PP y Rajoy: un grave problema de credibilidad

Si parte de nuestros políticos, sin distinción de partidos o de ideologías, hubiesen estado presentes este fin de semana en el Carnaval de Cádiz, habrían comprobado el estado de indignación de una población como la de la bahía gaditana, con una tasa de paro que supera el 36 por ciento y con unos datos de marginación y de pobreza que son de los más elevados de España,  y habrían reflexionado sobre la forma de hacer frente a ese peligroso caldo de cultivo de la desesperanza en la que estamos, y cuyo final desconocemos.

Si los políticos del PSOE y del PP, hubiesen sido capaces de aguantar las críticas, las descalificaciones y, hasta los insultos, todo dicho y cantado con un estilo y un sentido del humor único, ese humor surrealista y disparatado que solo tiene el gaditano, (aquí, la única que ha aguantado, por todos, con valentía y dignidad, ha sido la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez ), se darían cuenta de lo difícil que es ahora salir de la vergüenza de los escándalos de los Eres andaluces, de lo complicado que resulta que se crean que lo de los sobresueldos en negro según los dirigentes del PP es una pura invención o de lo disparatado que suena el que una ministra como Ana Mato siga sentándose en la mesa del Consejo de Ministros del Gobierno de España.

Por eso, cuando todos los componentes de las comparsas, coros y chirigotas, los del barrio La Viña y del Mentidero, los de la Isla, el Puerto y Jerez, se enteraron asombrados y todavía incrédulos, de que el partido del Gobierno pensaba querellarse con todos los que pusieran en duda la honorabilidad de algunos dirigentes populares en relación con el escándalo de los sobresueldos que, después de 25 días, sigue ocupando los principales espacios informativos de la prensa nacional e internacional, Bárcenas y Mariano Rajoy comenzaron a desplazar en las letras de cuartetos, comparsas y chirigotas, a los Urdangarin, a las Infantas Cristinas, a los Eres andaluces y hasta al mismísimo rey Juan Carlos. ¡Qué error, qué inmenso error! Querellarse contra los mensajeros, contra los llamados propagadores, y no contra los Bárcenas de turno, a los que Rajoy sigue sin nombrar por sus nombres y apellidos.

Y es que, después de tantos días de polémica, de enfrentamientos, de acusaciones, de declaraciones y contradeclaraciones ante la Fiscalía Anticorrupcion, de huir de los periodistas y de las ruedas de prensa frustradas, de dudar y rectificar, de estudiar querellas y demandas sin que se haya decidido nada, el problema ha quedado reducido a un problema de credibilidad, una credibilidad puesta en duda por gran parte de la ciudadanía, según encuestas que publican este domingo los diarios El Mundo y El País .

Para El Mundo, el 78 por ciento de los españoles considera que, en efecto, el PP manejaba dinero negro, el 76 por ciento que pagó sobresueldos en B y el 67 por ciento que Rajoy cobró o intervino en el reparto, al tiempo que el 84 por ciento cree que el extesorero Luis Bárcenas desvió dinero del PP a su bolsillo, el 80% que cobró “comisiones de Gürtel” y el 62%, que es autor de los polémicos papeles que se han venido publicando. Solo el diez por ciento cree en las explicaciones del PP, y que no hubo contabilidad oculta. A pesar del desgaste que suponen estos datos en la credibilidad de este delicado escándalo, el Partido Popular, que se encuentra en su situación más debilitada de los últimos veinte años, le saca cinco puntos de ventaja a un PSOE que sigue en una situación agónica, incapaz de beneficiarse del desgaste gubernamental, hasta el punto de bajar 0,6 puntos respecto al resultado electoral de las generales de noviembre de 2011. Aunque hay un dato sobre el que el partido gubernamental debe reflexionar: el 48,5 por ciento cree que Rajoy debe presentar la dimisión como presidente del Gobierno, frente al 43,7 %, y un 7,8 % que no sabe o no contesta.

La encuesta de El Mundo viene a coincidir con la de El País, ya que el 79 por ciento de los encuestados cree que las explicaciones que se han dado sobre el “caso sobresueldos”, no son “creíbles y suficientes”, al tiempo que el 72 % piensa que los dirigentes que aparecen en las listas deben dimitir de sus cargos. Especialmente irritante es el caso de la ministra de Sanidad Ana Mato, que, según el 83 por ciento de los encuestados, debería asumir sus responsabilidades políticas y dejar su sillón en la mesa del Consejo de Ministros, a pesar del apoyo del presidente del Gobierno.