comunidad, el 2 de Mayo, cuando el número de parados haya subido de esa cifra trágica de los 6.202.700, el presidente del Gobierno aparecía en la Alhambra el domingo, junto con el presidente de turno del Consejo Europeo, el primer ministro irlandés Ende Kenny, para en una vista y no vista, rueda de prensa, pedir paciencia a los ciudadanos, ante la grave situación económica del país y asegurar, horas más tarde en Madrid, “que la reforma laboral ha permitido el mantenimiento o la creación de empleo, y que a finales de este año la economía mejorará substancialmente”.

Esa ha sido, a la espera de una explicación más convincente la semana que viene, la reacción del señor Rajoy al anuncio de su Gobierno el pasado viernes, tras reunirse en Consejo de Ministros, de que el final de la crisis se retrasa hasta el 2016 (después de las elecciones generales del 2015); que la legislatura terminará con 700.000 parados más que cuando comenzó; que habrá más impuestos, y que en contra de lo anunciado, se mantiene el impuesto sobre el IRPF que se subió el año pasado de forma provisional. Todo eso, envuelto en un mensaje realmente desesperanzador para la ciudadanía, que ve como este Gobierno encalla en su lucha por encontrar una solución económica para el país, y también para los militantes del Partido Popular, que se quedan sin argumentos para defender lo indefendible y, sobre todo, que se ven sin fuerzas para pedirle a esos dos millones de familias que tienen a todos sus miembros en paro, que tengan paciencia y que la reforma laboral servirá para crear empleo.

“Rajoy reconoce la derrota de sus medidas de austeridad” “Las medidas españolas pueden repercutir en el precio de los bonos” “En Estos momentos todos somos indignados en España” “España: Una década perdida” “La situación española se hace inaguantable” “Se ponen en tela de juicio las cifras oficiales en España” “En España, un país sacudido por las tramas de corrupción, crece el temor ante el futuro”. Estos son cogidos al azar, titulares y resúmenes de la gran prensa internacional europea, que también hace una lectura de que no se puede continuar con el llamado austericidio, adelantando, incluso, que el aplazamiento de los objetivos de déficit parece la última señal de la nueva política de “austeridad con equilibrio”, que se está reforzando en Europa. Y en este sentido se apunta que Madrid se habría movido de acuerdo con Bruselas, como demuestra la reacción acomodaticia de la Comisión, reforzada por la luz verde del Fondo Monetario Internacional.

De cualquier modo, el ambiente general de los medios, es de pesimismo. El periódico británico The Guardian asegura que todos los indicios y las cifras hechas públicas, apuntan a “una década perdida” mientras aumenta el número de “indignados”. Hace casi dos años los indignados tomaron las plazas públicas del país para protestar contra el hecho de que la economía se administrara a favor de los bancos y no del pueblo. “Ahora, de la Plataforma de Victimas de la Hipoteca (PAH) a la Marea Ciudadana -una coalición de 350 organizaciones, desde los trabajadores de Sanidad hasta los sindicatos y grupos de jóvenes, que han movilizado a cientos de miles contra la privatización y la austeridad, más personas están haciendo el viaje desde la tristeza privada a la indignación pública”.

Las consecuencias de esta situación la resume perfectamente el periódico alemán Die Welt: Si la política no puede con la crisis, es la crisis la que puede con la política. Esto hace que puedan verse dañados tanto los partidos como los políticos, pero sobre todo, lo que representa la base de toda democracia: la cultura política. Según una encuesta de la Cadena Ser, ya sólo el 61 por ciento de los españoles cree que la democracia es el mejor sistema posible. Dos de cada tres españoles de entre 25 y 34 años, consideran prescindibles los partidos políticos y opinan que pueden cumplir mejor su tarea unas iniciativas sociales cambiantes.

“Los españoles – es la conclusión- ya no están dispuestos a confiar para nada en el Parlamento, en el Gobierno y en sus políticos…”