Gobierno, partido, y dirigentes paralizados

La confusión, el estupor, e incluso, el miedo, parecen tener paralizado al Partido Popular después de los dos último escándalos que han estallado como dos bombas de relojería y que han asombrado e indignado a la opinión pública: el descubrimiento por parte de la Audiencia Nacional de que el ex tesorero del partido, Luis Bárcenas, procesado por el “caso Gürtel”, tenía una cuenta en un banco de Ginebra (Suiza), por un total de 22 millones de euros y, la revelación horas más tarde, de que desde el mandato del expresidente José María Aznar se vienen pagando en el Partido Popular, sobresueldos, de entre 5.000 y 15.000 euros, a secretarios ejecutivos, cargos públicos y otros miembros del aparato. Ese dinero B, dinero negro, procede de constructoras, empresas de seguridad y donaciones, y con él se recompensaban a los más leales a la dirección y, se utilizaba, también para pagar a los escoltas de los amenazados por ETA.

Un escándalo detrás de otro, como si fuese causa-efecto, producía en el Palacio de la Moncloa una conmoción, mezclada con la sensación de que se podía estar en una nueva operación política contra Rajoy, igual que la que hubo poco antes del Congreso de Valencia donde fue reelegido presidente del Partido. Las vicepresidente Soraya Sáenz de Santamaría era la única que daba la cara con un mínimo de coherencia: Ella no había recibido nunca ningún sobre, lo hubiera rechazado y además, lo hubiera denunciado. El resto se convertía en un caos con posturas contradictorias hasta llegar a decir que ya Bárcenas “no era de los nuestros” cuando esa misma semana había estado en Génova, había utilizado su despacho, había usado su coche y a su escolta pagado por el partido, y había estado repasando papeles. Y como siempre, Rajoy callado, desaparecido

Cuando reaparece es el sábado, en Almería para clausurar la intermunicipal del PP, donde se niega a dar ningún tipo de explicación y una afirmación.”No me temblará la mano si tengo conocimiento de irregularidades”. Ni comisión de investigación como quieren los barones, ni ningún tipo de desmentido de la veracidad de la información, ni una sola sobre Bárcenas y los sobresueldos. Eso sí, todo el mundo es bueno, y el compromiso de volver mirar las cuentas, otra vez, una a una.

Total, nada. Nada ante la indignación popular que no puede entender que, en medio de tantos recortes, de tantos sacrificios, de tanta pobreza, de tanto sufrimiento, de tanta tristeza, de tanta injusticia, un grupo de privilegiados, cuya misión es precisamente sacar al país de esa situación límite y desesperada en la que se encuentra, estén cobrando un sobresueldo en dinero negro que, probablemente, ni siquiera han declarado a la Hacienda Pública o, que un simple gestor de un partido pueda ocultar una fortuna de 22 millones de euros en un paraíso fiscal. Una cantidad desproporcionad para una persona como Bárcenas, a menos que sea el intermediario de otros, y además esté lavando y blanqueando capitales.

A estas alturas, con medio país sublevado por lo que está pasando, ni el Gobierno sabe qué hacer, ni hay un plan B, ni el partido sabe cómo enfrentarse a estos dos graves casos, ni los dirigentes, desconcertados, son capaces de explicarle a los honrados militantes cuál es la verdadera situación. Todos, Gobierno, partido, dirigentes y militantes están a la espera de lo que va a salir y de comprobar, como dicen en fuentes cercanas al Gobierno, si hay o no, una nueva campaña interna para socavar a Rajoy y una verdadera lucha de poder… Aunque esto al ciudadano le importa bien poco.