Rectificación y crisis de Gobierno

Coincidiendo con la histórica decisión de Benedicto XVI, que en un gesto de humildad y también de coherencia, ha renunciado al Pontificado, parece haberse abierto, en ciertos ambientes políticos, un paréntesis dominado por lo que se llama examen de conciencia, y propósito de enmienda, para hacer un balance a la luz de los actuales acontecimientos, e iniciar lo que se llama la “gran rectificación”.

Rectificaba el martes, el portavoz parlamentario del Partido Popular, Alfonso Alonso, anunciando a última hora, bajo la presión de una petición popular avalada por casi millón y medio de firmas, la llamada ILP (Iniciativa Legislativa Popular), que su partido votaría en el pleno del Congreso la toma en consideración de la dación en pago, para incorporarla al debate de la proposición de Ley que se va a discutir en el Parlamento.

Rectificaba el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, proclamando la revisión de la Ley de Tasas Judiciales, aprobada hace apenas dos meses, rebajando las mismas e, incluso, en algunos casos, como en los procesos de ejecución hipotecaria, anulándolas por completo.

Rectificaba la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, ordenando el despido del partido de Jesús Sepúlveda, imputado en el “caso Gürtel” y esposo de la ministra de Sanidad, Ana Mato, a pesar de que su número dos, el extremeño Carlos Floriano, días antes, había mantenido la tesis de que era funcionario del partido, con un contrato de muchos años que había que respetar por encima de todo.

Y rectificaba, este mismo miércoles, el presidente del Gobierno Mariano Rajoy al anunciar en la sesión de control en el Congreso de los Diputados, que los partidos políticos se someterán a la Ley de Transparencia, como ha venido pidiendo la oposición, a pesar de que la ley elaborada por el departamento de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría ni siquiera lo contemplaba. Es más los excluía. “Promoveré que los criterios de la ley se aplique a los partidos”, ha dicho el presidente, ante el asombro de algunos de sus compañeros, que le habían oído defender exactamente lo contrario.

En un intento de frenar el desgaste que reflejan todas las encuestas a raíz del escándalo Bárcenas, ex tesorero del partido, del descubrimiento de una cuenta en Suiza con 22 millones de euros, y de denuncias de supuestos sobresueldos en dinero negro a dirigentes del partido, así como de la falta de un relato coherente de todo lo sucedido, junto con la práctica desaparición del presidente del Gobierno para dar credibilidad a ese relato, parece que se quiere iniciar un camino de rectificación, reconociendo de este modo, que no basta para gobernar tener una mayoría en el Parlamento, sino que hay que contar también con un mínimo consenso social.

En este contexto, es posible que el presidente, se vea obligado a hacer una remodelación de su Gobierno, aunque se resiste a ello. Pero el estado anímico de la  ministra de Sanidad, Ana Mato, objeto de todas las críticas, incluso dentro del propio partido (Esperanza Aguirre ha dicho que ella la hubiera cesado y Núñez Feijóo le ha pedido explicaciones públicas ), la intensa ofensiva parlamentaria solicitando su dimisión y su salida del Gobierno, el que se la haya tomado como la cabeza de turco que el presidente tiene que entregar, sin que precisamente, no esté en ella la mayoría de los errores y las responsabilidades de lo que ha ocurrido en las últimas semanas, está siendo insostenible su situación, según fuentes cercanas a la ministra.

Afectada, sobre todo, por la repercusión que todo el escándalo está teniendo en su entorno familiar, acaba de declarar que no la van a doblegar por muchas infamias que se digan de ella, ya que cuenta con el apoyo del presidente del Gobierno. Es verdad que ante la petición de dimisión por parte del diputado socialista Eduardo Madina, ha respondido con bastante calma, pero los que creen conocerla sostienen que su estado de ánimo no responde ni mucho menos al tono de esa intervención, por lo que es posible que el presidente del Gobierno, aunque no quiera, se vea forzado a abrir una crisis.