Rajoy no tiene culpa de nada

En el segundo balance que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, hace sobre su primer año de mandato, esta vez en el Senado, y a la espera de la rueda de prensa que celebrará el día 28, día de los Santos Inocentes (es el trámite que más le suele costar), ha vuelto a echarle la culpa a la difícil situación heredada (DISH), la adopción de todas las medidas de ajuste, que han llevado al país a un estado económico de recesión. En este sentido Rajoy no tiene culpa de nada.

Si en Toledo, en la interparlamentaria del Partido Popular, ya comenzó este lunes a señalar al anterior Gobierno como el responsable de todo lo que se está haciendo, desde el punto de vista de los ajustes y de los recortes desde hace un año, debido al elevado déficit (8,5 por ciento del PIB), que dejó Zapatero, este martes, en el Senado, ha vuelto a insistir en lo mismo, aunque, en esta ocasión, como el ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, no ha hablado de que “Gobernar es repartir sufrimiento”, sino que ha matizado y, eso sí, ha asegurado que no ha podido cumplir su programa por la herencia que ha recibido. El no tiene culpa de nada.

Probablemente, la subida de todos los impuestos (IRPF, IVA e impuestos especiales); la no regularización de las pensiones, una de las líneas rojas que, según él, nunca traspasaría; la promesa de no dar ni un duro a la Banca o crear un “Banco malo”; el abaratamiento del despido gracias a la nueva reforma laboral; el copago sanitario, los recortes en Educación o los cientos de miles de nuevos parados, también habrá que endosarlo a la herencia recibida. Eso es culpa del anterior Gobierno.

Igual que ese compromiso de decir siempre la verdad, de “llamar al pan, pan y al vino”, de comparecer periódicamente en un Parlamento del que se huye siempre que se puede, de sentir horror a las ruedas de prensa, del aumento de la tensión social, del desprestigio generalizado de la clase política, de la falta de decisión para abordar lo que parece que puede ser inevitable como la escisión de Cataluña. Todo viene de esa herencia, que no se sabe cuando se terminará de pagar.

Desde fuera, desde el observatorio de la prensa internacional, especialmente de la prensa alemana que más frecuentemente analiza los acontecimientos de España, se ve de otra forma muy distinta y con un resumen demoledor: “Si hay algo que ha conseguido el presidente del Gobierno español, en su primer año en el cargo, es que los españoles cerrasen filas en las calles”.

Rajoy ha enojado a todos: desde los que se han quedado sin trabajo, los que han sido desahuciados, hasta escolares, estudiantes, padres, profesores, jueces, médicos, funcionarios e incluso jubilados. En noviembre de 2011, Rajoy ganó las elecciones con mayoría absoluta. Dijo que sabía cómo funcionaban las cosas y que los mercados financieros lo reconocerían. Según él, la crisis era controlable sin necesidad de recortes en las cosas esenciales. Que no aumentaría el IVA, que no recortaría en el sistema educativo y sanitario, y que la adaptación de las pensiones a la inflación era segura.

“El gobierno de Rajoy – afirma “Die Tageszeitung”- no ha podido, ni ha querido cumplir con todo esto. A lo sumo los bancos y los ricos han salido ilesos. En todos los ámbitos de la administración se organizan protestas. La “marea verde” de los profesores y la “marea blanca” del personal de hospitales son los movimientos más grandes. Los manifestantes acusan a Rajoy de “fraude electoral”. Se organizan en los sindicatos o forman sus propios comités que se sintonizan en asambleas de las bases o vía internet. Este es el aspecto positivo. Pero al mismo tiempo se pierde la fe en la democracia como tal. La oposición socialista tampoco convence. Al fin y al cabo fue ésta la que, antes de las elecciones del 2011, inició lo que se vende como “política sin alternativas para superar la crisis”.

Casi todos los días, según lo recogen numerosos medios internacionales, hay manifestaciones contra la política de austeridad en Madrid y otras ciudades de España. Para protestar contra los Presupuestos Generales del Estado, el movimiento de los Indignados ha convocado una marcha de protesta para este jueves que va a adoptar la forma de un funeral. Un funeral por un país en el cual una cuarta parte de los trabajadores está parada y las consecuencias sociales de la recesión son cada vez más severas, aparte de que le espera un año más de restricciones de gastos que han de llegar a 40 mil millones de euros.