El gran ridículo de Artur Mas

Hace unos días, este cronista, a la vista de todas las encuestas sobre las autonómicas catalanas, escribía que el gran problema para Convergencia i Unió y para Cataluña no era que quienes habían disuelto el Parlamento, en medio de la más grave crisis económica de la historia de España, desde el final de la Guerra Civil, estuviesen al borde de la mayoría absoluta, sino que el presidente de la Generalitat, Artur Mas, el hombre que no había querido enfrentarse con esa dramática realidad económica y disolvió el Parlamento dos años antes de lo previsto, estuviese al borde del ridículo.

Este domingo podemos aclarar que el señor Mas no está al borde del ridículo. Está en el ridículo más completo y que, en todo caso, si ya no hubiese desaparecido, sería merecedor de aquel Premio Periodístico de “Tonto contemporáneo” de un grupo de periodistas malvados que concedían todos los años después de elaborar una amplia listas de finalistas, aunque, en este caso, muchos hubiesen protestado su candidatura no porque tuviese méritos para ser tonto, sino por no ser contemporáneo, según ha venido demostrando a lo largo de la campaña electoral .

Disolver anticipadamente el Parlamento, entrar en éxtasis por la manifestación multitudinaria del pasado 11 de septiembre, creyendo que, por fin, había llegado la hora de la independencia (“Catalunya is not Spain”), tensar las relaciones con el resto del país hasta unos extremos intolerables, chantajear al presidente del Gobierno de España con el Pacto Fiscal, construir todo un prontuario independentista prometiendo ser un nuevo Estado en Europa que iba a superar en renta y en bienestar incluso a los países nórdicos, montar una campaña electoral que ha costado más de 30 millones de euros cuando el paro afecta a casi 200.000 personas, la inflación se ha situado en la tasa más alta de los últimos cuatro años y la autonomía ha tenido que ser rescatada por el Estado del que se ha querido escindir.

Al final, el electorado se ha dado cuenta de que las bases en las que se apoyaba el proyecto independentista (independencia dentro de Europa, España nos roba, nos discrimina) eran unas bases falsas. Y en todo caso, si hay que pedir la independencia (el jamón,  jamón) se pide directamente y no se piden sucedáneos. Para independencia, Esquerra Republicana, que pasa de 10 a 21 diputados, y no Convergencia, que pierde 12 diputados, de 62 a 50. Pasa igual con el Partido Popular, que solo gana un diputado frente al fenómeno de Ciutadans, que triplica el número de escaños, de tres a nueve.

Especialmente significativos son los resultados del PSC (Partido Socialista de Cataluña), que de 28 diputados, segunda fuerza política de Cataluña, se queda con 20 y en el puesto tercero, desplazado por Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) el partido más beneficiado por la campaña independentista de Mas. Hasta las últimas elecciones generales, el PSC, junto con los socialistas andaluces, ha sido el principal granero electoral del PSOE. Amplió sensiblemente las mayorías absolutas de Felipe González y de Rodríguez Zapatero (años 1982-86/2000-2004), fracasó en las últimas municipales y autonómicas catalanas, como el partido a nivel nacional, ha entrado en barrena, defendiendo una estructura federal del Estado, y un referéndum con reforma de la Constitución, que no ha calado en un electorado muy polarizado entre independencia sí o independencia no, es decir, Convergencia i Unió y Esquerra no y Partido Popular y Ciutadans, sí. Y que no ha sabido o no ha podido, además, desprenderse de esa sensación generalizada de derrota que existe entre sus dirigentes y militantes.

Esta nueva derrota, que ha sido menor que lo que vaticinaban las encuestas, puede volver a replantear el futuro de la actual dirección del PSOE, y el de su secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba. Lograron sortear la derrota de las generales del pasado año culpando a Zapatero, volvieron a culpar al expresidente del Gobierno por las derrotas en las autonómicas gallegas y vascas, y, ahora, que ya no está Zapatero, tendrán que hacer una profunda reflexión y un gran debate sobre el futuro de un socialismo que va de derrota en derrota, que no satisface al electorado con el tipo de oposición que está haciendo, que no tiene resuelto sus graves problemas internos de reparto del poder (veremos la reacción de Carme Chacón que, hasta ahora, ha actuado con mucha prudencia, la del presidente andaluz, José Antonio Griñán, y la de los expresidentes autonómicos José María Barreda y Guillermo Fernández Vara) y que tiene congelada todas sus decisiones hasta unas primarias para elegir candidato(a) a la Presidencia del Gobierno sobre las que, todavía, no hay fechas concretas.

Pero será difícil que no pase nada después de los últimos y sonoros fracasos electorales. Sin tener en cuenta los resultados de las últimas generales y de las anteriores municipales y autonómicas de mayo de 2011, en los que los socialistas perdieron casi todo el poder local y autonómico, y que fueron ambas una catástrofe debido sobre todo al “efecto Zapatero”, en las autonómicas andaluzas el PSOE perdió casi once puntos (654.831) y nueve diputados, en las autonómicas gallegas 10,49 puntos (230.817 votos) y siete diputados y en las autonómicas vascas 11,57 puntos (106.172 votos) y nueve diputados. Este domingo en Cataluña, donde han ganado todas las elecciones cuando se trataban de elecciones generales y, en esta ocasión, había elementos como para considerar los comicios catalanes como unos de interés nacional, han perdido más de sesenta mil votos y ocho diputados.