Rajoy y la comedia de enredo catalana…

Cataluña ha acaparado casi toda la actualidad política de la semana, hasta convertir algunas de las noticias que se han producido en simples manifestaciones de una comedia de enredo. Que varios señores eurodiputados catalanes hayan enviado una carta al Parlamento europeo para que medien ante el gobierno español para que no haya ninguna intervención militar en el territorio de la Generalitat; que diputados catalanes de Esquerra le hayan exigido a Mariano Rajoy que se comprometa públicamente  que no enviara tropas a Cataluña; que en el Parlamento español, el  político catalán Albert Bosch le haya pedido al Ministro de Hacienda, Cristobal Montoro, que incluya en los presupuestos generales del Estado una partida especial de 16.000 millones de euros para  hacer frente a los  gastos de la escisión de Cataluña de España y de la independencia; que el vuelo de dos aviones, en plenas maniobras militares, por alguna parte del territorio catalán, haya sido interpretada como un anuncio de esa supuesta y fantasmagórica intervención armada;  todo eso, y algo mas, constituye, para cualquier observador imparcial, un autentico disparate que hace cuatro o cinco años lo hubiéramos incluido en una fantástica novela de política ficción.

Pero lo malo es que es verdad, y que es verdad, ademas, que según ha revelado Mariano Rajoy, el presidente de la Generalitat, que es Estado de acuerdo con la Constitución, se haya permitido la osadía de amenazar y chantajear al presidente del Gobierno, anunciándole que si no le concedía el Pacto Fiscal se atuviera a las consecuencias. Intolerable decir eso por parte de Artur  Mas e intolerable escucharlo impasible por parte de Rajoy, que se dejo amenazar y no convocó inmediatamente,  después de suspender el encuentro, una rueda de prensa para denunciarlo a la opinión publica y no esperar tantos días para informar al país de una provocación que un presidente del Gobierno en la sede de la Presidencia, en el Palacio de la  Moncloa, por dignidad, no puede tolerar.

La semana, que comenzó con todos estos juegos florales y con una ofensiva informativa  en varios medios internacionales del Presidente de la Generalitat Artur Mas sobre el futuro de Cataluña, escindida de España e integrada en Europa, ha terminado, por el momento, con el “manifiesto” que ha hecho público en la sede de FAES, el think tank que controla el expresidente del Gobierno.

Jose María Aznar, en presencia del  Premio Nobel de Literatura MarioVargas Llosa y del presidente del Gobierno Mariano Rajoy, que hierático y con la mirada perdida parecía estar recibiendo una lección de quien le designó, de lo que  hay que  hacer frente al desafío catalán. Aznar, en su reaparición,  insistió  en su conocida idea de que el nacionalismo pretende romper los términos del acuerdo democrático, para buscar la secesión y el conflicto y advirtió  a los que “juegan irresponsablemente con las cosas importantes”, que España “sólo podría romperse si Cataluña sufriera antes su propia ruptura como sociedad, como cultura y como tradición” . Tras asegurar que la deslealtad debe pagarla “quien es desleal”, el expresidente ha afirmado que es “indispensable reconstruir desde su base un proyecto nacional real”, que devuelva el país al camino del progreso.Y lo que es mas importante: hay que reformar el modelo de Estado para “reafirmar los principios de la España constitucional” y le  toca al Gobierno garantizar la integridad de los principios constitucionales, “articular voluntades a favor de la convivencia” y “preservar los derechos de todos los ciudadanos”.

Horas más tarde, Rajoy le contestaba a Aznar por persona interpuesta: por la diputada catalana y cabeza  de lista del Partido Popular en  las elecciones del 25 de Noviembre, Alicia Sánchez Camacho, que presentada por el presidente del Gobierno en un desayuno político en Madrid se  desmarcaba de la reforma del Estado auspiciada  por Aznar y suavizaba el discurso  del expresidente, afirmando que “no se debe abordar una reforma competencial, sino evitar duplicidades, encardinar un modelo de financiación más equilibrado y abordar  una “revisión y modernización del Estado autonómico”.

Mientras Aznar pedía reformas en el modelo de Estado, Rajoy huía de esas propuestas para insistir que había que fomentar el dialogo y la voluntad de acuerdo.Lo que no ha explicado hasta ahora el presidente del Gobierno es como se va a desarrollar ese dialogo; que  plan existe para hacer frente a esa ofensiva nacionalista; que papel están jugando las grandes empresas con sus principales intereses comerciales en el resto de España; que  tipo de estrategia  se esta diseñando para la información de los medios como se hizo durante la transición sin dividir a les medios entre adictos y enemigos; que contactos se están llevando a cabo con el resto de las fuerzas políticas para intentar un mínimo consenso que nos salve de esa comedia de enredo que estamos viviendo. Porque como dejemos solo a Mariano, estamos listos…