De Guindos fuera y, de Guindos dentro

Se puede decir una cosa aquí y otra fuera. Se puede decir una cosa y la contraria. Se puede decir incluso, que la cosa va a mejorar dentro de un trimestre, e ir alargando los meses, hasta convertir los trimestres en semestres. Esto es, en cierto modo, lo que está pasando con el ministro de Economía y Competencia, Luis de Guindos, que se ha tenido que ir a Estados Unidos, para confesarle al periódico The Wall Street Journal, que la caída de la actividad económica en España será tres veces mayor que la prevista, es decir que el PIB descenderá un 1,5 por ciento, muy lejos de ese 0,5 por ciento, con el que ha venido trabajando el Gobierno y con el que ha elaborado los Presupuestos Generales del Estado para este año.

“Lo que ahora haremos es lograr un mejor equilibrio entre la reducción del déficit y el crecimiento económico”, afirma de Guindos al periódico norteamericano, añadiendo que la reducción del año pasado ha apuntalado la confianza en la sostenibilidad de las finanzas españolas. “La principal preocupación entre los inversores institucionales en España es, en estos momentos, el crecimiento económico”. De Guindos dice, también, que una mayor integración entre los sistemas bancarios europeos podría contribuir a sacar a la región de su bache económico. “Hay fragmentación en los mercados crediticios lo que supone que los impulsos de la política monetaria no se transmiten por igual” por la región. Para él, las empresas de países como España e Italia tienen costes de financiación mucho más elevados que las del norte de Europa, complicando así los problemas de las economías más débiles”.

Pero, nada de brotes verdes, esos que ya han anunciado aquí de puertas adentro, desde el propio de Guindos, hasta Montoro, pasando por la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, mientras llovían pésimas perspectivas desde el Fondo Monetario Internacional hasta el Banco de España, pasando por los servicios de estudios de las principales entidades financieras del país, que siguen mostrando su preocupación por las elevadas cifras de déficit que tienen que ser corregidas de nuevo por Bruselas ante la imposibilidad de cumplir los objetivos establecidos, con una economía en plena recesión, con el consumo paralizado y con unos ajustes que lo que está produciendo es más recesión, menos crecimiento y más paralización económica. Una medicina que se ha demostrado que está agravando, más y más, al enfermo.

En este sentido la oficina estadística de la Unión Europea, Euroestat, acaba de certificar que el déficit de España en 2012 fue del 10,6% del PIB, teniendo en cuenta las ayudas recibidas para sanear a las entidades financieras. Eso supone el mayor agujero presupuestario de toda la eurozona, por encima incluso de Grecia. Están por detrás Portugal y Chipre. Excluyendo estas ayudas, el déficit al cierre del último ejercicio se situó en el 7%, seis décimas por encima de lo que había anunciado el Gobierno, y después de que se corrigiesen al observar Bruselas que Hacienda estaba aplicando incorrectamente las reglas europeas para contabilizar el déficit público. El Gobierno había dejado de contar como gasto público las devoluciones fiscales correspondientes a 2012 cuyo pago se iba a realizar de forma efectiva en 2013, algo que sonaba claramente a ingeniería financiera para intentar presentar el menor déficit posible.

Este viernes el Gobierno ha anunciado ya de puertas para dentro, un plan de reformas, mientras gran parte de la ciudadanía se echa manos al bolsillo y espera un nuevo hachazo que puede afectar sobre todo a las pensiones, a la reforma laboral y al déficit eléctrico, aunque de puertas para fuera, el señor de Guindos en Washington, niega más medidas de “austeridad” porque, dice que habrá que empezar a pensar en el crecimiento.