Bárcenas demanda a Rajoy, y Rajoy no sabe qué hacer

Mientras el presidente del Gobierno y del Partido Popular, Mariano Rajoy, sigue dándole vueltas a cuál es el mejor camino para enfrentarse en los Tribunales, ante el tesorero que él nombró y que, en unos polémicos papeles le ha acusado de recibir sobresueldos en dinero negro en su etapa en la que estuvo en la oposición, el interesado, Luis Bárcenas ha demandado al partido por despido improcedente.

Bárcenas, que se ha convertido en una auténtica caja de sorpresas (este lunes en la Audiencia Nacional aclaró que lo que tenía en Suiza no eran 22 millones de euros sino 38 y que, en contra de lo que había declarado en la Fiscalía Anticorrupción, si había depositado determinados papeles en una notaría sobre sus actividades de tesorero en el PP) no solo tiene la iniciativa de este escándalo, que comienza a preocupar en Europa, según las crónicas de los principales periódicos de la UE, sino que tiene sumido a la dirección del PP en una total confusión, hasta el punto que han dado hasta media docenas de versiones distintas de sus relaciones laborales en la sede de Génova.

El propio presidente del Gobierno, que nunca ha pronunciado su nombre para lo que tiene que hacer grandes esfuerzos, ha venido manteniendo que no tiene ninguna relación con el partido desde hace años, cuando en realidad, le han estado pagando hasta que empezaron a salir los datos de los sobresueldos en negro a finales del mes de enero, algo que aparece en la demanda presentada por Bárcenas en la Magistratura del Trabajo donde declara que ha estado cobrando desde el mes de marzo de 2010, 21.300 euros mensuales que, para un asesor, no está nada mal. Sobre todo para un asesor que ha conseguido amasar una fortuna de 38 millones de euros, algo que sabía el Gobierno desde el mes de noviembre del año pasado según los datos que de Suiza llegaron al Ministerio de Justicia.

Después de varias versiones contradictorias, (de Rajoy, de Cospedal y de Carlos Floriano), el lunes se produjo la que parecía definitiva, que no se entendía nada y que parecía más una versión jocosa de los Hermanos Marx, que de una política experimentada, como la secretaria general del partido. “La indemnización que se pactó -dijo ante la cara de asombro de los informadores que se miraban sorprendidos unos a otros- en forma de simulación de lo que antes era retribución, y entonces, tenía que tener retención a la Seguridad Social… Así fue como se pactó. Se trató de una indemnización en diferido. A uno le puede parecer bien o mal pero así fue como se pactó”. Sus palabras, reproducidas una y mil veces, y que seguramente, quedarán en la memoria colectiva como el sketch de Encanna, las empanadillas y Móstoles, parece que es lo que ha provocado la reacción indignada de Bárcenas, como el hombre que tiene la sartén por el mango y el mango también. Eso sí, que a nadie se le ocurra insinuar que existe un chantaje, cuando todo el mundo sabe que este Gobierno no acepta presiones ni chantajes de nadie.

Un auténtico espectáculo que ya se está viendo fuera con preocupación por la falta de reacción del Gobierno, del partido y de su presidente que han elaborado la sorprendente teoría de que lo que no se verbaliza, no existe. Si no se pronuncia el nombre de Bárcenas, Bárcenas no existe. O todo caso es una maniobra de la oposición, según recogen los medios internacionales que ven a Rajoy que se tambalea, que reacciona con falsa indiferencia pero que, interiormente, está bloqueado, y probablemente, preocupado con las voces que piden la vuelta de José María Aznar, como señala el influyente Frankfurter Allegemaine Zeitung.

Según el diario alemán en las últimas semanas, las voces que piden un comeback político de José María Aznar se han hecho oír cada vez más. Desde que el partido conservador PP y su sucesor Mariano Rajoy, elegido a dedo, se ven obligados a luchar contra una trama de supuestas cuentas de dinero negro, muchos de los fieles seguidores de antaño ven en Aznar al único con la autoridad necesaria para volver a poner orden en el Partido Popular. Aunque el expresidente del Gobierno, que en el año 2004 se retiró voluntariamente, no se deja seducir. Rajoy, que como comisario del ahorro se orienta fundamentalmente por los principios “prusianos” de Aznar, se encuentra ahora en apuros porque, al margen del escándalo de corrupción en su partido, también se ve sometido a los efectos del separatismo catalán, cuyos tirones le afectan tanto a él personalmente como a la unidad de España.

“Visto así -concluye el periódico- muchos consideran que el presidente honorífico del partido es un rescatador con un perfil más duro. Y Aznar, que ha sido acusado entretanto de estar involucrado personalmente en antiguos asuntos de financiación ilegal del partido, defiende al Partido Popular con más energía acreditada que su ex ministro y pupilo”.

Mientras, el ex ministro, el pupilo y ahora el presidente, sigue dudando si tiene que querellarse contra Bárcenas o demandarle. A veces, como suele decir, la no decisión, también es una decisión…