Corinna: La espía al servicio de Su Majestad

Cualquiera que no haya seguido minuciosamente la historia de la amiga entrañable del Rey Juan Carlos, la Princesa alemana Corinna Zu Sayn -Wittgenstein, pensará que efectivamente, como recoge este miércoles el periódico británico The Guardian, la señora Larsen, nombre de su primer marido, es espía que trabaja para el espionaje español, para el Centro Nacional de Inteligencia, el CNI, y que está al servicio de Su Majestad, como el título de las películas de James Bond.

El que este martes haya tenido que comparecer en el Parlamento, en la Comisión de Secretos Oficiales, el máximo responsable del servicio de inteligencia español, el general Félix Sanz Roldán, para informar sobre el “caso Corinna”, sobre su estancia en nuestro país, sobre los lugares donde se alojó, entre ellos el propio Palacio de El Pardo, y sobre el tipo de vigilancia y protección que tenía, añade más misterio y morbo al extraño caso de la princesa alemana, que sigue ocupando grandes espacios en la prensa internacional, junto con la situación actual de la Monarquía española y el futuro de los Príncipes de Asturias.

Evidentemente, la comparecencia de Sanz Roldán, una comparecencia correcta, propia de un militar que ha vuelto a colocar al espionaje español en el puesto que se merece, ha aclarado poco entre otras razones porque si la amiga del Rey hubiera realizado labores de espionaje, no iba a reconocerlo su supuesto jefe, como tampoco iba a reconocer qué tipo de protección ha recibido por parte de agentes del servicio operativo del CNI y de guardias civiles adscritos a la Casa, como se conoce entre los espías, la sede del servicio situado en la carretera de Madrid-La Coruña.

Como cuenta The Guardian, Corinna se convirtió el martes en el centro de atención del debate político en el Parlamento cuando preguntaron al jefe del Servicio de Inteligencia, Félix Sanz, sobre ella. En una entrevista con “El Mundo” el pasado mes, Zu Sayn-Wittgenstein, de 48 años de edad, proclamaba haber trabajado para los Servicios Secretos sin retribución. Su nombre también salió a relucir en los correos electrónicos de la investigación de fraude el yerno del Rey, Iñaki Urdangarin, en los que se mostraba como ella había intentado ayudar a Urdangarin a encontrar trabajo con una fundación internacional de deporte. También actuó como mediadora del ministro de Asuntos Exteriores hace unos meses cuando éste necesitaba que se calmara a los inversores de Abu Dhabi sobre la decisión del Gobierno de reducir los subsidios a las compañías de energía renovable.

La versión del periódico, algo exagerada porque Corinna solo declaró en sus entrevistas a “El Mundo”, “Hola” y París Match, que había realizado labores reservadas y llevado a cabo “asuntos clasificados”, como consultora del Gobierno español, tiene su lógica si quien se encarga de informar a los parlamentarios de las actividades de la Princesa, es nada más nada y menos, que el jefe del espionaje español, por decisión del Gobierno, cuando quienes tienen que proporcionar el máximo de información son los ministros de los Gobiernos de Rodriguez Zapatero y de Mariano Rajoy, especialmente los dos titulares de Asuntos Exteriores Miguel Angel Moratinos y García-Margallo.

Moratinos, ha viajado con ella en la comitiva real y García-Margallo, se ha reunido con Corinna en varias ocasiones, para que hiciera gestiones en países de Oriente Medio, especialmente para que interviniese como mediadora ante el emirato de Abu Dabi, para tratar de calmar a los inversores árabes por la reducción de primas a las energías renovables.

Desde el pasado mes de diciembre Margallo estaba recibiendo mucha presión por parte de su homólogo emiratí, el todopoderoso jeque Abdulá bin Zayed al Nahyan, hijo del fundador y hermano del príncipe heredero, que había transmitido al Gobierno español que las autoridades del Ministerio de Industria se estaban comportando como “Bolivia o Argentina, en el sentido de que cambió las reglas de juego en medio del partido”. Corinna fue encargada de limar asperezas a pesar de que Margallo había declarado públicamente que ni la conocía, ni había hecho ninguna gestión para el Gobierno español.

La habitual improvisación del Gobierno ha propiciado que haya sido el responsable de la inteligencia española el que haya tenido que dar la cara, cuando son otros los que tienen que comparecer en el Parlamento para aclarar muchas dudas de las múltiples actividades que, dentro de España y fuera, ha realizado en los últimos ocho años Corinna Zu, bautizada ya internacionalmente, como “la espía al servicio de Su Majestad”.