Réquiem por un aniversario

Decía recientemente el periodista Rubén Amón, uno de los más brillantes de su generación, que el Partido Popular iba a celebrar su primer año de la victoria en las elecciones generales, que se conmemora este martes, con un Réquiem.

Amón, incisivo, con un peculiar e imaginativo sentido del humor, debe creer que, dada la situación del país, se ha substituido la posibilidad del Tedeum, un signo siempre de Acción de Gracias, por el Réquiem, más en consonancia con la cura de austeridad a la que se ha sometido el país en los últimos doce meses.

Una cura que ha afectado, casi exclusivamente, al ciudadano porque, a pesar de todos los esfuerzos, a pesar de todos los sufrimientos, no se cumplirán los objetivos de déficit, ya corregidos y marcado por Bruselas. Y terminaremos el año con casi punto y medio por encima de ese 6,3 por ciento comprometido.

Pero es que, además, todas las grandes magnitudes han empeorado en el último año, un año que iba a suponer, según el discurso popular, la recuperación de la confianza, condición indispensable para el crecimiento económico, y la creación de empleo.

Por el contrario, se ha agravado la recesión económica (el tercer trimestre del año pasado, todavía, se estaba creciendo débilmente a un 0,8 por ciento, frente a este último trimestre que la economía ha decrecido un 1,8 por ciento); se ha agudizado la destrucción de empleo (800.000 parados más en un año), ha aumentado el pesimismo sobre el futuro más o menos inmediato de la economía nacional, se ha extendido una ola de pesimismo entre importantes sectores de la población española, y se ha empezado a dudar hasta de los partidos y de la clase política.

Y, no es para menos. El empobrecimiento de la población, la proliferación de casos de corrupción, el exceso de gastos de las Comunidades Autónomas, que al final, la mayoría, han tenido que ser rescatadas por el Estado central, mientras ese Estado central estudia, desde hace meses, si solicita o no el rescate europeo cuando todavía no ha llegado la primera entrega del rescate bancario; el aumento en la calle de la agitación social, la convocatoria de dos huelgas generales en el corto espacio de dos meses; el desafío independentista de Convergencias i Unió y del presidente de la Generalitat, Artur Mas, han creado un clima de crisis que no ayuda en nada a ningún tipo de recuperación económica, sobre todo con las recetas de la canciller Merkel que se están aplicando a rajatabla.

Y todo eso, con un empeoramiento de los grandes números excepto las exportaciones que han mejorado espectacularmente. Quizás lo más negativo sea el aumento del paro que, en un año ha pasado de una tasa del 21,5 por ciento al 25 por ciento, es decir, que en un año han ido al paro 800.000 personas, una cifra que no tiene parangón con ningún otro país europeo, especialmente las cifras del paro juvenil que supera el cincuenta por ciento.

A la complicada y deteriorada situación económica, heredada del Gobierno anterior, hay que sumar el incumplimiento de gran parte del programa electoral por parte del actual, ya que después de haber defendido durante toda la campaña electoral, que se bajarían los impuestos con la teoría liberal de que donde mejor está el dinero es en manos del contribuyente y no en manos del Estado, para dinamizar la economía, se ha hecho exactamente lo contrario: aumentar el impuesto sobre la renta de las personas físicas (IRPF), aumentar de nuevo los impuestos especiales, introducir nuevas tasas y, retocar al alza el IVA, algo que según el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no se iba a tocar bajo ningún concepto.

Pero si grave es la situación económica, que va a empezar a mejorar en 2014, según el vaticinio que acaba de hacer el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, no le va a la zaga la situación política que ha desembocado en la peor crisis que vive el país desde la muerte del general Franco, hace este martes, treinta y siete años. Una crisis con todos los elementos de preocupación: desprestigio de la clase política, desprestigio de los sindicatos, ofensiva independentista, reclamaciones de reforma constitucional, malestar social creciente, empobrecimiento, desahucios… Realmente alarmante.