Las trampas contables del ministro Montoro

Después de una semana larga de tensiones por las posibles repercusiones que en España podría tener el “corralito” en Chipre y el rescate del país, un rescate que, a pesar de la petición en contra de este martes del presidente francés François Hollande y del español Mariano Rajoy, va a servir de referencia ante futuros rescates, lo que significa que parte de las consecuencias de la mala gestión de los bancos la tendrán quienes depositan en custodia su dinero en las entidades financieras, el Gobierno ha sufrido en las últimas cuarenta y ocho horas dos malas noticias, en vísperas del inicio oficial de las vacaciones de Semana Santa, aunque el presidente español ya se ha instalado en el Coto de Doñana, la primera vez que lo utiliza desde que llegó a la Moncloa, en unas vacaciones que durarán hasta el próximo miércoles 3 de Abril.

La mala noticia del martes procedía del propio Banco de España, que venía a desmentir los optimistas pronósticos del Gobierno, incidía en que este año se cerraría con una recesión del 1,5 por ciento del PIB (tres veces más de lo que había presupuestado el Gobierno el año pasado), un déficit de un 6% del PIB, en comparación con el 6,7% del año pasado, aunque todavía superior a la cifra del 4,5% acordada con la UE, si bien lo más preocupante era que el desempleo podría terminar este año, por encima del 27 por ciento ya que durante todo el año próximo, la reforma laboral seguirá destruyendo puestos de trabajo en futuros ERE y en puestos públicos que es donde se está notando últimamente más las cifras de paro. El único dato positivo del Informe del Banco de España es la afirmación de que “La economía española podría estar saliendo ya de la fase más aguda de la recesión actual”, algo que quiere interpretarse, como que a finales de este año puede terminar la recesión.

Pero, la recesión, está íntimamente relacionada con las medidas de ajustes para reducir el déficit, y ha sido precisamente el déficit, o mejor los datos oficiales del déficit, los que le han dado un nuevo disgusto al Gobierno, al poner en dudas Eurostat, la oficina estadística de Bruselas, las cifras del ministro de Hacienda y Administración Publicas, Cristóbal Montoro, obligándole a reconocer que el déficit del 2012 no fue, como se había anunciado a bombo y platillo, un 6,74 por ciento, sino un 6,98 por ciento (la mayor bajada del déficit que nunca había hecho un país de la OCDE, en toda su historia, insistió Rajoy en el debate sobre el estado de la nación), algo que se ha corregido simplemente porque se había hecho un artificio contable. Y que ha costado 22 puntos en la prima de riesgo que se ha situado en los 580 puntos.

Es lo que ha venido defendiendo la oposición que ha acusado al señor Montoro de haber “inflado” en 10.000 millones de euros los ingresos públicos de 2012, a través del retraso de las devoluciones del IRPF, y el incremento de pagos fraccionados de Sociedades, con el objetivo de “maquillar a conciencia” las cuentas y tener un desfase inferior al real. Durante todo este miércoles el debate en las redes sociales ha girado, precisamente, sobre esos artificios del señor Montoro que, además, ha querido disfrazarlo de un cambio de criterio de la oficina de Eurostat, algo que no responde, ni mucho menos, a la realidad.

Pero es que además, se da la circunstancia de que hace unas semanas, el ministro Montoro afirmó ante las cámaras de Televisión Española, que el déficit del 6,7 por ciento, anunciado por el Gobierno podría incluso, ser inferior, añadiendo, ante los rumores existentes, que la oficina estadística europea nunca había corregido los datos del déficit de España, ni con este Gobierno ni con los anteriores.

Ahora el reto es conseguir como quiere el Gobierno que la Comisión Europea le autorice un déficit, que según algunas fuentes de Bruselas, podría estar, dentro de las aspiraciones gubernamentales, en el entorno del 5,8 por ciento, aunque todavía no hay nada decidido ya que probablemente, habrá nuevas peticiones de ajustes, en la creencia de que los que se han hecho este año pasado, no son suficientes.