Peligro: la calle al margen de la Constitución

El 34 aniversario de la Constitución española  ha coincidido con el peor momento  de la reciente historia del país y, además, con la mayor crisis desde la muerte del general Franco en 1975. Una crisis que no solamente es una crisis económica, una crisis bancaria y una crisis de deuda soberana, sino también una crisis institucional, una crisis de valores y una crisis política en la que la clase dirigente, los partidos políticos y los sindicatos,  constituyen, según todas las encuestas, el tercer problema del país, una crisis constitucional y de modelo de Estado, en el que una de sus partes, una de las Autonomías, Cataluña, está metida en un plan soberanista cuyo primer paso es la convocatoria de un referéndum para la independencia, su escisión de España y su ilusión de ingreso como un Estado más dentro de la Unión Europea, y una crisis de falta de confianza de ciudadanía  en el propio sistema.

Cuando este jueves  gran parte de la clase política  nacional, local y autonómica se  reunía en el Palacio de la Marina Española, sede del Senado, para celebrar un aniversario más de la Carta Magna, todo el interés informativo del acto estaba centrado, por primera vez, en la necesidad de una urgente reforma constitucional, algo que flotaba en el ambiente, y que también hay que decirlo, parece  imposible de conseguir, ya que en estos momentos entre todos los partidos políticos no existe ese  mínimo margen de consenso que hizo posible la Constitución de l978. Una Constitución, que, treinta y cuatro años después, es puesta en duda por amplios sectores de la sociedad española.

La encuesta del CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), hecha pública con ocasión del aniversario constitucional no deja lugar a dudas  y debería abrir un periodo de reflexión entre los dirigentes y representantes políticos. Si el 67,5% de los españoles está “poco” o “nada” satisfecho con la forma en que funciona la democracia en nuestro país y más de la mitad, un 51,5%, tiene la misma opinión de la Constitución, no es menos preocupantes que lo españoles estén convencidos de que la Carta Magna se respeta poco o nada, frente al 21,2 por ciento que la respeta” bastante o mucho”

A pesar de tantos cambios en el sistema educativo,  asombra que el grado de conocimiento de la Constitución sea tan bajo y tan superficial.  Sólo un 15,8% de los ciudadanos reconocen haberla leído entera, solo un 15,8 por ciento confiesan haber leído algún artículo suelto, casi la mitad, el 48,9%, admite que no la ha ojeado nunca y solo un 36.4 por ciento conoce la fecha exacta  de su aprobación, aunque la mayoría se lamenta de que a lo largo de todos  estos años en los colegios no se haya enseñado el significado de la Constitución, sus valores  y su divulgación, algo esencial en la cultura democrática  y cívica de cualquier país.

Es ahora,  cuando probablemente dentro de la población hay una mayoría  de generaciones que o nacieron después de la elaboración y aprobación de la Constitución o tenían una edad en la que todavía no podían valorar  su verdadero significado, cuando estamos instalados en una crisis que nos devora es ahora cuando tenemos que abrir ese periodo de reflexión que nos exige la realidad de un país que está viviendo al margen de los valores constitucionales y que,  además, está convencida de que poco sirve esa Constitución si no se cumple o no se hace cumplir. Y muchas veces quienes no la  cumplen ni la hacen cumplir son precisamente quienes nos  representan y quienes nos gobiernan que, muchas veces, no son conscientes de lo que está pasando en la calle, al lado mismo de ellos…