Las trampas de Artur Mas

El presidente de la Generalitat Artur Mas ha dado respuesta a las encuestas que le dan el mismo número de escaños que cuando decidió disolver el Parlamento y, a las acusaciones que le relacionan con cuentas opacas en Liechtenstein y Suiza, junto con el expresidente Jordi Pujol, fruto de supuestas comisiones de obras públicas durante gobiernos de Convergencia i Unió, anunciando que adelantará el calendario para el proceso soberanistas a dentro de poco más de dos meses, concretamente a enero del año que viene. “El proceso soberanista – ha dicho a la cadena SER- comenzaría, sin perder tiempo, en enero de 2013″.

En vez de iniciar un proceso de reflexión para encontrar una explicación de por qué no sube en las encuestas cuando ha querido movilizar al pueblo catalán a favor de un prometido Referéndum soberanista, la escisión de España y la incorporación, como nuevo Estado europeo a la Unión (algo que las autoridades de la Bruselas ya han aclarado que es imposible), el señor Mas ha preferido la huida hacia adelante, adelantar todo el proceso e, introducir una variación en su mensaje que no deja de ser una trampa más. Si antes pedía una amplia mayoría absoluta, ahora solo pide una “mayoría soberanista” para su proyecto independentista contando con Ezquerra Republicana de Catalunya (ERC) que, según algunos sondeos, puede convertirse en la segunda fuerza política del Parlamento catalán. La segunda trampa es convencer a todos de que si aumenta la diferencia de más de 34 escaños respecto a la segunda fuerza política que tiene ahora, no puede considerarse un fracaso.

Las encuestas dan al “frente soberanista” un máximo de 82 diputados (subiría nueve respecto a las anteriores elecciones autonómicas), una cifra cómoda para Artur Mas, si se compara con el “frente constitucionalista”, que pasaría de 50 diputados que tiene ahora a solo 43, contando a socialistas, populares y Ciudadans. De esta forma, Ezquerra Republicana de Catalunya, que todavía está pagando las consecuencias del desgobierno del tripartito catalán presidido por Pascual Maragall y por José Montilla, pasaría a ocupar un papel de protagonista en el proceso que Mas quiere iniciar en el mes de enero, algo que ha levantado todo tipo de suspicacias en el mundo económico y financiero de Cataluña.

En este sentido Artur Mas pretende ir más rápido que, incluso, los sectores más radicales de los partidos vascos en Euskadi que no plantearán ningún tipo de desafío hasta que no tengan la seguridad de ganarlo. Fue lo que explicó en su momento, año 1998, Arnaldo Otegui: “Sólo pediremos un referéndum de autodeterminación cuando presintamos tener a favor el 70 u 80% del electorado”.

En estos momentos, según las últimas encuestas, la postura independentista no tiene a su favor ni el 80, ni el 70, ni el 60, ni siquiera, el 51 por ciento. Según un sondeo de Metroscopia, el resultado final de un posible Referéndum sería tan ajustado que el 46 por ciento de los catalanes se mostraría a favor de la independencia, y un 42 por ciento, a favor de seguir formando parte de España. La diferencia entre una y otra opción es, hoy, de cinco puntos, frente al anterior sondeo del mes de octubre, entre otras razones, porque ha quedado bien claro que una escisión de Cataluña de España supone, también, una salida de la Unión Europea ya que esa promesa de una Cataluña como un nuevo Estado de la Unión, hoy por hoy, es imposible. En caso de quedar fuera de Europa, como así es, esa opción solo la votaría el 37 por ciento de los catalanes, frente a un 50 por ciento que apostaría por mantenerse dentro de España.

Otro sondeo, este de Sigma Dos, arroja datos muy parecidos, ya que el no a la independencia (45,3%) se impondría al sí (38.7%) y son más (46,4 %) los que no están de acuerdo con que se convoque el Referéndum en contra del marco legal que los que (39,1%) piensan que sí, a pesar de la sentencia en contra del Tribunal Constitucional.