A Rajoy se le ha podrido el conflicto catalán

Cuando el presidente de la Generalitat Artur Mas, disolvió el Parlamento catalán dos semanas después del éxito de la manifestación de la Diada del pasado 11 de Septiembre en Barcelona, la Moncloa, preocupada por la crisis económica y, sobre todo, obsesionada por el rescate, no valoró suficientemente el gesto político de Mas de disolver el Parlamento y convocar nuevas elecciones, a pesar de que días antes, en el mismo Palacio de la Moncloa, el presidente del Gobierno, ya había sufrido el chantaje de que o se aceptaba el Pacto Fiscal o, por el contrario, se iría a la confrontación y se convocarían nuevas elecciones autonómicas.

El presidente del Gobierno en vez de denunciar, ese mismo día a la opinión pública el chantaje de Mas,  e informar de que no había tenido más remedio que poner fin a la entrevista porque el chantaje y la amenaza se había producido en la sede del poder Ejecutivo del Gobierno de España, no dijo nada, calló, y solo reveló lo que es un gravísimo incidente, muchos días más tarde, probablemente, en la creencia de que las cosas no irían a mayores.

Cuando, posteriormente, comenzó la campaña electoral y tanto el señor Mas como Convergencia, radicalizaron el discurso independentista basando todo su programa en la independencia de Cataluña como nuevo Estado de Europa (la propia Comisión Europea tuvo que desmentir esa pretensión) y en lo que “España les roba” (otra falsedad), el señor presidente del Gobierno siguió con su táctica escapista y se acuñó entonces la tesis de que, después de las elecciones del 25 de Noviembre, el “soufflé”, que había subido en exceso durante esos días, bajaría y todo volvería a la normalidad.

Este miércoles, después de la firma del pacto entre Convergencia y Unió y Esquerra Republicana de Catalunya, “acuerdo para la transición nacional y para garantizar la estabilidad parlamentaria del Gobierno de Cataluña”, la única reacción de Mariano Rajoy, en el Parlamento, presionado por Esquerra, que le ha pedido incluso, que convenza a Europa de la bondad de la independencia catalana, ha sido una frase antológica: “lo único que no tiene sentido es entrar en procesos de separación; el futuro está en la unión”. Una frase que, como dice Rosa Díez, dice muy poco para tranquilizar a los españoles.

De esta forma, el “soufflé” no ha bajado como muchos creían, sino todo lo contrario. Derrotado Mas en las elecciones del 25 de Noviembre, al final, ha pactado con Esquerra, y en un claro desafío al Gobierno de Rajoy, se ha comprometido a llevar a cabo el Referéndum de independencia en 2014. Para rematar el desafío, y a pesar de que está en funciones, ha aprobado la creación de un impuesto sobre los depósitos bancarios que entrará en vigor esta misma semana. Es decir que a los señores de CiU se les ha olvidado un principio fundamental de la democracia: ‘no taxation without representation’. Es un gobierno provisional, no hay parlamento constituido y solo cabe poner impuestos por ley. Pero, aquí todo es posible.

¿Llegará el Gobierno hasta el final si el Tribunal Constitucional anula, como está previsto, el Referéndum que pretende celebrar el señor Mas que es claramente inconstitucional? ¿Está dispuesto a inhabilitarle por la vía penal si no cumple la sentencia del TC? Si, aún inhabilitado, sigue adelante, ¿el Gobierno aplicará el artículo 155 de la Constitución que regula estos casos de rebeldía?

Dice el artículo 155 de la Constitución “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas”.

Este jueves, con el inicio, por la tarde, de la investidura de Artur Mas empieza la cuenta atrás de un conflicto que desde la convocatoria de las nuevas elecciones catalanas no se ha enfriado sino todo lo contrario, y que además, se debía haber afrontado mucho antes y con mucha más decisión.