La entrevista real, otra oportunidad perdida

Si 2012 ha sido, sin duda, el peor año de Don Juan Carlos, desde que accedió al trono en 1975,  sus dos últimas comparecencias públicas -el Mensaje de la pasada Nochebuena y la bautizada por Televisión Española, como “entrevista”, con ocasión de su 75 cumpleaños, realizada por el veterano Jesús Hermida- han sido dos ocasiones perdidas, que han perjudicado, aún más, la imagen de la Corona ante un país, angustiado por la crisis, indignado con la clase política e irritado por los diarios casos de corrupción, que parece haberse convertido en un mal endémico.

Si el Mensaje de Nochebuena estuvo vacío y sin contenido y no se abordaron los verdaderos problemas y preocupaciones del país, la “entrevista” de Televisión Española ha venido a incidir en ese vacío y además, ha proporcionado a los españoles una imagen distorsionada del Rey, desprovista de espontaneidad, encorsetada. Nada que ver con su carácter y su personalidad, sino todo lo contrario de lo que es él.

Por eso, si la intención de la Casa Real, o de los nuevos responsables de Televisión Española, era presentar una imagen novedosa del Jefe del Estado, en un intento de recuperación del protagonismo político del Jefe del Estado, ni ésta era, probablemente, la ocasión; ni la fórmula elegida era la adecuada, teniendo el Ente, un programa que ha sido líder de audiencia, y que lleva por título “Tengo una pregunta para usted” ; ni Jesús Hermida, al que tanto respeto y admiro, el mejor interlocutor para una charla con el Jefe del Estado en la que se ha ignorado de nuevo lo que más preocupa y lo que más interesa a la opinión pública.

A estas alturas, no se puede ignorar el escándalo Urdangarin, ni pasar por alto el desgaste de la imagen real, a raíz del viaje a Botswana acompañado de amistades inadecuadas que siguen discutiéndose en la plaza pública, ni incidir en el estado de salud del Rey tras las sucesivas operaciones que ha tenido que sufrir este año, ni referirse al el estado crítico en el que se encuentra el país, con una crisis económica, política e institucional, la más grave desde la instauración de la democracia, ni hacer la mínima referencia a las consecuencias dramáticas que la crisis está teniendo para millones de españoles, especialmente para los más desfavorecidos…

Si estaba descartado, de antemano, abordar estos temas: ¿Cuáles eran los mensajes que se querían colocar a la opinión pública? ¿Para qué una entrevista que debía saberse de entrada que no conectaba con la opinión pública? ¿Que estado mayor ha preparado toda esta operación que se ha convertido en un error más, de los muchos que se han cometido en los últimos meses? ¿Cómo no se preparó (¡Dios mío que sillas! y qué colocación de los dos personajes) hasta el más mínimo detalle, aparte de los tiros de cámara, esta primera “entrevista” a la televisión pública española? ¿Tiene algo que ver esta aparición, con el plan que, supuestamente, habrían elaborado tres expertos internacionales en marketing, en el convencimiento de que la Monarquía se vende como si fuera cualquier empresa comercial o marca?

El único mensaje que el país ha entendido (aparte del llamamiento a la unidad y a la consolidación del modelo de Estado), es que el Rey no tiene intención de abdicar, a pesar de tener a un Príncipe Heredero espléndidamente preparado al que, por el momento, no ha afectado el desgaste de la Institución en los últimos meses . Con lo cual, el debate nacional se ha centrado en ese tema, por lo que debe entenderse que ese era el objetivo principal de la “entrevista”, y no mostrar a la opinión pública, y muy especialmente a las nuevas generaciones, la verdadera cara de un Rey sin cuya contribución, el cambio político, no hubiera sido posible en nuestro país, tras la desaparición del general Franco.

En resumen: una ocasión perdida, en unos momentos en los que no se pueden perder oportunidades para dar al país un mensaje de solidaridad con lo que está pasando y de esperanza de que todo puede cambiar.