De Hitler a Merkel, pasando por Dijsselbloem

El mundo económico, las Bolsas, y el ciudadano europeo en general, sigue asustado con la evolución de los acontecimientos en la eurozona y con las sucesivas declaraciones, desmentidos, matizaciones, aclaraciones, que se vienen produciendo desde el cierre del rescate de Chipre, exigido para evitar la salida de la isla del euro, y temido ahora, si el modelo, con el consiguiente perjuicio para los depositantes, se quiere trasladar a futuros rescates, como anunció en la tarde del lunes, el nuevo presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem.

Dijsselbloem, un político inexperto, desconocedor del mundo de Bruselas, de los pasillos de los edificios comunitarios donde se conspira, se intercambia favores, y se compra y se vende, tiene escasa experiencia en el mundo económico. No solo porque su especialidad sea la agricultura y su labor como ministro haya sido la Educación, sino porque lleva solo unos meses en el Ministerio de Finanzas de su país, el más firme seguidor de la política de Angela Merkel. Y ha sido precisamente ella, contra viento y marea, la que ha forzado su nombramiento en el Eurogrupo, casi por aclamación, tras el cese del luxemburgués, Jean Claude Juncker.

El holandés ha sido parte del desastre de cómo se ha desarrollado el rescate chipriota (aunque es verdad que el presidente del Consejo Van Rompuy y el de la Comisión, José Manuel Durao Barroso han hecho todo lo posible para crear el caos y la improvisación bajo los que han transcurrido las negociaciones) y, a última hora, el que ha conseguido el hundimiento de las bolsas de medio mundo, el pánico generalizado de todos los ahorradores, que lo único que hacen es depositar su dinero en los Bancos para que se lo guarden, y el inicio de lo que puede ser una ola de desconfianza en unas Instituciones que siempre son salvadas a costa del ciudadano. De todas formas, la tesis del señor Dijsselbloem viene a coincidir con el viejo sueño de su protectora, la canciller Merkel de que los depositantes paguen los rescates bancarios.

Todo esto, está contribuyendo a una crítica, a veces despiadada, a la política alemana y a la postura intransigente de su canciller, por parte de los países del Sur (España, Grecia, y Portugal), considerados los países derrochadores que viven a costa del contribuyente alemán, holandés o finlandés. Este martes, por ejemplo, la prensa alemana se hace eco del articulo del catedrático Juan Torres en ” El País” que comparó a Merkel con Adolfo Hitler, acusando además, a la alemana de que su intención es garantizar, a los bancos, su espacio vital económico “Nos castiga para proteger su espacio vital económico y para proteger a sus grandes empresas”.

El Die Tageszeitung informa de que el mayor diario español, el periódico ” El País” retiró el domingo un artículo de opinión de su página web, en el que a la canciller alemana Angela Merkel se la comparaba con Hitler. El texto, titulado “Alemania contra Europa”, firmado por el catedrático de Economía Juan Torres López de Sevilla, que aborda la política alemana frente al euro, apareció en primer lugar en la edición regional andaluza y provocó un intenso debate en las redes sociales Twitter y Facebook.

Lo que se debatió, fue ante todo, una frase: “Merkel, al igual que Hitler, ha declarado la guerra al resto del continente, ahora para garantizarse su espacio vital económico”. El artículo prosigue diciendo: “Nos castiga para proteger a sus grandes empresas y bancos y también para ocultar ante su electorado la vergüenza de un modelo que ha hecho que el nivel de pobreza en su país sea el más alto de los últimos 20 años, que el 25 por ciento de sus empleados gane menos de 9,15 euros/hora, o que a la mitad de su población le corresponda tan solo un 1 por ciento de toda la riqueza nacional”.

“El País” retiró el artículo, porque según la dirección, contenía afirmaciones que este periódico considera “inapropiadas”, pudo leerse en la página web del diario. Los órganos de supervisión habrían cometido un error.

Si eso se dice de la canciller Merkel, lo que a partir de ahora, se diga del inútil economista agrario Dijsselbloem, ya se lo puede imaginar cualquiera. Por lo pronto, el Times ya pide su dimisión.