Escándalo Bárcenas: Rajoy tiene que dar la cara

Cuando parecía haberse alejado el fantasma del rescate por la crisis de la Deuda, y algunos de los datos económicos empezaban a mejorar como las exportaciones, los últimos datos sobre la recesión económica que han sido más positivos de lo previsto, y también, la mejora de la productividad, a costa de unos salarios competitivos con los más bajos de Europa, una maldición parece haber caído sobre el Partido Popular, precisamente con el tema que más indignación provoca en la opinión pública: la corrupción que se ha convertido en un autentico cáncer para el sistema democrático.

En este sentido, una bomba de imprevisibles consecuencias, explosionó en la tarde del miércoles, y este jueves, su efecto explosivo, se ha extendido por la calle Génova de Madrid, sede nacional del Partido Popular y por el mismo Palacio de la Moncloa, sede de la Presidencia del Gobierno, donde dicen que todavía no salen de su asombro, en tanto Mariano Rajoy, ha venido defendiendo al tesorero nacional del partido, Luis Bárcenas, del que se decía que no podrían demostrarle ninguna ilegalidad y que en, cierto modo, el presidente del partido y del Gobierno, ha puesto en la mano en el fuego por él. Y como les ha pasado a todos que se empeñan en hacer ese experimento, se ha quemado.

Que la Audiencia Nacional haya hecho público que el ex tesorero nacional del Partido Popular, Luis Bárcenas, procesado por el “escándalo Gürtel”, tiene un total de 22 millones de euros en Suiza (a donde va con frecuencia, según ha declarado, porque le gusta mucho la práctica del esquí), que parte de ese dinero ha sido retirado y aparece ahora en Panamá, un país con unas medidas de control financiero bastante laxas, y que se haya reconocido por parte de su abogado, que Bárcenas se ha acogido a la amnistía fiscal de Cristóbal Montoro (aunque está procesado y no pueda acogerse a esa Ley y, por otra parte lo desmienta la Agencia Tributaria) ha sido, sin duda uno de los casos de corrupción que más daño le va a hacer al PP, en unos momentos en los que la indignación por los casos de corrupción (caso Urdangarin, familia Pujol, caso expresidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, actualmente en prisión, escándalo del robo organizado de las Cajas de Ahorros…) ha llegado a un extremo en que no habrá más remedio que tomar medidas radicales, por parte de todos los partidos, si no queremos que el cáncer de la corrupción, que se ha extendido a Autonomías, Municipios, Diputaciones y empresas públicas, termine con el sistema democrático.

Ante el silencio del Partido, de su presidente, y de las versiones contradictorias, justificadas por la información que en su poder tendría el todopoderoso, Luis Bárcenas, sucesor de Rosendo Naseiro, (procesado por financiación ilegal del partido en los años noventa, durante el mandato de José María Aznar, y exonerado por irregularidades por la utilización de las escuchas telefónicas) en el manejo de las finanzas del partido, y conocedor de todas los detalles de los créditos, las ayudas, las subvenciones y el dinero negro, manejado desde la sede central de los Populares, la interpretación que se está haciendo en determinados círculos políticos que más que preocupación, lo que existe, es miedo. Miedo a que Bárcenas hable, miedo a que dé nombres de a quienes pertenecen parte de esos 22 millones de euros aparecidos en Suiza. Porque no es posible que un simple tesorero o contable de un partido, haya amasado una fortuna, que solo en Suiza, (¿qué otros paraísos fiscales existen?) se eleva, nada más y nada menos que a 22 millones de euros.

Por eso Rajoy no puede guardar silencio sobre ese tsunami que se ha desatado sobre el PP. Rajoy no tiene más remedio que dar la cara. Es ahora, su principal obligación.