Esquerra retrasa la investidura de Artur Mas

Artur Mas no será  reelegido presidente de la Generalitat catalana hasta después de las fiestas navideñas, según el calendario que ha impuesto Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), y que tendrá que ser aceptado por Convergencia i Unió, si quiere el apoyo del grupo independentista catalán, que será el único con el que contará el nuevo presidente para llevar a cabo su plan soberanista para el cual adelantó las elecciones autonómicas el pasado 25 de noviembre. De esta forma, la investidura de Mas, que en principio estaba prevista para el jueves de esta semana puede retrasarse hasta principios del mes de enero, inmediatamente antes de la Fiesta de Reyes.

Antes incluso de votar la investidura, Esquerra es el partido que está marcando el  ritmo de la toma de posesión del nuevo Ejecutivo catalán y el que está llenando de contenido lo que será ese plan de “transición nacional” que se viene elaborando entre representantes de Esquerra y de CiU. Es más, todas las negociaciones  parten de un único documento de Esquerra en el que se incluye todo un catálogo programático que va desde una administración tributaria propia hasta competencias plenas en puertos, aeropuertos y ferrocarriles, pasando por la implantación de un Banco Nacional de Cataluña, una Administración de Justicia propia, una Seguridad Social catalana, e  incluso, toda una relación de impuestos para que se graven  los grandes patrimonios, las grandes fortunas, la banca, las industrias medioambientales y las grandes superficies.

Un programa que tiene poco que ver con la ideología de centro derecha de Convergencia, o la inspiración demócrata cristiana o de Unió, aunque sí, con lo que siempre ha defendido una Esquerra que,  poco a poco,  se está presentando como la verdadera vencedora de las elecciones del mes pasado. En estos momentos puede decirse que el que está negociando su investidura no es Artur Mas, sino quien se quedará con todo: el hombre fuerte de Esquerra, Oriol Junquera.

El tono de lo que será esta legislatura que muchos auguran que será una legislatura corta porque no se podrá llevar a cabo, legalmente, el referéndum independentista, lo ha dado el discurso de toma de posesión de la presidenta del Parlamento catalán Nuria de Gispert que aunque  ha apelado a la tradición catalana de paz frente a la bronca, ha hecho un discurso claramente frentista, con el que ha estado en desacuerdo el resto de las fuerzas políticas, como el Partido Socialista Catalán (PSC), Ciutadans o el Partido Popular.

Gispert que ha defendido el derecho a decidir de Cataluña  y de unas “nuevas relaciones con España”, se ha remontado a los siglos XI y XII a la compilación jurídica catalana, Els Usatges de Barcelona (que podría traducirse  al castellano como usos o mejor usanzas), que son los usos y costumbres que forman la base del derecho constitucional catalán, y a los llamados “Pau i Treva” (Paz y Tregua), para defender “una historia difícil, pese a los momentos de crisis, de caída y capitulación y los intentos demasiados frecuentes  de liquidar nuestra  identidad aunque  podemos decir que nunca  nadie  ha podido apagar la llama de la catalanidad y nuestra voluntad de ser un pueblo libre y una nación plena. Somos una gran nación, de la paz y de la tregua”.

Efectivamente una nueva época partiendo de la base, como ha defendido la presidenta del Parlamento catalán, de que la Diada del pasado  11 de  Septiembre supuso un punto de inflexión en la historia del catalanismo, “el fracaso de la apuesta autonomista”, así como de todos los “intentos de encaje de Cataluña en el Estado”.