La desesperante duda de Rajoy sobre el rescate

El Gobierno, después de muchos meses de dudas y de vacilaciones, sigue pensando todavía si debe pedir o no el rescate soberano, algo que tenía congelado desde que solicitó el rescate bancario, al estabilizarse últimamente el mercado con una prima de riesgo por debajo de los cuatrocientos puntos y con la esperanza de que ese nivel fuese progresivamente bajando hasta el nivel de los trescientos puntos que, fuentes oficiales, cree que sería el nivel que España se merecería, en estos momentos.

Mientras un sector del Gobierno piensa que habría que pedir el rescate ya, de cara al año que viene en que el Estado tendrá que conseguir en los mercados, una financiación de más 200.000 millones de euros, y otra cantidad muy superior las empresas privadas endeudadas, y sin posibilidad desde hace mucho de acceder al crédito, otro sector pretende que se aguante, pensando que, después de que se encuentre una solución para la crisis italiana, tras la salida de Mario Monti, la prima se relaje como ha pasado a lo largo de este martes, tras la explosión de la bomba de racimo que fue el pasado fin de semana, el regreso del “Cavalieri” a la política activa, y el anuncio de dimisión de Mario Monti.

Avala esta tesis el que este martes,  en la subasta de deuda a corto plazo, se ha producido un aumento de la demanda que ha superado en un once por cuento los 3.890 millones de euros a doce y dieciocho meses,  al tiempo que se volvía a relajar la prima de riesgo.

Haber rebasado los máximos de la subasta ha ayudado a disipar las dudas surgidas tras el castigo que sufrió el Tesoro en la subasta de deuda a largo plazo de hace una semana, en la que no logró alcanzar los topes por 250 millones, y el repunte del lunes en la prima de riesgo. No obstante, este martes, además de superar expectativas, también ha conseguido rebajar los intereses y ha registrado más demanda que en la última emisión del mes pasado a los mismos plazos. En total, se han solicitado 2,5 veces más de títulos que los finalmente vendidos.

Sin embargo, el problema para el eterno dubitativo y desesperante Rajoy, es que teme que la canciller alemana le vete el rescate, a la vista de las elecciones generales del otoño del año que viene, a las que quiere llegar sin enfrentamientos con un Bundestag reacio a meter más dinero en Grecia y, además en España. El propio comisario Olli Rehn que ha urgido al presidente español a que pida, cuanto antes, el rescate, utilizando los fondos del MEDE (Mecanismo Europeo de Seguridad), no ha podido garantizarle que Alemania, o cualquier otro países que ostente la triple A en la calificación de su Deuda, como pasó con el rescate bancario, manifieste sus reticencias a ese nuevo rescate soberano. Aparte de que las condiciones que pondría Bruselas a este rescate serían muy duras y agravarían, aun más, la actual tensión social, y las protestas en las calles por los nuevos recortes y ajustes. Solamente hay que ver las condiciones que se han impuesto por los 40.000 millones de euros por el rescate de los Bancos para calcular lo que pueden exigir para un segundo rescate que se aprobaría pero con condiciones más duras de las de hace meses.

El BCE anunció hace tres meses que estaba dispuesto a adquirir cantidades ilimitadas de bonos emitidos por países de la Eurozona en dificultad, siempre que presenten previamente una petición oficial de ayuda. La concesión de ayuda va ligada a una serie de condiciones muy estrictas.

Mientras tanto, toda la prensa europea, y muy especialmente la italiana, especula sobre hasta dónde puede llegar el llamado “efecto contagio” de la crisis italiana sobre la prima de riesgo, y sobre ese inminente rescate que algunos creen que España podría solicitar después del Consejo Europeo de este jueves y viernes en Bruselas. Esa prensa especula (especialmente “Il Corriere della Sera) sobre si el presidente Rajoy se decidiese a pedir la ayuda mil veces aplazada ya que entonces se produciría la paradoja de que Mario Monti obtuviese lo que quería, precisamente cuando ya podría servirle de poco. Hace meses que la estrategia de Monti era esperar que fuese España la primera en experimentar el nuevo engranaje de ayudas europeas. “Probar el dulce”, decía Monti. Era una opción racional: el gobierno italiano habría podido disfrutar de los beneficios si la intervención a favor de Madrid hubiese tenido como efecto la disminución de la fiebre para todos; habría podido decidir imitar a Rajoy si el programa del BCE se hubiese revelado benéfico para España; o no imitarlo, si se hubiese demostrado tóxico.