El escándalo actual puede desembocar en una crisis institucional

Veintidós días después de que el periódico “El Mundo”, afirmase que durante años el Partido Popular ha estado pagando a algunos de sus dirigentes, incluido el presidente del Partido, Mariano Rajoy, sobresueldos en dinero negro, todo parece haberse convertido en una novela de intriga, en la que cada día que pasa, más difícil es encontrar la verdadera clave de la solución.

La realidad, es que veintidós días después de que se publicasen los primeros datos del escándalo, nadie importante de la dirección del Partido Popular, salvo José María Aznar, y Ana de Palacio, se han querellado contra el ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, nadie ha hecho pública, como se prometió, su declaración de la Renta y del Patrimonio, y el propio presidente del Gobierno se niega a una comparecencia pública, ni ante los periodistas, ni ante el Parlamento, para dar la cara y explicar qué es lo que realmente ha pasado desde que se supo que el señor Bárcenas tenía una cuenta secreta en Suiza que se elevaba a 22 millones de euros.

El gran escándalo, que es objeto de todo tipo de comentarios y de análisis por parte de los mercados y de la prensa internacional, ha derivado en un auténtico chau-chau, en el que se intenta confundir al ciudadano sobre si los documentos son buenos o falsos, si esa es la letra de Bárcenas o no, si estamos ante una auténtica “conspiración” contra el presidente del Gobierno, como insinúa Bárcenas, o por el contrario, estamos ante un caso de chantaje en el que el ex tesorero del PP ha llegado demasiado lejos, y que por el momento, estaríamos en el escenario en que ha arrojado una de las bombas de racimo que tiene, sin garantías de que en las próximas fechas, se puedan producir nuevos acontecimientos y nuevas explosiones, aunque el terror del Gobierno indica que quieren parar, como sea, un tema que no solo perjudica al presidente del Gobierno, a la estabilidad del Gobierno y de partido, sino a la complicada situación económica española.

La realidad es que, como sostiene hoy el periódico Financial Times, Rajoy parece haber asumido un riesgo al negar cualquier actividad ilícita en nombre del partido, quedando como garantía para invertir cualquier otra revelación. Sus rivales no intentarán denunciar que Rajoy sea corrupto personalmente; sino que ha sido incapaz de gobernar su partido -y por extrapolación-, no está cualificado para gobernar el país. La experiencia, en casos similares, indica que el ruido político en torno a este asunto no disminuirá en algún tiempo por lo que, estima el periódico, “que el Gobierno seguirá en una situación comprometida hasta que pueda demostrar que todos los papeles publicados hasta ahora, son fraudulentos (lo que será muy difícil de demostrar) y es improbable que suceda pronto…”.

Sin embargo, lo más demoledor, es el análisis que hace la agencia económica Bloomberg, que cuenta como los inversores están preocupados por la estabilidad política española y como esos inversores han estado deshaciéndose de sus posesiones españolas y elevando los costes de financiación del país, después de que surgiese el escándalo de corrupción con la implicación del presidente del Gobierno Mariano Rajoy.

En realidad, la probabilidad de que el escándalo Rajoy fuerce la caída del actual Gobierno de centro derecha es escasa, pero los inversores, cree la agencia, tienen razones para preocuparse, porque la estabilidad política supone algo más que la supervivencia de un gobierno. Requiere, también la confianza de los votantes en las instituciones que les rigen. Y la verdad es que las acusaciones de corrupción están corroyendo esa confianza en España.

A medida que se erosiona la confianza en el Gobierno del país, también lo hace el funcionamiento de sus instituciones.” Si se permite que sigan empeorando, – es la tesis- estos fallos podrían provocar la inestabilidad del entorno operativo empresarial del país, haciéndolo poco atractivo para los inversores, irremediablemente preocupados por los cambios repentinos en la regulación, por la corrupción e incluso por la seguridad. Cualquier pérdida de confianza de esta índole resultaría especialmente problemática en un país como España, que depende enormemente del capital extranjero y de las inversiones para financiar su actual déficit por cuenta corriente.”

Las tribulaciones españolas han sido etiquetadas como crisis económica, crisis inmobiliaria, crisis bancaria y crisis de la deuda. Son un compendio de todas ellas. Pero España, avanza también hacia una crisis institucional.